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Aún no es el día de Díaz

El Mundo El Mundo 10/06/2014 RAFAEL MOYANO

Va a dar que hablar, y mucho, pero ella no ha querido que sea ahora. Defectos y virtudes, pero una constatación: es una gran estratega, aunque su frialdad le puede jugar una mala pasada. Susana renuncia a un congreso en el que partía como segura ganadora, pero ella quería barrer, necesitaba barrer. No estaba dispuesta a ser secretaria general con el 60% o el 70% de los votos. No le bastaba con el apoyo de los suyos, los andaluces, un tercio del actual PSOE, y el aval de casi todos los secretarios regionales y los dos ex presidentes de Gobierno socialistas. A Susana le sobraba un contrincante, le sobraba Madina. Quería aclamación, no votación. Es su estrategia: no ha llegado su día.

Ha dado tres razones para su espantada, eso sí, después de criticar que tras el desastre del 25-M los socialistas se sigan mirando el ombligo: dar estabilidad a Andalucía, reafirmar al PSOE-A como columna vertebral del PSOE y no defraudar a los andaluces cumpliendo la palabra que le dio de gobernarles. Me quedo con los conceptos más anatómicos, es decir, con lo del ombligo y lo de la columna vertebral. Lo de la estabilidad y lo de no defraudar a la gente cumpliendo su palabra, siempre tiene arreglo para los políticos. Lo importante para Díaz es que el éxito en las europeas de los socialistas andaluces se consolide en unas autonómicas para vertebrar el partido a nivel nacional. Es decir, que se consolide el éxito de Susana Díaz . Y lo del ombligo, se lo miran otros y se lo mira ella con su decisión de no presentarse. Con la ventaja, o la posibilidad, de que dentro de unos meses se lo podrá mirar desde más arriba.

Ahora que se están haciendo sesudos, e interesantes, análisis de cómo surgen de la nada y se encumbran personajes como Pablo Iglesias, rebobinemos sobre la presidenta andaluza ¿Quién era Susana Díaz el verano pasado antes de ser designada, primarias fallidas mediante, sucesora de Griñán? Pues ni más ni menos que el objeto de las críticas más furibundas dentro y fuera de su partido por ser el máximo exponente del término apparatchik, alguien sin otro mérito que haber hecho carrera en su partido aplastando para levantarse. Que si un expediente académico mejorable, que si falta de conocimientos, que si nula experiencia en la gestión... Irrumpió en la escena nacional avalada por pocos amigos, quizás porque, como ella misma dice, «no estoy en política para hacer amigos». Nuevo dilema para tesis doctoral en sociología política: ¿Cómo pasar de estar por debajo de cero a ser la salvadora de la patria socialista?

Los mejores estrategas son los que aprenden de sus fallos. Susana se equivocó al apoyar a Chacón frente a Rubalcaba en el congreso de Sevilla. Aquello pudo ser el fin de su medida carrera dentro del partido, pero se rehizo de la mano de su mentor Griñán. Ahora, consciente de lo que se juega, ha querido calcular mejor y se ha dicho: todavía no es el día de Díaz, pero llegará. Un segundo error de cálculo puede ser fatal incluso para el mejor estratega.

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