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Año 31 de la era Madonna

EL PAÍS EL PAÍS 26/05/2014 Diego A. Manrique
Madonna, en la última entrega de los premios Grammy. © CORDON Madonna, en la última entrega de los premios Grammy.

Se alborotan las redes: Madonna usa Instagram para adelantarnos sus fotos para el nuevo número de L'Uomo Vogue. Saltan las alarmas: sospechamos que ya empezó la promoción para el próximo álbum de la Ciccone, hecho —como es habitual— con talento fresco: el sueco Avicii, la británica Natalia Kills.

Tal vez somos ingenuos: ella siempre está en promoción. En términos de cultura pop, vivimos en la era Madonna. Cada vez resulta más evidente: desde hace varias temporadas, las mujeres dominan las listas de ventas. Y suelen ser “hijas de Madonna”, cantantes que siguen sus enseñanzas.

Se trata de una madre fabulosa, comprensiva e inspiradora. Se retrata en una sesión de bondage en compañía de Katy Perry, para el número veraniego de V Magazine. Muchos artistas masculinos tratan con suspicacia a sus jóvenes competidores, pero Madonna comparte escenario con Britney, Christina o Miley.

Es un modelo inalcanzable: lleva treinta años de ventaja. Estamos ante un híbrido de David Bowie, el de los looks impactantes, y Andy Warhol, que integraba arte y negocio. Imaginen: integra la chica material y la mujer espiritual, alterna la vedette alocada con la businesswoman triunfal.

En general, los cantantes son desastrosos cuando entran en el mundo de los negocios. Ella constituye la excepción: fundó la discográfica Maverick, que vendió ventajosamente a Warner en 2004, antes de la crisis. Decidió juntar todas sus actividades productivas bajo un solo techo, en lo que llaman “acuerdos de 360 grados”.

La reina del pop calienta su regreso musical en las redes sociales

¿Y qué produce Madonna? Colecciones de ropa, para H & M o Macy's. Libros, últimamente infantiles. Cosméticos, bajo la marca MDNA Skin. Una cadena de gimnasios. Discos, aptos para reciclarse en espectáculos que terminan entre las giras más rentables de la historia. Merchandising. Pero olvidemos el cine: le ha dado más disgustos que alegrías.

Y bien que lo siente ella, que tanto admiraba a Marilyn y Marlene. Pero eligió Nueva York por encima de Hollywood. En Manhattan intuyó que el mundo del pop era accesible para una chica lista. Advirtió que el negocio de la música aprecia tanto la consistencia como la novedad. Asumió sus límites y supo que la renovación de su arte requería ir eligiendo colaboradores compatibles. Evitó las trampas de las drogas y demostró estar dispuesta a sudar.

Llegó, qué maravilla, en el momento justo. El formato del videoclip era perfecto —corto, contundente, provocador— para mostrar sus virtudes y ocultar sus debilidades. En su arsenal estaba el empoderamiento del feminismo, que consideraba compatible con la explotación de su sexualidad. Redefinió el ideal femenino, con pequeñas rebeldías: la musculación, la ocasional negativa a afeitarse las axilas. Cómoda entre la tropa gay, hizo suyas sus causas y exhibió una sexualidad fluida.

Hoy diríamos que Madonna es maestra en fenómenos virales. Pero no existía Internet cuando ella descubrió la naturaleza simplona de los medios, el poder de los tabúes, la vulnerabilidad de la Iglesia Católica y otras instituciones, la inmensa fuerza de los fans. Con 55 años, solo le queda un reto: envejecer con dignidad. Apuesto que ya lo tiene planificado.

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