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'A pesar de todo, mi visión del mundo siempre es esperanzada'

El Mundo El Mundo 04/06/2014 ANTONIO LUCAS

Antonio Colinas es un poeta demorado de escritura constante. Un hombre de meditación lírica. Un creador que ha emprendido expedición por los géneros de la literatura con el ancla firme en la poesía. El mundo lírico de Colinas es ancho, totalizador como en Juan Ramón Jiménez (aunque menos exaltado), más recogido en lo íntimo y su cifra. Es un poeta esencial de lo esencial que cree en la poesía no sólo como revelación, sino la estafeta de un saber hacia lo hondo que no interrumpe la mirada sobre el presente.

En los últimos años trabajó en un amplio conjunto de versos que, una vez reunidos bajo el título de 'Canciones para una música silente' (publicado por Siruela), ha tomado cuerpo de 'summa' poética. Una suerte de recorrido por las distintas voces que han apuntalado la voz de Antonio Colinas, pero abriendo sendas nuevas, espacios por los que echarse a caminar como por vez primera.

"En este volumen hay reunidos lo que podrían ser ocho pequeños libros, cada uno con su voz, con su mundo adentro, pero que en definitiva son lo que es y busca ser mi poesía", explica el autor. "Está Oriente, está China, está el mundo mediterráneo, está la naturaleza de León... Todos aquellos paisajes que, de algún modo, me han perfilado". Pero la clave de lo que es para Colinas la palabra, su alcance, su efervescencia y su enigma, está principalmente en las dos secciones finales, 'Valle de Sansueña' y 'Llamas en la morada'. En uno de esos textos, en un poema breve de siete versos establece, muy atomizada, lo que podría ser su poética: "Sólo quisiera/ escribir mis palabas con silencios:/ escribir el poema sin palabras".

Realidad inmediata

Pero ante esa metafísica de plenitud del ser, aquí aparecen de nuevo (aunque con más presencia), asuntos y temas de la realidad inmediata: "Antes ya había hecho poemas sobre la caída del Muro de Berlín o los atentados del 11M, pero aquí parece que ese aspecto ha tomado más fuerza. Hace años que tengo la obsesión de avanzar también hacia un poema más depurado, más sintético", sostiene Colinas.

Un viaje a México le llevó a dar su visión sobre los inmigrantes que pasan la frontera. Un texto que vuelve una y otra vez a lo actual con la situación de los subsaharianos en Melilla. "La preocupación por el presente ha vuelto a la poesía de los más jóvenes. Y eso se aprecia en que las promociones últimas escriben con más libertad, con un lenguaje más rico... Pero en lo que se refiere a mi acercamiento a los asuntos de la realidad, en los Siete poemas civiles, son constatación de hechos, no una apuesta por lo testimonial", explica Colinas.

Los desaparecidos anónimos de la Guerra Civil. O figuras como la de Unamuno o Leopoldo Panero (patriarca de la saga) cruzan por esta sección de 'Canciones para una música silente'. "Me parece que después de muertos todos los Panero había que dar una visión del todo. Me afectó mucho la muerte de Leopoldo María. Mantuve con él una buena relación, a pesar de que era un hombre muy difícil. Debajo de todo su desastre lo que había era una enorme falta de afecto".

Antonio Colinas sigue manteniendo el entusiasmo ante la poesía. Aquel poeta entre el culturalismo, el barroquismo y una honda veta romántica que alcanzó su cumbre en 'Sepulcro en Tarquinia' (1975), dio paso a un escritor meditativo que no perdió fuerza y sí ganó en profundidades. "Sigo creyendo en la poesía como espacio de conocimiento. La palabra me permite superar las pruebas que me va poniendo la vida".

El escepticismo no ha atacado a Antonio Colinas. No es ésa su estructura de defensa. Sigue siendo un ciudadano vibrante de ideas y emoción. "Mi visión del mundo siempre es esperanzada, a pesar de que vivimos tiempos críticos. Tiene que ver con mi esperanza en la plenitud del ser". Una esperanza que no es ingenuidad, sino certeza en que algo, siempre, está a punto de cambiar.

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