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Árboles y plantas reconquistan el asfalto

EL PAÍS EL PAÍS 18/06/2014 Nacho Meneses
Hundertwasser-haus, Viena. Sus creadores la definieron como una casa en armonía con la naturaleza. © Proporcionado por ElPais Hundertwasser-haus, Viena. Sus creadores la definieron como una casa en armonía con la naturaleza.

Imaginen una ciudad que, vista desde arriba, ofrece el colorido de un gigantesco mosaico verde. Un lugar donde los tejados albergan jardines que hacen la vida acogedora, donde la naturaleza no es la excepción en un mar de cemento ni algo reservado para excursiones de fin de semana, con los niños y la tartera. Ahora imaginen una ciudad vista desde abajo, donde los bosques surgen del asfalto y suben sin miedo hasta tocar el cielo. Imaginen, por qué no, una gran urbe como Chicago enverdeciendo sus azoteas, un aeropuerto berlinés transformado en parque o una antigua vía de ferrocarril elevado convertida en el eje verde más in de la Gran Manzana. ¿Utopía ecologista o realidad?

Los espacios verdes no solo actúan de filtro contra la contaminación: además reducen la tensión y la fatiga

Las torres del Bosco Verticale, de Stefano Boeri Architects, son un sueño de sostenibilidad que busca compensar los alarmantes niveles de contaminación en el centro de Milán. Con 76 y 110 metros de altura, más de 900 árboles, 11.000 plantas y 5.000 arbustos que formarán su piel exterior, constituye un auténtico ecosistema natural que servirá de aislante térmico, ayudando a mantener los espacios interiores frescos en verano y cálidos en invierno, ahorrará energía, filtrará el polvo de la ciudad y protegerá de la contaminación acústica a sus habitantes. Además, absorberá dióxido de carbono y verterá oxígeno a la atmósfera y a las viviendas próximas.

La cobertura verde de cada torre equivale a 10.000 metros cuadrados de bosque. Es el primero de su clase, pero no será el único en pretender combinar los crecientes desafíos del desarrollo urbano con la regeneración del entorno natural: en Singapur, los 31 pisos de la Scotts Tower, de UNStudio, incluirán espacios recreativos como parques, restaurantes y piscinas, y estarán coronados por un jardín sostenible en su azotea.

En la ciudad china de Shenzhen, el estudio francobelga Vincent Callebaut Architects ha imaginado un conjunto de seis rascacielos –farmscrapers– cuyas 111 plantas, diseñadas como burbujas transparentes, contendrían un jardín suspendido en el exterior y una mezcla de espacios residenciales, oficinas y áreas recreativas, completando un ecosistema con turbinas de viento, reciclaje de agua y paneles solares que, de momento, son solo un prototipo. Toda una gama de opciones para gozar de la naturaleza sin salir de casa, aunque sus elevados costes no los conviertan en una opción muy democrática: el Bosco Verticale tiene un presupuesto total de 65 millones de euros, y ninguna de las viviendas de las Scotts Tower baja de los dos millones de dólares “antes del descuento” que la promotora anuncia en su web.

La OMS recomienda de 10 a 15 metros cuadrados de superficie verde por habitante

La revolución verde, sin embargo, puede y debe estar al alcance de todos. En Manhattan, la última sensación urbanística no ha sido un gigante de acero, sino el High Line, una antigua vía de tren que cerró en 1980 y que reabrió en 2009 reconvertida en parque urbano, gracias al esfuerzo de la asociación Amigos del High Line, donaciones privadas y la ayuda de las autoridades locales. Ubicado en el Lower West Side e inspirado en un proyecto similar en París, los tres tramos de este parque lineal cuya finalización está prevista para otoño de 2014 albergan 210 especies de plantas, atractivas vistas del río Hudson y de la ciudad, puestos de comida y diversos proyectos artísticos que lo han convertido en un imán para turistas y residentes.

El High Line es, según Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York cuando se puso en marcha el proyecto, “un apreciado oasis vecinal, un claro generador de actividad económica para toda la ciudad y un icono reconocido para proyectistas, diseñadores y líderes de todo el mundo”. No es, sin embargo, el único espacio de la ciudad de los rascacielos que ha sido transformado para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos: el Hudson River Park y el Brooklyn Bridge Park eran dos viejos muelles que hoy viven su propio renacimiento verde.

