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11:11

Notodo Notodo 25/02/2016 Irene Galicia
Imagen principal del artículo "11:11" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "11:11"

Hay un concepto filosófico fascinante que afirma que "una cosa solamente existe en relación con su opuesto". Heráclito ya afirmó en Grecia hace más de veinte siglos que todo cuanto sucede en el mundo es causado por la lucha entre contrarios. Según Aristóteles los opuestos son cosas de géneros diferentes que no pueden coexistir en el mismo sujeto. Dicho esto, ¿muestra toda obra de arte la igualdad que existe entre los objetos y entre todas las realidades? ¿Muestra a la vez el drama de lo distinto que se halla en todas las cosas del mundo? Alejandro Marote juega en 11:11 con esta dicotomía en su intento de superar el soporte fotográfico, sometiendo cada negativo a dos tomas y desvelando la perpetua lucha entre los opuestos de la realidad.

Miembro del colectivo de fotografía Blank Paper, desde el año 2008 desarrolla un proyecto que profundiza en las cuatro capas visibles de la materia: fuego, agua, aire y tierra. En esta serie de fotografías y huecograbados que desvela un arduo, continuo y acumulativo proceso de creación de imágenes, seguiremos el rastro de su encuentro con la realidad; se trata de una investigación plástica en torno a una constante búsqueda del equilibrio entre fuerzas opuestas que viaja de la forma al símbolo. Marote utiliza la fotografía para proyectar una manera personal de acercarse a lo matérico, uniéndolo en cierto modo con lo místico y que toma cuerpo en un diálogo entre los elementos principales de la fotografía analógica y digital: el grano de película y el píxel.

El sistema simbólico, marca distintiva del ser humano, es el medio artificial sin cuya interposición no podemos ver o conocer nada, es como si la realidad física retrocediera en la medida que avanza nuestra actividad simbólica. Marote parte de este hecho para explotar mediante la repetición las ilimitadas posibilidades expresivas del símbolo. Construye también nuevas arquitecturas de color y texturas evolutivas creadas sobre las formas que dibujan los primeros negativos fotográficos sustentándose en la composición. El fundamento de toda abstracción, que es una cierta separación o distinción, no puede ser otro que la composición del objeto que en este caso se centra en crear una serie de fragmentos que pueblan el soporte para tratar de exponer la potencialidad de la materia.

Aunque utiliza el medio fotográfico como herramienta, el uso que hace de esta se aproxima a otras técnicas como la pintura o la escultura atravesando la línea entre realidad dual y abstracción pura. Quizá esta ruptura con lo formal convierta a Marote en un fotógrafo difícil de entender; pero su intención es sencilla: al huir de lo formal inicia un viaje hacia las profundidades de la expresión pura, hasta el lugar donde nace el símbolo. La inquietud es determinar si la abstracción le resta a la obra de arte su carácter mimético y por tanto, su naturaleza simbólica, dado que el símbolo se ha asumido en ocasiones como un indicador del mundo conocido. ¿Constituye entonces el arte abstracto la negación de tal función en la experiencia estética?

Alejandro Marote demuestra que no, invitando a quien observa su obra a asomarse al abismo en el que desemboca la esencia de la realidad. Una realidad que ya no existe solamente en un puro plano físico sino también en un universo simbólico. El lenguaje, el mito y el arte constituyen partes de este universo, formando los diversos hilos que tejen la red simbólica, la complicada urdimbre de la experiencia humana.

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