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¿Por qué uso el reloj de un ministro de México?

BBC Mundo BBC Mundo 12/06/2014 BBC Mundo
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Llevo puesto el reloj del ministro de Educación. Es rectangular y automático, de acero inoxidable, con una gruesa correa negra, de fondo celeste y manecillas de puntas anaranjadas.

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Ciertamente una reliquia de la década de 1970, lo encontré en un mercado callejero que ya no existe, cerca de mi apartamento, y se lo compré a un vendedor de relojes de segunda mano por unos US$65.

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Encontrar y restaurar viejos relojes es uno de mis pasatiempos, y he comprado relojes como recuerdos de los varios países de América Latina en los que he vivido. Este es mi reloj mexicano.

La razón por la cual sé que perteneció al ministro de Educación es un grabado en la parte de atrás: "A nuestro amigo, Emilio Chuayffet Chemor". Está fechada el "19 de julio de 1974" y firmada por "Lucero y Polo".

El reloj que alguna vez fue de Emilio Chuayffet

Cuando compré el reloj, poco después de llegar a México, en 2011, no pensé demasiado en la inscripción.

Me pareció un bonito detalle que le daba carácter. Para mi vergüenza, yo no sabía quién era Emilio Chuayffet: en ese entonces, presidente de la Cámara de Diputados.

México tiene los peores resultados en educación de todos los países examinados por la OCDE.

En el transcurso de ese año, el PRI, el partido en el que militó lealmente durante décadas, recuperó la presidencia y Chuayffet fue nombrado por el presidente como el encargado de tratar de reformar el arruinado sistema educativo del país.

No es poca cosa: México tiene los resultados más pobres en educación de todos los países examinados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE.

Los problemas son generalizados y arraigados: los maestros que pertenecen al poderoso sindicato SNTE se negaron durante años a someterse incluso a las pruebas básicas de aptitud.

Los miembros del sindicato pueden comprar y vender sus puestos como funcionarios públicos o, incluso, legarlos a sus hijos. El nepotismo, la corrupción y la ineficiencia son comunes y corrientes en las escuelas mexicanas.

Hace poco, por ejemplo, se reveló que 1.404 maestros en el estado de Hidalgo estaban todos registrados bajo al misma fecha de nacimiento, 12 diciembre de 1912, lo cual significaba que todos tenían 102 años. Entretanto, 70 maestros ganan más dinero que el presidente.

Sin embargo, recientemente, Chuayffet ha tenido que lidiar con otro problema. La prensa ha estado llena de noticias de acoso, después de que un niño de 12 años, Héctor Alejandro Méndez, murió a manos de sus compañeros de clase, en el estado de Tamaulipas, en el norte del país.

Ese día, como de costumbre, Héctor fue a la Escuela General Secundaria Número 7 en Ciudad Victoria, pero durante la última clase del día -que terminó siendo la última de su vida- varios muchachos empezaron a hostigarlo, aparentemente sin que el maestro interviniera.

En el patio de recreo, después de clase, los insultos verbales se tornaron violentos. Los estudiantes agarraron a Héctor Alejandro y los sometieron a lo que llaman "el columpio".

Lo levantaron de las manos y los pies y lo mecieron contra una pared repetidamente, la cabeza golpeando los ladrillos una y otra vez. Cuando perdió la conciencia, los muchachos salieron corriendo. Sus padres sostienen que permaneció tendido varios minutos sin recibir atención médica.

Ese lapso fue crucial, pues había sufrido una hemorragia craneal. Eventualmente llevado de urgencia al hospital. Después de varias horas en coma, lo declararon muerto en la madrugada, mientras su desesperada madre, Rebeca, entre las lágrimas y la confusión, daba declaraciones a los medios que esperaban afuera.

Desde entonces, cada día han surgido más ejemplos de violencia extrema por el acoso descubierto en las escuelas mexicanas. Tantos, que le presidente Enrique Peña Nieto, en una visita a Tamaulipas admitió que "lamentablemente, este no es un caso aislado".

Con un gesto de la cabeza dirigido a un pensativo Chuayffet, el presidente dijo que ordenó a su ministro de Educación "definir el modelo educativo de todo el país" y "combatir el acoso" en las escuelas.

Ese "modelo educativo" implica una reforma total que, se le abona, el gobierno ha logrado aprobar en el Congreso.

A pesar de que se aseguró que se empezaría a someter a los maestros a evaluaciones habituales, a normalizar los estándares y a mejorar la disciplina de manera global, poco ha cambiado hasta la fecha.

Las reformas se encuentran enmarañadas en una disputa con el segundo sindicato de maestros en el país y las continuas protestas, paros y huelgas significan que a la mayoría de los escolares en México no les está yendo mejor que hace tres años.

Desde que me di cuenta de que en mi muñeca cargo el reloj que lleva su nombre todos los días, he querido preguntarle al ministro Chuayffet sobre ese objeto personal olvidado hace tiempo y que terminó en mis manos.

¿Lo perdió? ¿Se lo robaron? ¿Lo empeñó una vez que no tenía dinero? Tal vez se enemistó con Lucero y Polo después de 1974 y decidió vender el regalo con dedicación al mejor postor.

Cualquiera que sea la historia, mis solicitudes para una entrevista con el señor ministro no han sido contestadas.

Mientras tanto, pienso conservar su reloj de fondo celeste vivo. En cuanto a sus reformas del sistema educativo mexicano, el reloj sigue descontando lo que le queda en el cargo: ahí también se le está acabando el tiempo.

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