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40 años de paz

Notodo Notodo 23/02/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "40 años de paz" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "40 años de paz"

"40 años de paz. Julio. Ni una gota de viento aquí, condensación de aire caliente, 600 metros por encima del mar, la meseta central hirviendo..." Una historia asfixiante, personajes sin salida que dan vueltas a sí mismos, como un perro persiguiéndose la cola. "Y en mitad de esta llanura despoblada, la casa grande. Un casón solariego venido a menos." Un padre franquista que marca a fuego. Y la vida de sus herederos, que toman el sol al lado de una piscina abandonada en los tiempos de la democracia. "Imaginemos paredes de piedra desconchadas... Y sobre todo imaginemos la piscina, abandonada, inservible, agua estancada, insectos flotantes, larvas duermen en la superficie...y el pasado, el pasado, el pasado que se deposita sobre los azulejos de imitación de gresite... En esta piscina se ahogó el padre el 23 de febrero de 1981, la noche del golpe de Tejero..."

Pablo Remón (guionista de películas como Casual Day o Cinco metros cuadrados) vuelve después de uno de los espectáculos más valorados de la pasada temporada (La abducción de Luis Guzmán) con 40 años de paz. Una función estrenada en el Festival de Otoño a Primavera y que, afortunadamente, ha encontrado un hueco en las salas madrileñas, en el Teatro del Barrio de Lavapiés. Remón ha escrito una obra de ésas que se te van metiendo poco a poco en el cuerpo, que te va hipnotizando (muy a la manera del Saura de Cría cuervos y Ana y los lobos) con una historia que habla de una familia y de todo un país.

Remón parafrasea a Borges: Narramos mientras somos narrados. Eso es lo que hace en esta función, cuyos personajes son a la vez protagonistas y narradores de sus diferentes historias. Un texto-rompecabezas que presenta a los tres hijos (el cabrón con pintas heredero directo de su padre, el cobarde poeta homosexual y la desnortada hija actriz) del finado general franquista y su esposa anestesiada emocionalmente. Remón utiliza con inteligencia los recursos a su disposición, un escenario presidido por esa piscina oscura, dura y abandonada y juega con los tiempos, los personajes y los discursos a su antojo para multiplicar las versiones de esta familia vaciada de sentido. Remón consigue una función de atinado ritmo, inteligente (tratando al espectador como tal), con diálogos memorables y unos intérpretes que se multiplican en diversos personajes.

Francisco Reyes defiende la ingrata labor de poner piel al padre y su hijo mayor, con unas interpretaciones que clavan su hijoputez y egoísmo (diferente a su manera en cada cual). Magnífico y sólido como una piedra. Emilio Tomé es el hijo menor, el poeta maldito, y también el novio DJ de la amante del mayor (entre otros), conmovedor personaje éste último que roba algunos de los mejores momentos de la función. Ana Alonso por su parte interpreta a la amante del mayor y también a la hija de la familia, víctima y actriz en horas bajas, con una labor que transmite a la perfección esa indefensión e incapacidad de tomar las riendas de su vida. Y la argentina Fernanda Orazi despliega sus múltiples recursos interpretativos envolviendo al resto de los personajes como esa narcotizada madre (cuya última visión es un pene, genial momento) y una narradora que lleva por donde quiere al público. Espectacular.

40 años de paz es una función que (si bien no para todos los públicos) resulta más que recomendable: tremendamende sugestiva, inteligente, reposada y pensada. El retrato de una familia víctima de la situación de un país, desorientada como el mismo. En permanente transición hacia el vacío.

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