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25 años de urbanización galopante en Madrid: menos verde, el doble de ciudad

El Confidencial El Confidencial 28/11/2016 Rocío P. Benavente

"La urbanización se vio siempre como una solución a la crisis. Pero ocurre que, al permitir salir de las crisis, la urbanización también las produce". La cita es de David Harvey, profesor de Antropología y Geografía de la Universidad de Nueva York, y parece escrita pensando en nuestro país, donde construcción urbanística se desparramó durante una época en todas direcciones, consumiendo terreno, y con ello recursos y energía. Durante décadas, y con especial intensidad en los años que precedieron a la crisis de 2008, el terreno urbanizado creció en España a un ritmo sin precedentes.

En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, en solo una generación se ha duplicado la superficie artificial, pasando de 60.000 hectáreas en el año 1987 a 120.000 en 2011, a un ritmo de 6,47 hectáreas diarias durante esos 24 años. En total, supone pasar del equivalente a 44 Casas de Campo a unas 90. A su vez han disminuido las superficies agrícolas (de 338.869 hectáreas en 1987 a 294.922 en 2011) y también, aunque solo ligeramente, las zonas forestales (de 399.995 a 382.455 hectáreas).

Son algunas de las conclusiones del informe '25 años urbanizando Madrid, la generación que duplicó la superficie urbana', elaborado por el Instituto Geográfico Nacional y el Observatorio de la Sostenibilidad, que ha extraído los datos del proyecto europeo Corine Land Cover. Para recoger esos datos, vuelos periódicos fotografían Europa desde arriba, incluyendo España y permitiendo apreciar los cambios en los usos del suelo.

Madrid, ejemplo del frenesí urbanizador

En ese uso del suelo, Madrid se erige como el ejemplo aleccionador, la fábula con moralina de la urbanización salvaje de las últimas décadas, un proceso desproporcionado y altamente insostenible. "En la comunidad de Madrid, el suelo con uso artificial es del 15%. En el resto de España es del 2%", explica Fernando Prieto, doctor en Ecología y uno de los autores del informe. Además, explica, el 53,34% de todo lo construido en la comunidad lo fue desde principios de la historia hasta 1987, y el 46,66% restante lo ha sido desde entonces hasta ahora.

"A la expansión de la ciudad hay que añadir las infraestructuras sobredimensionadas, especialmente las carreteras radiales", explica Prieto. En algunos casos, como en el eje de Colmentar y la A-1, la transformación se atempera en torno a Colmenar o San Sebastián de los Reyes, pero en los ejes hacia Extremadura, Toledo, Andalucía y Barcelona, la transformación en los usos del suelo se extiende hasta el límite de Castilla-La Mancha. Por su parte, las redes viarias y terrenos asociados se han multiplicado por un factor de 8, según el informe, y las hectáreas de los aeropuertos han pasado de 3.000 a 4.000.

Pero no todo el suelo urbanizado ha recibido el mismo uso, y también dentro de esta categoría se observa una gran desproporción. "Mientras que las áreas urbanas han crecido un 60%, las zonas comerciales e industriales han crecido más de un 126% en el mismo periodo", recoge el informe. Esta cifra se debe a que no solo las ciudades son más grandes, sino que hemos pasado a un nuevo modelo urbano con gran peso en las zonas nuevas, las grandes superficies comerciales y los nuevos polígonos industriales. 

Un golpe a la calidad de vida

La ciudad de Madrid se expande sin freno y las únicas zonas verdes naturales que quedan son la Casa de Campo y el monte del Pardo. En medio, algunos parques y campos de golf pintan manchas verde artificial. "La urbanización se ha hecho sin pensar en la calidad de vida de los habitantes", asegura Prieto.

El crecimiento urbano obliga a la gente a utilizar más el transporte, lo que aumenta las emisiones contaminantes y con ello empeora la calidad del aire. La contaminación ya no se sufre solo en el centro, también en todo el territorio urbano. En verano las islas de calor agobian a todos los habitantes, la falta de cohesión social es habitual para los de los nuevos barrios y el déficit de equipamiento también se convierte en algo cotidiano.

"Hemos arruinado algunas zonas verdes importantes para las próximas generaciones", asegura el científico, que añade que la urbanización es un proceso difícilmente revertible, que además puede afectar al ciclo hidrológico para el resto de los ecosistemas. 

Distintas suertes para distintas zonas verdes

(Observatorio de Sostenibilidad) © Proporcionado por El Confidencial (Observatorio de Sostenibilidad)

En cuanto a los bosques de la Comunidad en Madrid, las cifras parecen indicar que el problema no va con ellos. La superficie forestal ha disminuido, pero de forma muy leve, y sigue siendo el 48% de la superficie de la comunidad. Pero el informe señala que a pesar de ello, ni se su estado de gestión y cuidado sí ha empeorado llamativamente a causa del despoblamiento de las zonas rurales y el abandono de prácticas tradicionales de manejo del territorio. Esto produce un aumento de los incendios y con ello la pérdida de bosques estables y maduros. 

El tipo de suelo que más superficie ha sacrificado para el crecimiento del suelo artificial es el agrícola, que en 2987 suponía un 42% del total y en 2011 había bajado al  37%, con 43.946 hectáreas menos. Las zonas que más han sufrido son los cultivos en mosaico, los frutales y los prados y praderas que alimentaban a la ganadería. 

Otros tipos de zonas verdes han corrido mejor suerte. Las zonas verdes artificiales no agrícolas, como campos de golf, casi se han multiplicado por tres en estas décadas, pasando de 4.000 a 11.000 hectáreas, así como las zonas verdes urbanas y las instalaciones deportivas, que triplican ahora su expansión respecto a la que presentaban en 1987.

¿Qué hacemos ahora?

El informe concluye que la construcción de lo urbano ha sido el motor de desarrollo de la Comunidad de Madrid en los últimos 30 años, y que se trata de un modelo "depredador del territorio, que menoscaba otras actividades más sostenibles y empeora la calidad medioambiental que garantiza la calidad de vida de la ciudadanía". Es por tanto insostenible que cambiar el uso del suelo sea lo que mantiene la economía productiva y financiera de la región, "porque los límites al desarrollo aparecerán tarde o temprano". 

Sobre todo, dicen los autores, cuando la región tiene recursos suficientes, tanto naturales (como agua y territorio fértil) como humanos (población cualificada) y materiales (servicios públicos y capital) para optar a otro modelo de desarrollo que ponga en valor el variado territorio y asegure la soberanía alimentaria y, sobre todo, energética, de la que Madrid sufre una importante carencia hoy en día. 

Por eso recomiendan apostar por una economía verde y sostenible para recuperar el suelo degradado, aumentar la eficiencia energética y el uso racional de los recursos potenciando el autoconsumo energético y mejorar la protección del medio ambiente en bosques, sierras y espacios protegidos. Si no, los años entre 1987 y 2011 serán recordados como la generación que duplicó el urbanismo, y no hizo nada por arreglar el desastre que eso supuso. 

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