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A ver si le va a faltar gol al Madrid

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 25/09/2017 Óscar Sanz
Cristiano se lamenta durante el partido contra el Alavés. © Gonzalo Arroyo Moreno Cristiano se lamenta durante el partido contra el Alavés.

Acostumbra uno en sus ratos libres a recabar la opinión de gente de orden, entre los que incluso hay compañeros de trabajo, acerca de los últimos acontecimientos futbolísticos, que más veces de lo recomendado giran en torno al Madrid y el Barça. Son pareceres que ayudan a la hora de dar cuerpo y forma a este chascarrillo que leen. No diremos nombres, pues poco le interesan al lector las compañías que este opinador frecuente, pero sí es noticioso exponer que entre algunos madridistas ha enraízado la sensación de que las cosas no van bien. Es curioso que así sea tratándose de un equipo que en los últimos tiempos lo ha ganado todo y de qué manera. Pero lo ocurrido en la Liga, con dos empates y una derrota en casa consecutivos, ha provocado una cierta desazón en algunos aficionados, muy de desazonarse, quizá porque están poco acostumbrados a este tipo de percances. “La Liga está perdida”, llegó a proclamar uno de ellos tras ver al equipo alejarse a siete puntos del Barça. Lo mismo da que del torneo solo se hayan disputado seis jornadas. Uno, ávido por ampliar sus conocimientos, preguntó a qué se debía semejante estado de pesimismo, de difícil comprensión teniendo en cuenta que esto no ha hecho más que empezar. “Nos falta gol”, fue la respuesta. Convenía pues asegurarse de que servidor y su interlocutor hablaban del mismo equipo, el Madrid, ese que ha estado 73 partidos seguidos marcando. Aclarado que sí, que era el Madrid, quedaba por saber si tan extraña sequía se debía a la ausencia que hubo de Cristiano, la que hay de Benzema o a que los brutales taconazos que se inventa Bale en el aire y de espaldas dan en el poste. “Lo que ocurre es que se nota mucho la falta de Morata”, fue la respuesta. Ya no hubo más preguntas.

Tiempo atrás el Madrid sacaba adelante algunos de sus partidos con goles que algunos calificaban de milagrosos, y que adquirían esa condición por el mero hecho de llegar en los instantes finales de un partido. No culpaban de ello a la fe de los futbolistas y mucho menos a los conocimientos de Zidane, ese señor tan simpático que no ha necesitado inventar el fútbol para ser uno de los personajes más trascendentes en la historia del fútbol. Aquellas remontadas eran cosa del azar, representado por una flor que el técnico tenía en salva sea la parte. Así que como en los últimos partidos no ha habido remontada que echarse a la boca, pues tocaba interrogar a Zidane sobre el destino del famoso capullo que lucía en lo más íntimo de su anatomía: “Sigo teniendo flor, no os preocupéis”, contestó el técnico para tranquilidad del madridismo y de los botánicos.

“La gran depresión”, tituló un periódico de Barcelona en su portada tras aquellos tropiezos del Madrid en Chamartín. Servidor cree que es un poco temprano para emitir tan grave diagnóstico. Y no ya porque el Madrid haya ganado cuatro títulos en los últimos cuatro meses, sino porque uno, en su ignorancia, ve cómo sus jugadores, uno tras otro, día sí día también, acuden al club ataviados con sus mejores galas a firmar sus contratos de renovación. Y se hacen fotos, además. Da la sensación de que existe un proyecto deportivo en el club y que los futbolistas quieren participar en él. Pero es solo eso, una sensación. Porque esto del fútbol cambia a una velocidad de vértigo. Que se lo digan a Ernesto Valverde, técnico del Barcelona, que acaba de dejar una reflexión para el recuerdo. “A un lado del muro están Madrid y Barça. Yo vengo de la otra parte del muro así que... ¿La crisis del Madrid? Hace un mes el Barça era una hecatombe…”. Es lo que tiene el sentido común, que permite decir cosas así de sensatas.

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