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¿Te comerías un plátano transgénico a cambio de 900 dólares?

El Confidencial El Confidencial 24/02/2016 Rocío P. Benavente

Imagina ganar 900 dólares a cambio de una tarea fácil, corta y nada pesada. De hecho, puede que la disfrutes: consiste en comer plátanos. En total, porciones equivalentes a tres plátanos. Parte de ellas serán un poco más anaranjadas porque provendrán de plátanos transgénicos. ¿Te apuntas?

Una docena de estudiantes de Iowa han respondido que sí a esa pregunta. Científicos de la Universidad de ese estado están avanzando en la investigación sobre una variedad genéticamente modificada de plátano y han llegado a la fase de pruebas en humanos. Para ello, han buscado a doce voluntarios para que se coman tres plátanos, uno de ellos transgénicos, y a continuación se sometan a controles médicos. A cambio, les recompensarán con 900 dólares a cada uno. 

Según la normativa estadounidense, establecida por la FDA (Food and Drug Administration), la seguridad de los OGM se establece al demostrar que tienen unos niveles similares de nutrientes y de toxinas que los cultivos tradicionales.

La noticia, que publicaba hace unos días el diario local The Des Moines Register, no está libre de polémica debido a la oposición algunos grupos al consumo de productos transgénicos. En este caso en concreto, algunos activistas enviaron una petición pidiendo que se detuviese el proyecto. "Están pidiendo a estudiantes de la Universidad que sean los primeros en consumir un producto cuya seguridad es desconocida". Los responsables del estudio han confirmado que las pruebas seguirán adelante y que se publicarán más detalles al respecto antes de que empiecen.

"Difícil y caro" hacer las pruebas en Europa

Para comercializar una nueva variedad para consumo humano, la legislación exige que se haya probado anteriormente en personas, pero la legislación europea es especialmente estricta al respecto y por eso realizar esas pruebas dentro de Europa es "extremadamente complicado y caro", asegura J. M. Mulet, biotecnólogo y divulgador científico, que señala como ejemplo el trigo apto celíacos desarrollado por científicos españoles pero que está pasando las últimas pruebas de seguridad en Estados Unidos. "Aquí se realizan otras pruebas, muchas en animales, pero los científicos y las empresas que las realizan prefieren no darlo a conocer porque han sufrido ataques en el pasado".

En el caso de los plátanos transgénicos que está probando la Universidad Estatal de Iowa, se trata de una variedad desarrollada por científicos de la Universidad Tecnológica de Queensland, en Australia, con financiación de la Fundación Bill y Melinda Gates. Lo que los científicos hicieron fue introducir en la ya conocida como Super Banana un gen de otra variedad que promueve la producción de beta-caroteno (de ahí el color anaranjado), un precursor de la vitamina A. La idea es que esta variedad pueda consumirse en lugares donde la dieta no favorece la ingesta de suficiente de beta-carotenos, causando en la población una carencia de vitamina A y problemas de salud relacionados, especialmente con la vista.

Arroz, naranjas, yuca o plátanos dorados

Se trata de un desarrollo similar al del conocido como arroz dorado, una variedad presentada en el año 2000 y que nació con la idea de mejorar este aspecto de la nutrición en lugares del mundo donde el arroz es la principal fuente de alimento. En 2005 se presentó la segunda versión, que aumentaba en unas 23 veces la cantidad de beta-caroteno de la original. "El arroz se llevó toda la fama, pero mientras tanto se han creado frutas y cereales con la misma mejora", explica Mulet. Naranjas, maíz, yuca... Todos creados para mejorar la nutrición en lugares donde la dieta es limitada.

Forman parte de una próxima generación de transgénicos, llamados biofortificados. Explica Mulet que, por meros motivos técnicos, los primeros transgénicos viables habían sido modificados para ser resistentes a virus, a bacterias, a herbicidas... "Es una cuestión de dificultad. Para que un cultivo resista a un parásito, por ejemplo, solo es necesario modificar un gen que se encarga de expresar la proteína tóxica para el parásito. Es relativamente fácil".

En cambio, para que un plátano tenga más beta-caroteno, el proceso es más complejo. Solamente que el compuesto se encuentre en el la parte comestible de la variedad (en el fruto y no en la hoja, por ejemplo) ya es un desafío técnico. A pesar de ello, Mulet no duda de que es cuestión de tiempo que sean una realidad cotidiana. Eso sí, cuando lleguen a UE, probablemente lo harán como productos importados, y no producidos en territorio europeo.

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