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¿Quién desgobierna en Libia?

EL PAÍS EL PAÍS 05/06/2014 Javier Casqueiro

La Cruz Roja Internacional ha suspendido sus actividades en Libia tras el asesinato ayer de uno de sus delegados en el golfo petrolífero de Sirte. El Tribunal Supremo ha determinado este jueves que la elección hace un par de semanas del actual primer ministro interino, Ahmed Maitiq, fue ilegal, cuando él ya se había apresurado a tomar posesión en la sede del Gobierno. Ahora debe esperar a que se pronuncie el lunes la alta corte sobre el recurso tramitado por su equipo contra esa decisión mientras el anterior jefe del Ejecutivo, que había querido dejar el cargo en mayo al sentirse amenazado, intenta retomar ahora la agenda, los viajes y el poder sin ninguna autoridad real. Esta mañana cuatro miembros de la ONU han denunciado un trato brutal en el aeropuerto de Trípoli. Y mientras siguen los secuestros e intentos de asesinatos y el general renegado que amenazó con un golpe de Estado hace diez días, e intenta periódicamente bombardear Bengasi, sufrió ayer mismo un atentado en el que fallecieron cuatro de sus colaboradores.

Son algunas de las noticias más relevantes que han sucedido en las últimas 24 horas en Libia. Solo una selección. Habría más. Por ejemplo que se está produciendo una auténtica desbandada de funcionarios internacionales, observadores extranjeros y diplomáticos de varios países que están dejando sus trabajos y cerrando legaciones, en muchos casos de manera discreta.Y que sus superiores les han indicado que no tengan prisa por volver a sus puestos hasta que el escenario se aclare un poco.

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El Gobierno de los Estados Unidos hace días que tiene apostados en la base siciliana de Sigonella a más de 250 marines pero también ha traslado a la zona a una nave militar por si hay que proceder a una evacuación de urgencia. El país vive a diario una situación explosiva y de descontrol, en una espiral que no parece tener fin.

La Cruz Roja, por ahora, no ha dejado el país pero sí ha paralizado de hecho su actividad hasta que se explique un poco mejor el propio suceso confuso que acabó con la vida el miércoles de uno de sus empleados. La dirección de la Cruz Roja Internacional (CICR) se reunió hoy en Ginebra, montó una célula de crisis y sigue en contacto permanente con su personal sobre el terreno. En Libia había ahora unos 150 empleados de Cruz Roja. Las primeras informaciones precisan que los tres trabajadores locales de Cruz Roja habían acudido a Sirte, en el golfo petrolífero de Es Sider, a mantener una reunión y que volvían ya hacia Trípoli.

En Sirte, por cierto, la actividad de los pozos de petróleo ha caído a tal nivel que ya hay autoridades del sector que se plantean el cierre total de un suministro básico para el penoso funcionamiento del país. Hace tres años, cuando aún no había caído el régimen de Gadafi, en Libia se llegaban a producir 1.500.000 barriles diarios. Hace unas semanas no llegaban a 200.000 y siguen bajando.

Este descontrol de violencia vive parejo al barullo político con el que el país pretende enfrentarse en 20 días a unas teóricas elecciones generales

El coche en el que viajaban los empleados de la Cruz Roja, que no portaba el distintivo de la organización humanitaria, fue ametrallado. Los tres ocupantes resultaron heridos y trasladados a un hospital. Y fue allí donde el jefe de Cruz Roja en Libia, Michel Greub, de 42 años y nacionalidad suiza, falleció tras haber encajado tiros en la cabeza y el pecho.

Este suceso, condenado inmediatamente por toda la comunidad internacional, incluido el Ministerio de Asuntos Exteriores español, ha sido el más relevante de las últimas horas, pero ha habido más. El jefe de la misión de Naciones Unidas en Libia, Tarek Metri, convocó hoy mismo a la prensa en Trípoli para denunciar que una brigada de seguridad del aeropuerto de la capital había retenido a cuatro empleados de nacionalidad extranjera de la ONU y que los mismos habían sido "tratados con brutalidad". No precisó más. Eso sí, Metri denunció que esa acción era "inaceptable" porque los empleados de Naciones Unidas disponen de "inmunidad". Otras fuentes explican que los retenidos fueron considerados sospechosos de traficar con armas desde Al Baida (al este del país) hasta Trípoli. La organización matizó que sus empleados tienen permiso para llevar armas del Ministerio del Interior y que estaban en una misión de trabajo.

En esta misma semana se han producido más incidentes y casos de violencia. Ayer mismo se difundieron también noticias del secuestro por un grupo de armados en un barrio al este de Trípoli, en Al Falah, de un diputado independiente, Abu Baker, de 69 años, cuando se encaminaba a su trabajo. En el mismo día en que trascendió la liberación del hijo secuestrado de otro diputado.

El propio general renegado Jalifa Hifter, que protagonizó hace dos semanas el intento de asalto al Parlamento y que ha desplegado varios ataques pesados contra las milicias islamistas más radicales asentadas hace tiempo en la zona de Bengasi, fue víctima ayer de un atentado. Murieron cuatro de sus colaboradores y él prometió desde su campamento general en su villa natal de Marj una respuesta contundente.

Este descontrol de violencia vive parejo al barullo político con el que el país pretende enfrentarse en 20 días a unas teóricas elecciones generales. El Tribunal Supremo ha decidido este jueves que la surrealista elección que se montó a mediados de mayo del hasta ahora primer ministro interino, Ahmed Maitiq, debe considerarse ilegal. Maitiq aprovechó entonces otro momento de caos, cuando el anterior primer ministro había avanzado que quería dejar el cargo al sentir que su familia estaba siendo amenazada, para reunir al Parlamento y provocar una votación que muchos cuestionaron porque no concitó ni la mitad de los 200 diputados teóricos de la cámara, que se suelen reunir cuando pueden y suman suficiente quórum en un hotel de lujo de la capital.

Pero durante muchos días ambos han cogido sus propios bastones de mando, han hecho promesas y han intentado gobernar este caos al mismo tiempo. El martes pasado, por ejemplo, Al Maitiq citó a su gobierno en las oficinas preparadas para su Gabinete, a las que entró con la ayuda de fuerzas de seguridad y cuando su predecesor había dejado esas salas para mudarse a otro edificio oficial. Este jueves, en pleno debate del Tribunal Supremo sobre quién es el presidente legítimo, el otro primer ministro, Abdulá Al Thinni, se ha trasladado hacia Bengasi para celebrar varias reuniones oficiales y con representantes de las supuestas fuerzas armadas para comprobar sobre el terreno los daños que la violencia y el desbarajuste están provocando sobre la zona más castigada del país.

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