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“Nunca pensé que me fueran a operar de lo que no tenía”

EL PAÍS EL PAÍS 17/04/2014 Emilio de Benito
Pilar Baz en su casa de Torrejón. © Claudio Álvarez Pilar Baz en su casa de Torrejón.

“Las actuaciones seguidas no se ajustan a la praxis asistencial exigible en estos supuestos”. La conclusión del informe que las forenses del juzgado de instrucción número 18 de Barcelona han elaborado sobre el caso de Pilar Baz son una fría traducción del sufrimiento que arrastra a esta mujer. El juez ha imputado a dos médicos del Instituto Chiari de Barcelona por estafa y lesiones, al operarla de un síndrome que no padecía. “Nunca pensé que me fueran a operar de lo que no tenía”, dice la mujer desde su casa de Torrejón de Ardoz (Madrid), la que casi no abandona desde que el 2 de diciembre de 2010 fuera operada de un síndrome de Arnold Chiari (una lesión medular) que ahora sabe que no sufría. Sus abogados piden para los médicos seis años de inhabilitación.

La historia comenzó en abril de 2010, cuando Baz se cayó de espaldas en la oficina de Correos en la que trabajaba. “Me enganché el pie en la máquina de retractilar palés”, recuerda. Al día siguiente empezaron los dolores. “Sentía el cuerpo muy raro”. Después de ir a la mutua laboral y al médico de cabecera, solo consiguió una vaga promesa: “Se te pasará”, le decían. Pero Baz no mejoraba. “Tenía como un latido en el cuello, al caminar me desestabilizaba hacia la izquierda, también tenía frío todo el tiempo, tiritaba”.

Desesperada, hizo lo que ahora sabe que fue un error: “Me metí en Internet y busqué mis síntomas. Encontré una clínica de Barcelona, especializada en el síndrome de Arnold Chiari. Yo ni sabía lo que era eso. Le pregunté a mi médica de cabecera, y me dijo que podía ser”. El 6 de octubre fue a Barcelona y tuvo la primera consulta, por la que le cobraron 180 euros. El proceso fue rápido, y dos meses después pasó por quirófano. Después de un día de convalecencia, volvió a su casa. Y, enseguida, empezó a darse cuenta de que no había mejorado. “Los dolores iban a más y necesitaba morfina, pero resultó que soy alérgica”, dice con desesperación.

Después de tres años de sufrimiento, con continuas visitas a urgencias, insensibilidad en la zona genital, problemas de incontinencia y casi sin poder andar, puso el caso en manos de Javier de la Peña, abogado del despacho Lex Abogacía. El juez ha abierto vista penal oral contra los médicos Miguel Royo y Marcos Fiallo, con los que este periódico ha intentado contactar sin conseguirlo.

La base de la acusación está en el informe de las forenses. Estas detectan las siguientes irregularidades en el caso: se le diagnosticó “de una serie de patologías sin sustento documental”; se le aplicó “un tratamiento quirúrgico (sección del filum terminale)” —el eje alrededor del cual terminan los nervios de la médula— indicado “inicialmente para la malformación de Chiari, y que se aplica aquí a otras patologías tampoco demostradas”; y, tercero, “persistencia de las algias [dolores] iniciales más aparición de patología postquirúrgica por la que aún requiere tratamiento”.
Baz lo resume tajante: “Es que si antes estaba mal, luego estaba peor. Me han destrozado”.

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