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Álex de la Iglesia, filosofía de la ciclotimia

El Mundo El Mundo 12/06/2014 MARÍA QUINTANA
© Proporcionado por elmundo.es

Las madrugadas de insomnio durante el proceso de posproducción de , llevaron a su director, Álex de la Iglesia, a escribir compulsivamente. "Hoy estoy en las cuatro o cinco horas diarias de sueño, era o volverme loco o escribir", confiesa. De tantos pensamientos y noches en vela surgió 'Recuérdame que te odie', una novela en la que el realizador se ríe de sí mismo y reflexiona sobre la búsqueda de la identidad y de los límites humanos.

Rubén Ondarra, el protagonista de la ficción, es un editor que se sumerge en un viaje físico y espiritual en busca de Bruno Kosowski, un dibujante de cómics uruguayo que le debe una cantidad nada de desdeñable de dinero. Durante esta aventura emprendida por él y Satrústegui, un sinvergüenza poeta y escritor de libros gastronómicos, los personajes esperpénticos (desde una limpiadora con las mismas facciones de Angela Lansbury a un 'portero transdimensional') se suceden una y otra vez.

"Bruno vive una constante angustia, le gustan los cuadernos en blanco. Satrústegui es todo lo contrario, hace lo que quiere sin remordimientos ni complejos, escribe siempre en la misma hoja, no quiere pasar página, esto es lo que le produce admiración al protagonista". El realizador vasco confiesa que sus personajes son una selección de sus mejores y peores momentos, "que son probablemente las equivocaciones". Explica que tiene parte de los dos personajes, de locura y de racionalidad, de perderse, dejarse llevar y encontrar el interruptor que todo lo aclara. «Mucho de lo que se cuenta en la novela me pasa a mí o a mis amigos, pongo un espejo grotesco y lo deformo. Esa ciclotimia sentimental del protagonista demuestra inmadurez pero gracias a ella consigue su objetivo. Es necesario abandonarse, no tanto a las debilidades, sino a los errores".

Si una abarrotada puerta del Sol, el luminoso de Schweppes en el edificio Capitol o sus 'satanizadas' Torres Kio fueron algunas de las localizaciones elegidas por el director en sus creaciones cinematográficas, la capital vuelve a abarcar el paisajismo emocional de sus barrocas creaciones. Las esculturas de cabezas creadas por Antonio López en la estación de Atocha, la Biblioteca Nacional o la estatua de Ramón y Cajal son algunos de los testigos del viaje de Rubén y Satrústegui que se desarrolla entre un Madrid apocalíptico, un AVE a París y las atracciones de Euro Disney.

También las situaciones más cotidianas son objeto de la ironía del creador. Desde reflexiones en un Starbucks -"colas inagotables de individuos quemando su vida, esperando que alguien les recuerde su nombre, humillados por esa nueva epidemia de la sociedad contemporánea: la amabilidad sofocante"- al claustrofóbico ambiente de un hospital -"ruedas de camilla por los pasillos, susurros de señoras angustiadas, familiares desesperados deseando fumar. El 'look' de la gente, ¿Dios, por qué se visten todos como en una película de la Transición?"-, toda influencia es poca para la mente del director.

"Ahora se les llama así: Creadores. Pandilla de subvencionados, escoria improductiva", expone el protagonista en un pasaje de la novela. El reírse de uno mismo y la autocrítica más salvaje está presente en gran parte de las páginas de la novela y la industria cinematográfica no está exenta de ellas: "Hemos sufrido durante muchísimo tiempo críticas como esa. No tenemos que huir de ellas, ni lamentarnos, tenemos que reírnos de ellas. Me apetecía precisamente que un tipo lleno de ira e irritabilidad como el protagonista dijese burradas como esa".

Unas 234 páginas después, el realizador hace balance de lo que para él ha supuesto embarcarse en este proyecto: "La confesión es el gran éxito del pensamiento cristiano, el reconocer tus pecados, abrirte a ti mismo. Una novela puede ser una especie de perdón de los pecados".

Ahora, tras finalizar el documental sobre el futbolista argentino Leo Messi, rodado en la ciudad de Rosario, Álex de la Iglesia se embarca en un nuevo proyecto cinematográfico junto a la que es casi como su otra mitad profesional, el guionista Jorge Guericaecheverría. "Estoy escribiendo un musical. Como siempre hay una trampa, no es como imagináis, es una comedia con intención de ser muy divertida".

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