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“Si se quiere tener más de dos hijos, hay que adoptar”

EL PAÍS EL PAÍS 02/05/2014 Alejandra Agudo
Alan Weisman. © Claudio Alvarez Alan Weisman.

Noé está de moda. La llegada a los cines de este pasaje del Génesis ha vuelto a poner a flote el arca más famosa. Aparte de Russell Crowe, religión y pecados, para Alan Weisman (Mineápolis, 1947), esta historia bíblica tiene un mensaje claro: “Para preservar la raza humana, hay que salvar a los animales”. El periodista, que comenzó en la profesión para saciar su curiosidad —“tienes un pretexto para tocar cualquier puerta”, reconoce—, abordó durante años distintas temáticas y viajó por el mundo para cubrir desde el desastre en Chernóbil hasta el deshielo de la Antártida. Hasta que un día se dio cuenta de que todos sus reportajes tenían que ver, de alguna manera, con el medio ambiente. Como el diluvio universal. Solo que ahora lo que amenaza con anegar la Tierra no es el agua, sino una marea humana que no deja de engordar.

“Cada cuatro días y medio, hay un millón de personas más en el mundo. No es sostenible”, subraya. E intercala una pinchada a su plato de fruta y queso fresco, con los “problemas enormes” para los océanos, la seguridad alimentaria y la atmósfera de no frenar a tiempo la “explosión anormal de población” que se viene produciendo desde el siglo XIX. Tanto es así que Weisman se pregunta si tenemos futuro en la Tierra. Una cuestión que trata de responder en las 600 páginas de su último libro, La cuentaatrás (Debate). “Es que tenía que poner muchos agradecimientos y varias páginas de bibliografía. He tenido que leer mucho y me he reunido con más de 200 personas en 21 países”, justifica la extensión.

Weisman utiliza, sin embargo, solo tres palabras para exponer la solución contra el aumento desenfrenado de personas que habitamos (y devoramos) este planeta: control de natalidad. Contra medidas drásticas como la cuota de un hijo por pareja en China, o peor aún, guerras y grandes desastres que se lleven por delante a millones de individuos, este norteamericano propone una sencilla solución: anticonceptivos —“250 millones de mujeres no tienen acceso a ellos, aunque querrían”, apunta—. “El coste sería de unos 8.000 millones al año. Es lo que se ha gastado mi Gobierno en solo un mes de guerra de Afganistán”.

Y continúa haciendo cálculos. “Como cualquier organismo queremos multiplicarnos, pero hacemos copias de más. No digo que la gente no deba tener hijos, pero lo sostenible es tener dos biológicos y, si se quieren más, adoptar”. Él se arrepiente de no haberlo hecho tras varios embarazos fallidos. “Llenamos la vida con trabajo”, dice sin abundar.

Residentes en una casa en Massachusetts, Weisman y su mujer compatibilizan sus viajeras profesiones —reportero y escultora— con el cultivo de su propia huerta. “Producimos parte de nuestra alimentación”, asegura. Y aunque no tienen animales domésticos, también dan de comer a los silvestres que moran sus terrenos, desde ardillas hasta osos. “Alguno hemos pillado rebuscando en el compost”, ríe.

Pese a que Weisman relata con entusiasmo que en su pueblo planean montar una cooperativa para abastecerse de productos locales porque es más sostenible, no cree que la llamada revolución verde y una disminución del consumo sean suficientes para asegurar la supervivencia humana. “Como me dijo uno de mis entrevistados”, recuerda, “no hay condón contra el consumismo”.

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