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¿Y si gana Ghana?

EL PAÍS EL PAÍS 14/06/2014 Fernando Aramburu
El técnico Kwesi Appiah, en un entrenamiento. © CARL DE SOUZA El técnico Kwesi Appiah, en un entrenamiento.

No sería la primera vez que una boca, delante de un micrófono, insinúa, sugiere, afirma con unos asomos de rotundidad que tarde o temprano la selección de fútbol de un país africano dará la campanada en una Copa Mundial. Y, sin embargo, a la hora de las apuestas y los pronósticos, la opinión general continúa favoreciendo las opciones de ciertos equipos europeos y sudamericanos.

Ya en el Mundial de 2010, la selección de Ghana estuvo a dos dedos de convertirse en el primer equipo africano que se clasifica para una semifinal. Aquel balón repelido delante de la portería con las manos, en el último minuto de la prórroga, por el uruguayo Suárez y una infortunada tanda de penaltis lo impidieron.

De entonces acá, la Asociación Ghanesa de Fútbol no ha cesado de atender a los aspectos organizativos de su selección, la cual reúne en la actualidad una plantilla de jugadores en su mayor parte avezados a competir en ligas europeas de alto nivel, con excepción de la española. En pocas palabras, los llamados Black Stars son más fuertes y, por tanto, más peligrosos (deportivamente hablando) que hace cuatro años. De ahí a ganar un Mundial aún dista un trecho no se sabe si largo o corto, lo que no obsta para reconocer que el rumbo elegido sea el adecuado. De momento, Ghana ocupa una modesta posición (la 37ª) en la clasificación de la FIFA.

Dicen, cuentan, que sus jugadores han estado adiestrándose en la cultura de la disciplina colectiva. Fuera del campo, según declaraba no hace mucho el delantero Jordan Ayew, les sigue gustando la diversión, la música, el baile. Lo llevan en los genes. “Sobre el terreno de juego somos máquinas”, concluyó el jugador, para quien la única posibilidad de prevalecer en el difícil grupo que les ha tocado (Alemania, Portugal, Estados Unidos) pasa por la aplicación consecuente del sistema de juego que tienen ensayado y por el funcionamiento del equipo como una unidad.

El convencimiento de que nunca antes hubo en Ghana una generación de futbolistas como la actual ha suscitado la consiguiente euforia en el país africano

Sabido es que el actual entrenador, James Kwesi Appiah, se formó durante largo tiempo estudiando los entrenamientos del Manchester City. Es ghanés, lo que allana dificultades de comunicación derivadas del desconocimiento del idioma local, obstáculo al que todavía han de enfrentarse algunas selecciones africanas. A Appiah se debe el afortunado encauzamiento de las innegables aptitudes deportivas de sus jugadores en una dirección táctica unitaria. De este modo se pone coto sobre el terreno de juego a las conductas insolidarias y a la tentación del lucimiento personal.

El sistema de Ghana se cimienta, por un lado, en la conjunción del esfuerzo de centrocampistas de calidad, hombres de complexión atlética, buenos distribuidores del balón, como Essien, Muntari o Asamoah, todos ellos con contrato vigente en equipos europeos; y, por otro, en la efectividad rematadora de una delantera temible, con Boateng (que volverá a jugar contra su hermano, defensa en la selección alemana), Ayew y el goleador Gyan. El punto débil (dicen, cuentan) de Ghana habría que buscarlo en la defensa. Es razonable pensar que se adaptarán mejor que otros al calor de Brasil.

El convencimiento de que nunca antes hubo en Ghana una generación de futbolistas como la actual ha suscitado la consiguiente euforia en el país africano. Hay ambición y hay expectativas de hacer un buen papel en este Mundial. Y no porque lo digan los espíritus del bosque ni porque el equipo haya hecho acopio abundante de talismanes, sino por una combinación oportuna de fortaleza deportiva y de profesionalización en los asuntos logísticos y organizativos, a diferencia de lo sucedido hace cuatro años, con ocasión de la Copa Mundial de Sudáfrica.

En su nuevo alojamiento los jugadores apenas pudieron descansar debido a la música y el ruido de los huéspedes de un casino instalado en el vestíbulo del hotel

Entonces los jugadores amenazaron con no salir a jugar como protesta por las condiciones lamentables de su alojamiento. Durante dos días se negaron a entrenarse. Los futbolistas llegaron a encargar por su cuenta alimentos y bebida a una empresa de catering. La Asociación Ghanesa de Fútbol llegó a un acuerdo y propició el cambio de hotel. Así y todo, en su nuevo alojamiento los jugadores apenas pudieron descansar debido a la música y el ruido de los huéspedes de un casino nocturno instalado en el vestíbulo del referido hotel.

Esta vez se han hecho las cosas de acuerdo con un plan de trabajo. El equipo se concentró a finales de mayo en Holanda para llevar a cabo una preparación específica con vistas al Mundial. Algunos de los jugadores ghaneses con madera de líderes (Ayew, Boateng) han expresado públicamente su satisfacción tanto por la eficiencia de la estructura profesional de que ha sido dotada su selección como por el buen clima de camaradería que reina en el equipo. No volverán, pues, a repetirse episodios como el de hace cuatro años, cuando el centrocampista Sulley Muntari, deseoso de fardar de coche, se desplazaba en su flamante Ferrari por Sudáfrica detrás del autobús del equipo.

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