Sin movernos de Estados Unidos, el estudio NBBJ ha diseñado en el centro de Seattle el nuevo cuartel general de Amazon, un espectacular conjunto de tres esferas de cristal y acero que albergarán “espacios flexibles de trabajo” y más de 6.000 metros cuadrados de zonas verdes abiertas al público, un parque para perros e incluso un carril bici. El complejo, que se completará con tres edificios de oficinas de 38 plantas, ya ha comenzado a construirse y se espera que esté terminado en 2016. Son motivos suficientes para sentirse optimista en un país cuyas ciudades pierden, por otra parte, cuatro millones de árboles al año.

Y los ejemplos continúan en urbes como Madrid, donde el eje vertebrador que es Madrid Río ha recuperado zonas y unido barrios que antes apenas se relacionaban, o Berlín, con la apertura al público del antiguo aeropuerto de la ciudad. Cerrado en 2008, Tempelhofer Park es hoy un inmenso parque que alberga seis kilómetros para correr, montar en bici o en patines y varias zonas de picnic.

En nombre del progreso, las ciudades se han desarrollado relegando los espacios verdes a algo casi anecdótico. Y sin embargo, Enric Pol, psicólogo ambiental de la Universidad Autónoma de Barcelona, señala: “Ese parque que tenemos a cinco o diez minutos de casa, al que vamos con los niños, es de vital importancia para mantener el tejido social, para relacionarse de una manera espontánea con los demás. Uno de los problemas de la sociedad es que hemos ido reduciendo nuestras interacciones no previstas y las hemos limitado alrededor del único núcleo que nos concentra: el trabajo”.

Pero afortunadamente el progreso empieza a entenderse de una manera muy diferente. Río de Janeiro acaba de demoler una autopista aérea para devolver esa zona a los ciudadanos, San Francisco hizo lo propio con una doble vía costera que quedó dañada por el terremoto de 1989 y la ciudad de Seúl construyó en 2003 el parque Cheonggyecheon, antes autopista.

La naturaleza gana

La Organización Mundial de la Salud recomienda de 10 a 15 metros cuadrados de superficies verdes por habitante, pero estamos aún muy lejos de ese objetivo. Para Ismael Caballero, ingeniero civil especializado en arquitectura bioclimática, “los arquitectos urbanistas dan más valor a concentrar el mayor número de personas e integrar el máximo posible de comercios para generar riqueza económica, aunque esto haga crecer las enfermedades y perder calidad de vida”.

Hudson River Park, Nueva York. El antiguo muelle es ahora un gran espacio verde

La naturaleza va poco a poco recobrando los espacios que le pertenecen, en forma de nuevos parques, de espacios reciclados y coronando los propios edificios, como en los llamados techos verdes, que hoy representan el 10% de los tejados en Alemania y generan beneficios muy similares al de rascacielos ecológicos como el Bosco Verticale de Milán. En Estados Unidos, el Ayuntamiento de Chicago y la Academia de las Ciencias de California ya los han incorporado a sus instalaciones y en México DF la azotea del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) consta de 5.000 metros cuadrados e incluye hasta un espacio para practicar yoga. En Europa, la Federación de Asociaciones de Techos Verdes (EFB) promueve el uso de tejados y fachadas verdes en sus países miembros (Alemania, Italia, Austria, Hungría, Holanda, Suiza, Suecia, Noruega, Bélgica, Polonia, República Checa y Reino Unido). La ciudad austriaca de Linz subvenciona a los constructores que los instalen.

Aunque cortos, vamos dando pasos en esta dirección. Pero hay que hacer más. Los espacios verdes actúan de filtro contra la contaminación, regulan el intercambio de aire, calor y humedad, y reducen la tensión y la fatiga, entre otros aspectos. “Se ha demostrado que las personas que trabajan en oficinas cuyas ventanas dan a jardines o parques con vegetación abundante tienen un 73% menos de depresión”, sostiene Caballero. ¿El futuro? Nada es descartable, puede que incluso veamos parques subterráneos como el Low Line en Manhattan, un innovador proyecto de Dan Barasch y James Ramsey para una estación de trolebús abandonada hace 60 años a la que llegaría la luz solar a través de fibra óptica. Aunque aún busca financiación, su objetivo es convertirse en realidad en 2018.

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