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“Me retiraré cuando cumpla los 100”

EL PAÍS EL PAÍS 09/06/2014 Blanca Cia
Charles Aznavour en el olivar de su finca cerca de Mouries. © JOAN CASTELLANA Charles Aznavour en el olivar de su finca cerca de Mouries.

El cantante francés Charles Aznavour ironiza que no ha celebrado sus 90 años—-los cumplió en mayo— porque se reserva para los 100. Disciplinado como un reloj: se levanta muy pronto, nada un rato y hace gimnasia. Desayuna y se pone a escribir y telefonear. Un paseo por el olivar y, a media tarde, ve su programa de televisión favorito: Dans L’aire. En forma mentalmente y ágil, el bautizado como embajador de la canción francesa emprenderá una gira en los próximos meses que le llevará a Estados Unidos —donde está preparando una comedia musical—, después a Varsovia, el 26 de junio al Liceo de Barcelona y el 1 de julio a Roma. “Trabajar, disciplina”. En esas dos palabras, dice, está el secreto de tener tanto aguante. Quiere seguir sobre los escenarios: “Me retiraré cuando cumpla los 100”.

Aznavour pasa todo el tiempo que puede en la villa L’Aigo Claro que se construyó hace 20 años en la Provenza, muy cerca de Mouries. Carreteras sombreadas por imponentes plataneros —en España, país de taladores compulsivos, fueron eliminados a miles—, cursos de ríos que se suceden —L’Orb, Herault y el Rhone— y el Canal del Midi es el paisaje que precede a su villa. “La ideé un poco a estilo de la toscana italiana” comenta. Vestido cómodamente —con un combinado de azules y con calzado de campo— Aznavour se desplaza en un cochecito de golf a lo que considera la joya de la corona: el jardín Erevan (como la capital de Armenia, país del que es originario y embajador). Una extensión en la que están perfectamente alineados cerca de un millar de olivares. La Reserve Charles Aznavour es la etiqueta que luce en las latas y botellas del aceite puro de oliva que extraen de sus árboles y que se consume en los restaurantes de la zona.

El cantante, compositor

y actor francés de origen

armenio prepara una

comedia musical

El compositor y actor francés se pasa buena parte del día en un amplio estudio y salón donde trabaja. En la pared cuelgan incontables placas de reconocimiento, como las medallas de tres legiones de honor concedidas por Francia, Canadá y Líbano. Aznavour, que ha publicado más de 50 discos en varios idiomas y ha vendido más de 100 millones de copias, explica que algunos huecos que se ven en las paredes son de discos de oro que decidió retirar: “A mi edad no tiene sentido presumir”. Cuadros de Édith Piaf, para quien escribió canciones y con quien convivió ocho años: “Vivíamos, pero sin más”, matiza con una pícara sonrisa.

Casado tres veces, tiene cuatro hijos y un nieto. Parte de su familia—uno de sus hijos es su manager y una de las hijas es corista en sus conciertos— gravita en torno a la actividad artística del autor de innumerables canciones que han sido cantadas —y bailadas— por varias generaciones. ¿Quién no es capaz de tararear La bohème? En la versión original o en las multiples adaptaciones: rap, hip-hop. “Hago colaboraciones con jóvenes raperos, me encantan las reinterpretaciones que hacen de la música etiquetada como de mayores”, dice. Lo que no le apetece son los macroconciertos: “Eso sí que es solo para jóvenes. Yo me quedo con las salas”. El tirón de Aznavour está claro y para el concierto del Liceo solo quedan unas 300 localidades.

“Me encantan las

versiones de ‘hip-hop’

o ‘rap’ de

mis canciones”

“Cada día canto varias canciones en italiano, español e inglés para no olvidar los idiomas y escribo una canción, además de seguir trabajando en mi último libro”, relata. Se refiere a la continuación de otros tres que ha escrito, todos autobiográficos. “A los diez años tuve que dejar la escuela, por lo que mi escuela de verdad ha sido la vida”, añade. Sus padres huyeron de Armenia por el genocidio de 1915 y se establecieron en Francia. Charles Aznavour —cuyo verdadero nombre es Chahnour Varinag Aznavourian— nació en París en 1924 y encaminó su vida en el teatro y la danza clásica: “No tenía intención de ser cantante”, afirma. Sin embargo, ambas carreras corrieron a la par y Aznavour formó dúos —con Liza Minelli, con Frank Sinatra, con Compay Segundo—, escribió canciones —para Piaf, para Juliette Gréco— y cantó en solitario a la vez que consolidaba su carrera en el cine, en el que tiene en su haber 70 películas, entre ellas Disparen sobre el pianista (1960) de François Truffaut o El tambor de hojalata (1979) de Volker Schlöndorff.

Su Dios musical ha sido Charles Trenet, a quien conoció: “Cuando oí dos canciones suyas, supe que era el mío”. Aznavour está convencido de que si Francia es un país de cantantes referentes —como él mismo, Brassens o Trenet—es, básicamente, porque es un país literario. Dice que a su edad —”soy una persona de edad, no un viejo”— se puede permitir decir lo que piensa. Y lo hace al ser preguntado por el auge de los partidos de extrema derecha en Francia registrado en las elecciones europeas: “No es la misma situación que había antes de la Segunda Guerra Mundial. Porque un programa político en unas elecciones no se impone y la gente ha votado esos programas, por lo que tenemos los representantes que hemos votado”. ¿Religión? Se declara cristiano pero no le da demasiada importancia: “Dios es como los artistas, tiene muchos nombres”.

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