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2017: un año para que los partidos decidan qué son

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 03/01/2017

La investidura de Mariano Rajoy, tras casi un año de bloqueo, puso fin a la agitación y permitió que todo el polvo removido comenzara a asentarse. El paisaje a la vista no es tranquilizador y muestra mucha tarea pendiente. Una casa está en ruinas, otras dos apenas construidas, y una cuarta, aparentemente completa y en pie, necesita cuanto antes renovar sus cimientos y sus estructuras internas.

EL PAÍS ha hablado con cuatro voces expertas, con conocimiento de causa aunque alejados de la refriega diaria, para mirar hacia el futuro y analizar los retos pendientes de los cuatro grandes partidos: PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos.

El exministro de Educación socialista y catedrático de Sociología, José María Maravall; el exdiputado y exsecretario ejecutivo de Comunicación del PP, Gabriel Elorriaga; el catedrático de Derecho Constitucional, Javier Pérez Royo; y el también catedrático de Derecho Constitucional, Francesc de Carreras, coinciden en un diagnóstico urgente: ideas. “Quiero ideas sin personas, y ahora no veo más que personas sin ideas”, se queja Maravall. “Podemos ocupó un espacio, y ese es su gran éxito.

El reto que tiene por delante es llenar de contenido ese espacio, o corre el riesgo de desaparecer”, advierte Javier Pérez Royo. “El PP tiene la ventaja de ser Gobierno, desde donde es mucho más cómodo hacer política”, señala Elorriaga. “El problema es cómo seguir haciendo identificable tu proyecto”, matiza.

“El centro no existe”, sentencia Carreras. “Ciudadanos solo puede definirse aportando contenido. Debe ser un partido socioliberal, que ponga énfasis en el liberalismo económico y en la igualdad de oportunidades”. Si 2016 fue una montaña rusa electoral, 2017 será el año para que los cuatro grandes partidos calibren sus respectivas fuerzas parlamentarias, territoriales y sociales y decidan cómo quieren dibujar su futuro.

PP, Podemos y Ciudadanos tienen su mirada puesta en febrero. Los tres celebrarán sus congresos nacionales, de los que deberían surgir los equipos directivos, una organización nueva o reformada y una definición lo más clara posible del espacio político que aspiran a ocupar. El congreso pendiente del PSOE será algo más tarde. Antes, en cualquier caso, de que llegue el verano.

Un comité federal, el próximo 14 de enero, decidirá la fecha e intentará buscar un apaciguamiento entre los que urgen resolver cuanto antes la situación de provisionalidad en que se halla el partido y los que reclaman el necesario tiempo de reposo para que cicatricen las heridas. En el telón del fondo, quién tomará las riendas de una formación con urgente necesidad de liderazgo.

Todas las miradas se dirigen al sur, pero la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz —aunque ya nadie duda de su intención de aspirar a la secretaría general—mide bien sus tiempos. Si surgen otros candidatos, como está convencido de que sucederá el actual presidente de la gestora, Javier Fernández, el enfrentamiento será duro, y se producirá justo cuando más necesario resulta que el PSOE explique qué puede ofrecer para seguir siendo un partido de mayorías y de Gobierno en el siglo XXI.

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