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50 años ‘hablando’ con el espacio

EL PAÍS EL PAÍS 13/06/2014 Alicia Rivera
© Proporcionado por ElPais

Los artefactos espaciales —y hay centenares en la órbita de nuestro planeta y, mucho más lejos, explorando el Sistema Solar— no servirían de mucho si no pudieran comunicarse con la Tierra para enviar los datos de lo que captan y recibir las órdenes de lo que tienen que hacer. Por eso, desde los primeros pasos de la aventura espacial, estuvo claro que, tan importante como diseñar satélites y naves era montar estaciones de comunicaciones. Esos conjuntos de antenas “son nuestros ojos y nuestros oídos para ver y escuchar el universo”, dice Charles Elachi, director del prestigioso Jet Propulsion Laboratory (JPL), el centro de investigación responsable, entre otras cosas, de las misiones de exploración planetaria de la NASA, como el robot Curiosity de Marte, la sonda Cassini que está dando vueltas a Saturno, la New Horizons que viaja hacia Plutón o la Voyager 2, la primera nave espacial que ha salido ya del Sistema Solar.

Para garantizar esas comunicaciones se creó, hace ahora 50 años, la Red de Espacio Profundo (DSN), y con ocasión del aniversario ha estado Elachi en Madrid. En Madrid porque una de las tres patas de la red mundial está en Robledo de Chavela, a 63 kilómetros de la ciudad. El acuerdo para su instalación en ese lugar, estratégico por su posición geográfica en la latitud adecuada, se firmó entre los Gobiernos de Estaña y EE UU en enero de 1964 y ese mismo año comenzó la instalación de la primera antena (ahora son seis, incluida la mayor, de 70 metros de diámetro).

La Voyager 2 está ya tan lejos (partió de la Tierra en 1977) que sus radioseñales, viajando a la velocidad de la luz (300.000 kilómetros por segundo) tardan 18 horas en llegar a los receptores de la DSN. La misión se acabara cuando se agote el combustible del pequeño reactor nuclear que usa para generar electricidad. “La Voyager 2 es nuestra primera embajadora terrestre que sale al espacio interestelar”, dice John M. Grundsfeld, exastronauta con cinco vuelos espaciales y ahora subdirector de misiones científicas de la NASA. También él ha estado en Madrid, participando en un acto del 50º aniversario de la DSN organizado por la Embajada de EE UU.

‘Voyager 2’ está tan lejos que sus señales tardan 18 horas en llegar a la tierra

Las otras dos patas de la red están en Australia y California, de manera que siempre se puede orientar al menos una estación hacia cualquier nave en el cielo. La red depende del JPL, y de la operación de Robledo, por los acuerdos de la NASA con el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), se encargan técnicos e ingenieros españoles. “Actualmente tenemos una treintena de misiones activas, algunas sencillas de operar, como la del Voyager 2, que no tiene ya muchas operaciones, que no hace fotografías porque no tiene nada cerca que fotografiar... Pero otras son muy complejas, como la del Curiosity, al que constantemente se envían órdenes y se reciben resultados”, explica Pablo Pérez Zapardiel, director de la estación de Robledo. “El Curiosity está funcionando muy bien”, dice Elachi. “Llegará a finales de año al pie de la montaña del cráter Gale para comenzar la ascensión”.

Para el futuro, adelanta el director del JPL, se preparan proyectos ambiciosos, como un submarino que entre en el océano que debe haber bajo la capa de hielo de Europa, la luna de Júpiter, o una flotilla de globos que vuelen en la atmósfera de Titán, el satélite de Saturno. “Son misiones para las décadas de los veinte y los treinta”, dice.

La DSN tendrá que estar a la altura de los nuevos retos. “Hay proyectos de comunicaciones láser, en lugar de utilizar radioseñales, como ahora”, explica Pérez Zapardiel. La ventaja es que aumentará enormemente el volumen de transmisión de información de las naves espaciales. “En el futuro se podrá, por ejemplo, recibir vídeo en alta definición, en tiempo real, desde la superficie de Marte”.

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