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10 años a vueltas con Cataluña en la selección

Logotipo de El Mundo El Mundo 04/10/2017 EDUARDO J. CASTELAO

En diciembre de 2005 Luis Aragonés y Oleguer Presas, defensa entonces del Barcelona, hablaron a solas durante la jornada de convivencia que Luis montó en el Hotel Barajas. Presas, independentista, se puso el chándal de la selección, pero de esa conversación no nació ninguna convocatoria más del jugador. Era un momento, finales de 2005, en el que España y Cataluña perfilaban el Estatut que habría de aprobarse medio año después en los Parlamentos de Cataluña y de España. Eran momentos en los que la negociación parecía hallar una salida, en los que había comunicación, en los que el enfrentamiento abierto parecía lejos. En la selección y en la política.

Luis pergeñaba el equipo que habría de cambiar la historia del fútbol español y lo hacía abrazado a una figura, Xavi, sobre el que enseguida, sin embargo, iban a girar los primeros debates. Fue el 2 de junio de 2007, en un partido en Letonia, cuando se encendió la primera polémica similar a la que hoy tiene al equipo de Lopetegui en estado de máxima tensión. En aquella noche, una fotografía se hizo popular -entonces no existía el término viral-.

Con el traje blanco, se veía a todos los jugadores con las medias bien puestas, luciendo bandera de España bajo la rodilla, menos a Xavi y a Puyol. Surgieron los primeros debates sobre el sentimiento de los jugadores catalanes. «Desde que soy internacional sub'17 me gusta jugar con las medias de un solo color. Nada más. Es una polémica absurda», se defendía el centrocampista en su momento, pero la ambigüedad, calculada o no, de los planteamientos abrió un camino que se ha ido haciendo cada vez más inhóspito. Y lo ha hecho paralelamente a la radicalización del conflicto a nivel político.

Príncipe de Asturias y mangas recortadas

Casualmente, Piqué y su forma de ser llegaron a la selección en 2009. Un año después, el Constitucional tira por tierra el Estatut y se inicia el proceso independentista que ha desembocado en los acontecimientos de estos días. Al principio, controlable. Primero porque los triunfos tapan casi todo (Mundial 2010 y Eurocopa 2012).

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También porque hay intentos de exhibir armonía más allá del fútbol. Xavi y Casillas, Barcelona y Madrid, son la imagen del Premio Príncipe de Asturias de 2012, recibido de manos del hoy Rey, además en plena zozobra por el huracán Mourinho, que desde el banquillo del Madrid agitó el duelo deportivo, metáfora real del político. Pero llegaron los malos resultados. 2014: Mundial desastroso y Piqué en la Diada. 2016: Eurocopa triste y las mangas recortadas en Albania. 2017: Referéndum ilegal y los insultos desde la grada. Un final incierto en ambos casos.

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