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25 años de milagro polaco

El Mundo El Mundo 01/06/2014 PABLO R. SUAZES

Hay un país en Europa donde la confianza de la élite política y económica es desbordante. Que habla del futuro en positivo. Que tras crecer sólo un 2% y un 1,6% en 2012 y 2013, confía llegar al 3,3% en 2014. Que desde 1992 registra un aumento anual medio del PIB del 4,1%. Y que desde el 2003, al inicio de la crisis, lo ha hecho al 3%. Es un lugar donde el paro (9,3%) es relativamente bajo. Un país que aspira a ser el líder del Este, pero que siempre habla de sí mismo como del Centro. Un país que mira el euro con cariño, pero que tras haber bajado los tipos hasta un máximo histórico (2,5%) y tras beneficiarse de la competitividad a través de los salarios, no tiene ninguna prisa por sumarse. Es Polonia.

"¿Unirnos al euro? Claro, justo una semana después del Reino Unido", bromea Jean Krzystof Bielecki, ex primer ministro y en la actualidad responsable del Consejo Económico de su sucesor, Donald Tusk. Todos los que mandan e influyen en Varsovia saben que el momento llegará, pero quieren marcar claramente el tempo. "Somos miembros potenciales, pero sólo adoptaremos el euro cuando se den las circunstancias que aseguren sin género de dudas que la moneda europea será positiva para Polonia", señalaba estos días el propio Tusk.

Polonia está en un momento dulce. Las cifras macro acompañan, las principales ciudades repuntan y la calidad de vida ha mejorado. Llega inversión, se vende más y hay turistas. "Hace 10 años, los polacos tenían una renta inferior al 50% de la media europea, hoy se acercan al 70%. Polonia tenía un déficit comercial con el resto de la UE del 2% del PIB y temía verse inundada por productos alemanes, franceses o británicos. Hoy tiene un superávit respecto a sus socios del 6% del PIB. En una década, ha crecido un 48,7%. La media del resto de países que se incorporaron a la Unión en 2004 es 27%", explica Wojciech Golecki, economista polaco residente en España.

"Somos una economía muy competitiva, tenemos un gran espíritu emprendedor y se ha hecho una buena política económica en los últimos años. No hay burbujas, la deuda está por debajo de los estándares europeos y contamos con un sistema financiero saneado gracias a la regulación más dura de Europa", incide Jacek Socha, ex ministro de Finanzas y asesor de los sucesivos gobiernos en las últimas dos décadas.

Pero al mismo tiempo, Polonia está en un momento crítico, ése en el que se juegan el futuro sin saberlo, en el que sentar las bases de un modelo sostenible y moderno. La semana próxima se cumplirán 25 años de las primeras elecciones democráticas y de las reformas que modernizaron por primera vez la economía, eliminando el control de precios, la hiperinflación, la planificación, permitiendo la competencia e incentivando la iniciativa privada.

La economía se ha beneficiado de los fondos europeos, de la competitividad gracias a salarios bajos, de las exportaciones y el dinamismo. Pero hace falta un paso más, y muchas voces alertan de que si no se cambia el sistema educativo, la legislación, la política fiscal y los incentivos a los emprendedores, dentro de una década el panorama puede ser diferente.

De hecho, hay un componente de suerte que los propios polacos reconocen. "Nuestro sistema financiero funciona muy bien, no hay pérdidas. Parte es porque la regulación ha sido buena, mejor que en otros países. Pero también hay dos razones menos positivas. Por un lado, que el 80% de los bancos está en manos extranjeras. Por otro, que la crisis llegó muy poco después de que entráramos en la UE, y el sistema era muy básico. Si hubiese llegado tres o cuatro años después, nos hubiera cogido de lleno seguro", reconoce entre risas Hubert, un banquero local.

Para ello, ha organizado un encuentro internacional dedicado a la transformación polaca, invitando a este diario a Varsovia. La situación es buena ahora en comparación con lo que viene, pero como destacaba el martes durante las charlas John Banka, socio de Colliers en la ciudad y residente desde hace más de tres lustros, "hasta ahora ha sido lo fácil, aprovechando la fruta al alcance de la mano. El siguiente paso, para los próximos 25 años, requiere otras cosas".

"Cuando se hicieron las reformas se incidió en las privatizaciones y las liberalizaciones, pero subestimó la necesidad de cambiar las administraciones públicas. Fue un error. La burocracia del país no estaba lista para el cambio, y lo ralentiza. Cambiar el sector público está siendo muy difícil, es nuestro eslabón más débil ahora mismo. Necesitamos eficacia, rapidez, transparencia en ministerios o la agencia tributaria", se lamenta el ex ministro Socha.

Lo mismo destaca Henryka Bochniarz, responsable de la patronal y ex candidata a la Presidencia del país, para la que la burocracia "se ha complicado demasiado. En 1992 creé mi empresa en 20 minutos porque los funcionarios estaban despistados. Hoy no podría". "Lo único que le pedimos al Gobierno es que no moleste, que no interfiera en la creatividad. Que sea abierto y transparente", apostilla Julian Kozankiewicz, director de COMP Centrum Innowacji, una empresa de tecnología, seguridad y criptografía.

En el país hay un creciente espíritu emprendedor. Jóvenes de firmas como PKP Cargo, PKN Orlen, Indesit Poland, Echo Investment, Newag o Dirlango desfilaban estos días por el Palacio Endorfina pidiendo cambios fiscales, apoyo a las start up y un cambio en la política educativa en favor de las disciplinas técnicas y tecnológicas.

"Polonia es el mercado más dinámico de Europa», señala a MERCADOS Adam Maciejewski, presidente de la Bolsa de Varsovia, la de mayor capitalización de la zona. Gracias a la seguridad y a la llegada de capitales extranjeros, y de hasta 58 empresas que cotizan aquí. "El país se ha beneficiado de no estar en la moneda común y de la crisis de los países occidentales. Claro que nos ha venido bien. Y no tememos que el dinero se vaya a ir ahora con la recuperación", asegura Katarzyna Zawodna, presidenta de la constructora sueca Skanska en la zona.

Los emprendedores dicen que hay dinero y que quieren comprar. Miran cada vez más a Europa y se atreven con tecnología. Desde locomotoras a máquinas para recoger envíos postales repartidas por toda la ciudad, como las de Interger, que ya están presentes en 20 países. Y aunque el mercado de vivienda parece estabilizado, hay una fiebre evidente para construir y ocupar oficinas.

Lo único claro para todos es que el futuro pasa por Bruselas. El Gobierno estima que, de no formar parte de la UE, el PIB hoy se encontraría a niveles de 2009. "El 86% de los polacos considera que la integración europea ha sido positiva, el 13% restante cree que ha sido neutral. Pero tenemos los mismos desafíos que el resto de socios comunitarios: la consolidación fiscal, las incertidumbres geopolíticas, encontrar el camino hacia una economía competitiva no tanto por los bajos costes sino por la vía de la innovación y ante todo, hacer frente a una futura generación envejecida" concluye Golecki.

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