Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

¿Quién teme al internet feroz?

El Mundo El Mundo 14/06/2014 VICENTE LOZANO

El primer y gran derecho del consumidor es adquirir un producto cuándo y cómo quiera, mediante un método fiable y al precio más asequible posible. Lo demás es añadido. Pues internet pone a tiro esta posibilidad como nunca antes en la Historia. Es una anécdota personal pero explica a la perfección en qué mundo nos movemos. El año pasado, mi hija mayor -12 años tenía entonces- nos pidió un iPhone. Le preguntamos cuánto tenía ahorrado y me dijo que 150 euros. Le propusimos que si lo encontraba por ese precio lo podía comprar, pensando que no lo conseguiría. Pero no tardó ni tres horas: había visto un iPhone 3 nuevo en Amazon, por 156 euros. Tuvimos que cumplir la promesa. El móvil llegó a casa dos semanas después -7 euros de gastos de envío- en un paquete, en perfecto estado, con la caja de Apple precintada, ¡desde Singapur! Por supuesto, este año mi hija pequeña ha repetido la operación.

Uber, la aplicación on line que pone en contacto a conductores con ciudadanos que quieren trasladarse, ha provocado una fuerte protesta en toda Europa por parte de los taxistas. Con toda la razón del mundo, sienten amenazado su negocio ante un nuevo sistema de transporte en las ciudades. Pero se trata de una forma de moverse por la ciudad que, si funciona, puede ser mucho más conveniente para el ciudadano: tiene acceso a otro sistema que compite con el taxi y, por lo tanto, provoca un mejor servicio y un descenso de los precios. De nuevo, el consumidor sale beneficiado gracias a internet, aunque la Red perjudique a quienes hasta ahora explotaban ese servicio en un régimen cerrado a la competencia porque está sujeto a que la Administración conceda los permisos pertinentes para ejercer.

Amazon, Uber, el videoclub digital Netflix y el servicio de música Spotify, el gigante Google -capaz de ofrecer casi todos esos productos a la vez- y tantos otros que funcionan por el mundo han nacido para solucionar problemas al ciudadano. Todos han crecido exponencialmente en los últimos años y han acumulado millones de usuarios en los países en los que se han implantado.

¿Por qué? Porque estos servicios facilitan y abaratan la vida como no se había visto antes. Seguro que a una tienda de telefonía o a unos grandes almacenes no les hace ninguna gracia que Amazon -o cualquier otra- ofrezca estas posibilidades casi ilimitadas a la sociedad. Los videoclubs digitales o los servicios de descarga de música han conseguido que la industria del ocio sea mucho más asequible para todos. ¿Quién teme, pues, este avance imparable de la economía digital? Desde luego, no los ciudadanos, que son los grandes beneficiados por estos avances. Deben tener miedo los intermediarios que no se adapten a los nuevos tiempos. Muchos de ellos ya lo han hecho y compiten con éxito con las compañías de internet.

Ni qué decir tiene que todas estas empresas digitales deben cumplir con todas las obligaciones legales y tributarias. Pero internet ha llegado para quedarse. También en la enseñanza, la medicina, la Justicia, los servicios sociales, la política... Y las autoridades deberían ser las primeras interesadas en apoyar su desarrollo con medidas legislativas y tributarias, porque es bueno para el conjunto de la sociedad. Aunque algunos no sobrevivan al tsunami digital.

@vicentelozano

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más el El Mundo

image beaconimage beaconimage beacon