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¿Y después de Garoña? Cómo se procesan los residuos nucleares en España

El Confidencial El Confidencial 12/04/2016 R. Pérez

La central nuclear Santa María de Garoña paró su actividad el 16 de diciembre de 2012 después de 42 años operativa. Propiedad al 50% entre Iberdrola y Endesa, lleva ya más de 3 años parada, pero sigue ocupando titulares. Este lunes sabíamos por 'El Diario' que, a pesar de la petición de los propietarios de que sea reactivada y se mantenga en marcha hasta 2031, esto es poco probable. "No es tanto nuclear sí o nuclear no, sino si es segura o no, o si es eficiente o no", decía Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola.

El cierre de centrales nucleares, y su posterior desmantelamiento, trae consigo la problemática de gestionar los residuos radiactivos de alta actividad que se producen durante el funcionamiento de una central, básicamente el combustible empleado en los reactores y otros materiales con niveles elevados de radiactividad. 

Manifestaciones de Greenpeace en 2014 pedían que no se reabriese la central de Garoña (EFE) © Proporcionado por El Confidencial Manifestaciones de Greenpeace en 2014 pedían que no se reabriese la central de Garoña (EFE)

Más allá del debate político y económico, se trata de una cuestión científica, en la que se debe conocer y controlar el proceso de descomposición de esos recursos para evitar un problema medioambiental y de salud de la población. 

¿Por qué se produce la radiactividad?

Para entender qué es la radiación, hay que recordar que el núcleo de los átomos de cualquier material estable está compuesto por una serie de protones y neutrones, tradicionalmente el mismo número de unos que de otros. Cuando la relación entre ambos no es la adecuada, el núcleo del átomo será inestable y perderá de forma espontánea esas partículas hasta llegar la estabilidad, emitiendo radiación por el camino. Así se transforma en otro núcleo distinto que puede ser también inestable y por tanto radiactivo, o estable y detener así la radiación.

La radiactividad es por tanto la característica que tienen los núcleos inestables de emitir radiaciones ionizantes, un tipo de radiación que tiene la energía suficiente para arrancar electrones a los átomos del medio que atraviesan, provocando cambios físico-químicos y estructurales en el mismo. No se encuentran solo en las centrales nucleares: la mayoría de las radiaciones provienen del sol y de elementos presentes de forma natural en la corteza terrestre. 

Pero la actividad de las centrales nucleares es una importante fuente de radiactividad, y tiene como resultado una serie de residuos que deben ser gestionados de forma especialmente rigurosa para evitar filtraciones, contaminaciones y efectos sobre la salud en la población. Existen distintos tipos de residuos, según su actividad radiactiva: los de baja y media actividad, que pueden ser herramientas o ropas de trabajo utilizados en hospitales, algunas industrias y centrales, emiten radiaciones con poca capacidad de penetración y tienen un periodo de semidesintegración de 30 años; y los de alta actividad, que son los combustibles y otros materiales, con radiaciones de alta penetración y más de 30 años para semidesintegrarse.

El almacén de El Cabril

España cuenta con un plan general de residuos radiactivos que ejecuta ENRESA, la empresa estatal de residuos nucleares. Los residuos de baja y media actividad generados en todo el país se recogen y se transportan al almacén de El Cabril, en la provincia de Córdoba. Allí se clasifican y almacenan en contenedores de hormigón fabricados a prueba de terremoto, y se guardan en enormes naves. Recibe al año más de 1.000 metros cúbicos de residuos, el 95% de centrales nucleares y el resto de hospitales, laboratorios y universidades. 

El almacén de El Cabril (Foto: Foro Nuclear) © Proporcionado por El Confidencial El almacén de El Cabril (Foto: Foro Nuclear)

Se calcula que el almacén estará lleno en 2030. El plan para entonces es cubrirlo todo con tierra y repoblarlo con vegetación. La estructura de hormigón que quedará debajo está diseñada para resistir terremotos de grado 8 en la escala de Richter. Se pondrá en marcha un programa de vigilancia y control durante un plazo de 300 años para asegurar que no se produce ninguna intrusión en ese tiempo, cuando ya no quede radiactividad en los residuos. 

