Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

“Don Felipe será un rey distinto: tendrá la legitimidad dinástica y la democrática”

EL PAÍS EL PAÍS 03/06/2014 Vera Gutiérrez Calvo
Francisco Rubio Llorente. © Bernardo Pérez Francisco Rubio Llorente.

Francisco Rubio Llorente (Berlanga, Badajoz, 1930) fue magistrado y vicepresidente del Tribunal Constitucional, y presidente del Consejo de Estado. Catedrático de Derecho Constitucional, participó como asesor en los debates constitucionales de 1978. Atiende a EL PAÍS por teléfono, poco después de anunciarse la abdicación del Rey.

Pregunta. ¿Se lo esperaba? ¿Cree que este es un buen momento?

Respuesta. No me lo esperaba, pero no me ha sorprendido. Yo no creo que tenga nada que ver con el resultado de las elecciones europeas. Creo que la decisión se debe a razones, por decirlo así, endógenas. El Rey ha tomado su decisión en función de la situación de la Corona, no en función de la situación de los partidos políticos.

P. ¿La situación de la Corona es que cada día está más cuestionada, según las encuestas?

R. Creo que por una parte hay, efectivamente, que la Casa Real ha visto su imagen deteriorada como consecuencia de los escándalos de Urdangarin y de la desafortunada expedición cinegética de hace unos años. Eso por una parte. Por otra, la salud del Rey se ha deteriorado mucho en los últimos tiempos. Él ha hecho un sacrificio importante en estos últimos viajes, operado de las dos caderas. Por tanto veo dos razones: una institucional y otra personal.

P. ¿No ha influido la pérdida de apoyo de los dos grandes partidos, PP y PSOE? ¿Su debilidad podía poner en riesgo en un futuro el consenso a la hora de conducir la sucesión?

R. Sinceramente, creo que no. Es verdad que las últimas elecciones parecen apuntar a una crisis del bipartidismo. Pero, en primer lugar, ese apunte se produce en unas elecciones europeas, que son unas elecciones atípicas. Y, en segundo lugar, aunque se consolidara una disminución del apoyo a esos dos grandes partidos, todavía durante algún tiempo seguirían teniendo el control de la Cámara. No creo que haya influido.

P. ¿Es este un momento inestable para anunciar una abdicación, cuando crecen los partidos de perfil republicano y, por otro lado, con la crisis por el desafío independentista de Cataluña en el horizonte?

R. La cuestión catalana no creo que se vea afectada ni para bien ni para mal por la abdicación. Y que haya un incremento de las fuerzas antimonárquicas en España... Eso más bien podía aconsejar la abdicación, porque la figura del príncipe Felipe, si bien, por una parte, no tiene en su haber el famoso hecho del 23-F, por otra parte es más nueva, se ve más libre de sombras.

P. ¿Esto acelera la reforma constitucional?

R. La reforma para eliminar la prevalencia del varón sobre la mujer en la sucesión a la Corona, yo creo que no. Al contrario: ahora la infanta Leonor va a ser Princesa de Asturias: ya es la heredera. El riesgo de que fuera desplazada por un varón ha desaparecido. Esa reforma sigue siendo necesaria por razones de imagen, pero no por razones prácticas. En cuanto a la otra reforma, la de la organización territorial, que a mi juicio sí es necesaria, no creo que se vea favorecida. Tiene dificultades puramente políticas.

El Rey ha abdicado por la situación de la Corona, no por la de los partidos”

P. ¿Ha sido un error estar casi 40 años con la ley sobre la sucesión a la Corona pendiente? ¿Debería haberse hecho antes?

R. No, no, en absoluto. Yo tengo otra interpretación del artículo 57 de la Constitución. Ese artículo se puede interpretar en el sentido de que hace falta una ley general para prever a priori todas las cuestiones que se produzcan en relación con la sucesión de la Corona; pero se puede interpretar también como que cada problema concreto que se presente en relación con la sucesión tiene que ser resuelto con una ley orgánica ad hoc. Yo me inclino hacia esta segunda fórmula. No tiene mucho sentido, a mi juicio, hacer una ley general sobre la sucesión a la Corona. Ahora se hará una ley para resolver los problemas concretísimos que plantea la abdicación de Don Juan Carlos, que son básicamente ceremoniales y puramente formales. Y ya está.

P. España hoy es muy distinta a la de 1975. ¿Cree que Don Felipe será un rey distinto?

R. Va a ser un rey distinto, en primer lugar, porque recibe la Corona de manos de su padre, cosa que no sucedió con Don Juan Carlos. En segundo lugar, porque ha recibido una educación profundamente distinta. En tercer lugar, porque ha tenido ocasión de entrenarse para ejercer el cargo, cosa que no tuvo su padre. Y en cuarto lugar porque creo que son personalidades bastante distintas.

P. ¿Le da más legitimidad el hecho de recibir la Corona de esta manera, en una democracia, y no como la recibió su padre?

R. Pues yo creo que sí. Esta es una sucesión en una monarquía parlamentaria, en la que la institución monárquica tiene por supuesto la legitimidad dinástica pero tiene, sobre todo, la legitimidad democrática. Eso reafirma su legitimidad, claro.

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de EL PAÍS

image beaconimage beaconimage beacon