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A 47 horas y 30 minutos de la marea negra

El Mundo El Mundo 15/06/2014 RICARDO F. COLMENERO

A falta de pocas semanas para conocer el resultado del sobre las prospecciones sonoras en el Golfo de Valencia, y con Repsol afilando las brocas para las perforaciones en Canarias, en Baleares se empiezan a estudiar seriamente las posibles consecuencias de que el Gobierno de España acabe liquidando los permisos en la misma dirección que en el archipiélago Atlántico.

Tanto el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA) como el doctor en Ciencias Químicas y experto en mareas negras, José Ramón Bergueiro, trabajan desde hace meses en sistemas y modelos para prevenir las posibles consecuencias negativas de encontrar crudo a 30 millas náuticas de la costa de Ibiza, y sus conclusiones no son nada halagüeñas.

De acuerdo con los esquemas del doctor del IMEDEA Simón Ruiz Valero sobre corrientes submarinas y en superficie que actúan a lo largo del año en el Golfo de Valencia, existe un patrón que, aunque afectado por los vientos y las condiciones climatológicas, determina que se dirigen desde la plataforma levantina, coincidiendo con la zona de prospección, hacia las costas de las Pitiüses.

La situación no mejora si nos metemos a analizar las corrientes submarinas, ya que además de apuntar directamente hacia Ibiza y Formentera, su «circulación puede marcar la tendencia general de la dispersión de contaminantes liberados en profundidad porque no se ven afectadas por las condiciones meteorológicas».

Tanto Repsol como el Gobierno de España reconocen que en la fase inicial de prospección es en la que existe un mayor riesgo de vertido, no sólo de crudo, sino también del conjunto de mezclas en forma de lodos, minerales y productos químicos altamente contaminantes, que son arrojados directamente para proceder a las perforaciones.

La Declaración de Impacto Ambiental de Canarias subraya que solo el 5,85% del volumen total derramado acabaría en la costa canaria, mientras que el 26,2% iría a la costa africana, impulsado por las corrientes dominantes.

Sin embargo en Baleares el patrón dominante apunta directamente hacia las islas. El biólogo del Consell Insular de Ibiza, Jaume Estarellas, tiene claro que en el caso de producirse lo que denomina «una industrialización de la zona», en poco tiempo el paisaje de las islas «no volvería a ser el mismo».

El doctor Simón Ruiz destaca en el paisaje de corrientes la presencia de remolinos justo al sur de la zona de prospecciones y frente a la costa pitiusa. Auténticas masas de agua que, según los datos del IMEDEA, rondan los 50 y 60 kilómetros de diámetro, y que podrían convertir cualquier vertido en un mecanismo que impulse el chapapote en casi cualquier dirección.

«Hay estadísticas que señalan que un 1% de todo lo que se extrae se vierte al mar», explica Alejandro Orfila, investigador del proyecto TOSCA del IMEDEA, diseñado para reaccionar ante vertidos de hidrocarburos en el mar, y que cuenta con un simulador en fase de prueba capaz de imitar la trayectoria de un vertido en el mar en todas las condiciones posibles.

«Estamos en medio de grandes rutas marítimas de petróleo, el Mediterráneo es un mar cerrado y el peligro existe ya ahora», explica Orfila. El profesor cree que el petróleo en esta zona se encuentra a tanta profundidad que hasta ahora las compañías no tenían la tecnología suficiente para extraerlo, o bien no les resultaba rentable. «Lo que está claro es que a mayor profundidad, mayor riesgo», subraya.

Poniendo en marcha el simulador del proyecto TOSCA, el vertido más próximo a la isla de Ibiza, a algo menos de 30 millas náuticas, unos 53 kilómetros siguiendo la documentación presentada por Cairn Energy tras mover las cuadrículas asignadas, el vertido puede seguir la tendencia pitiusa, pasar de largo, o subirse a los remolinos y alcanzar Menorca o la costa levantina en contra del patrón de corrientes.

La variabilidad de las corrientes en el Mediterráneo volvería cualquier vertido en imprevisible y, por lo tanto, más peligroso. Lo explica con un solo ejemplo el doctor en Ciencias Químicas de la Universidad de las Islas Baleares, José Ramón Bergueiro: «Dos personas naufragaron en la misma barca en el islote de Dragonera y uno apareció en Formentor y el otro en el sur, no tiene una explicación lógica desde un punto de vista científico».

Bergueiro, uno de los mayores expertos en mareas negras de España, se niega a posicionarse a favor o en contra de las prospecciones petrolíferas, pero ha elaborado más de 2.000 simulaciones de vertido en esta zona, así como sus consecuencias sociales y económicas en el caso de que llegara a impactar en la costa. «Lo primero que me gustaría dejar claro es que no tendría por qué ocurrir un vertido», subraya.

Si en el caso de Canarias el Estudio de Impacto Ambiental cifra en dos o tres días el «tiempo mínimo» estimado para recorrer los 60 kilómetros que le separan de la costa canaria, una de las simulaciones defendidas por Bergueiro sitúa en 47 horas y 30 minutos el tiempo de llegada de un posible vertido hasta la Reserva Natural de Es Vedrà, el punto más próximo a la zona de prospección. Curiosamente, el mismo lugar elegido por Greenpeace para desplegar cien metros de barreras anticontaminación, en protesta contra el proyecto de Cairn Energy.

Aunque Bergueiro reconoce que en otras condiciones la mancha podría ser «mucho más rápida», recuerda que 47 horas y 30 minutos es tiempo suficiente para reaccionar, si hacemos caso a las 24 horas cifradas por el Gobierno para llegar a las islas con barreras y equipos anticontaminación. «El único problema es que cuanto más se tarda en reaccionar más se dispersa la mancha», que suele viajar al 3,5% de la velocidad del viento, explica.

El doctor en Química da más importancia a las corrientes de superficie que a las submarinas, ya que el crudo que se extrae del fondo marino flota siempre hacia la superficie, aunque en sus primeros movimientos siga las inclinaciones de las corrientes intermedias, que en este caso perjudican claramente a las Pitiüses.

Tras tocar en Es Vedrà el vertido analizado por Bergueiro, de unas 28.000 toneladas, seguiría hacia el sur en dirección al puerto de la Savina en Formentera, y entraría en s'Estany des Peix. Sus estudios valoran en unos seis millones de euros recuperar y limpiar tan sólo S'Estany.

Otras simulaciones, con las que asegura que seguirá trabajando a lo largo del próximo año, apuntan a cinco modelos más o menos parecidos, cuyas consecuencias sobre el mapa le han llevado a arrastra el vertido a zonas tan alejadas como Menorca, Cabrera o Santa Ponça.

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