El combustible y el ATC

En cuanto al combustible de las centrales, éste tiene forma de pastillas cilíndricas de cerámica colocadas dentro de tubos de circonio. Antes de entrar en el reactor, está constituido únicamente por óxido de uranio, pero dentro, debido a los procesos de captura de neutrones y de fisión nuclear a los que está sometido, se transforma en diversos productos de fisión, uranio enriquecido, plutonio y otros materiales. 

Este combustible ya gastado tiene el mismo aspecto que antes, pero emite radiación de alta actividad y calor, a causa de la desintegración de sus átomos, altamente inestables. Por eso debe ser manejado con cuidado y almacenado con seguridad. En la actualidad, el combustible se almacena en las piscinas que tienen las propias centrales. Se utiliza el agua como medio de contención debido a que transmite y dispersa eficazmente el calor, lo que va enfriando las pastillas, blinda la radiación, y es fácil de conseguir y manejar.

Algunas centrales tienen también almacenes individualizados, pero el destino final del combustible es el Almacén Temporal Centralizado (ATC, popularmente conocido como cementerio nuclear), un proyecto planteado por el Gobierno en 2009 ante la necesidad de dar una solución sostenible a medio al problema de los residuos nucleares almacenados en las piscinas de las centrales, además de una serie de residuos enviados a Reino Unido y Francia en los años 70 y 80 y que por contrato tendrán que volver a ser responsabilidad española. En diciembre de 2011 se eligió el municipio conquense de Villar de Cañas como emplazamiento del futuro ATC.

El proyecto contempla crear una instalación que acoja casi 13.000 metros cúbicos de residuos, aislados con tres barreras: una cápsula de acero inoxidable, un tubo de almacenamiento también de acero y una estructura de hormigón de dos metros de grosor. La suma de las tres es impermeable a las radiaciones. Allí permanecerán durante unas seis décadas, momento en el que según los planes diseñados por el Ministerio de Industria en 2004, habrá que buscar una solución definitiva para estos residuos, así como para los de media y baja intensidad que no puedan ir ya a El Cabril. 

Esquema del AGP en Nuevo Mexico © Proporcionado por El Confidencial Esquema del AGP en Nuevo Mexico

Sería lo que se conoce como un almacén geológico profundo, una instalación especialmente construida para albergar residuos nucleares durante cientos o miles de años. De momento solo existe uno de estos almacenes en el mundo, en Nuevo México, pero se estudian ya en otros países. Deben cumplir una serie de características, tanto geológicas como geográficas, que aseguren la contención y aislamiento de los residuos, una muy lenta disipación si llegase a haber alguna fuga y la seguridad de que, en ese caso, las dosis de radiación que pudiesen llegar a las personas y el medio ambiente serán muy limitadas.

Una carísima factura nuclear

Un informe de la Unión Europea ha reconocido que los países miembros todavía tienen camino que recorrer hasta solucionar el problema abierto que supone la gestión de los residuos nucleares. En él, se estima que la UE genera al año 122.000 metros cúbicos de residuos, la mayoría de baja actividad y para los cuales los países tienen estrategias de gestión bien implementadas.

Pero en cuanto a almacenes geológicos profundos, la historia es otra. "En Europa, Finlandia, Suecia y Francia tienen los programas más avanzados, pero la mayoría de los estados miembros no tienen planes para empezar su construcción a largo plazo. Mientras tanto, se están construyendo instalaciones para el largo plazo más baratas, pero que no sirven como sustitutas de las instalaciones geológicas". 

En ese informe, la CE pone cifras a la factura nuclear: 253.000 millones de euros costará gestionar según un informe elaborado por la Comisión Europea. La suma engloba 123.000 millones para desmantelar las plantas y 130.000 para procesar el combustible gastado, los residuos radiactivos y los almacenes subterráneos. Se trata de una cifra que supera en 120.000 millones el dinero presupuestado para esa tarea. 

En el caso concreto de España, el desajuste que señala la Comisión es más que evidente. El informa calcula que serían necesarios unos 14.500 millones de euros para las tareas de desmantelamiento y gestión, mientras que los fondos previstos para esas tareas se quedan en 4.300 millones, un 29% de lo necesario. 

(Foto: Corbis) © Externa (Foto: Corbis)
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