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¿Se acabó la Marca España?

EL PAÍS EL PAÍS 15/06/2014 Carlos Boyero

Alguien especializado en sacar de vez en cuando a la luz las muy oscuras miserias del fútbol (lo que puede, lo que le dejan, es muy complicado encontrar pruebas de delito en un negocio suntuoso y turbio que se sabe eternamente utilizado y protegido por el poder político) me hablaba con fascinación de la estrategia comunicativa y el lema machacón que ha impuesto un hombre en posesión de tanto cerebro como cinismo sobre el club para el que trabaja cada vez que los jugadores, directivos, periodistas en nómina, abren su boca en público para testimoniar lo que representa ese equipo de futbol. Repiten cansinamente y sin sombra de duda: “Todo el mundo sabe que somos el mejor club del mundo”. Esa concepción maximalista sobre la incontestable grandeza y la innegociable superioridad de la empresa a la que representan y que les paga de una forma u otra, repetida hasta la náusea, tiene la misión de que millones de perdedores ancestrales y cotidianos del planeta se autoconvenzan de que existe algo suyo que siempre gana, puedan sentirse más importantes que el vecino, crean formar parte de una élite terrenal.

No sé qué agencia publicitaria se inventó eso que casi siempre resulta tan grotesco llamado la Marca España, ni los gloriosos emolumentos que facturaron por su metafísico invento, pero los políticos de cualquier parroquia que hayan pillado el poder durante una época se han desgañitado proclamando el orgullo que sienten los españoles de bien ante las hazañas de esa marca que nos representa a todos, incluidos los afligidos de toda condición, pero fundamentalmente de clase media y baja.

Y, cómo no, las impresionantes gestas de la selección española de fútbol fueron el principal símbolo de que, a falta de pan, la seguridad de que somos los mejores del universo en algo también consuela y alimenta cantidad. Zapatero se tiró el rollo con la invencible selección española y Rajoy ha seguido abusando con la matraca de que esas gestas pertenecen a la colectividad. Imagino que calculaban al milímetro los votos que les aportaría cada campeonato que conquistara la selección. Después del desastre con Holanda imagino que los de siempre saldrán de estampida, intentando que no les relacionen con ese amor colectivo, con esa Marca España que explotaron hasta provocar el sonrojo ajeno. Ojalá que la selección se recupere del primer naufragio, pero si no fuera así, los que abominamos de marcas y coartadas, siempre les agradeceremos el placer que nos dieron.

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