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A vueltas con el coche autónomo: la tecnología, ¿al servicio del ser humano?

ABC ABC 08/07/2016 J.M. Sánchez
Detalle de un coche de Google © ARCHIVO Detalle de un coche de Google

La reciente muerte de un conductor a manos de un vehículo Tesla Model S después de activar el sistema de autopilotaje ha encendido las alarmas acerca de la evolución del coche del vehículo. Esos cuestionamientos, muchos de ellos fundados, apelan a la idea de las aportaciones de la tecnología para mejorar la seguridad en el transporte rodado, que engloba pese a la concienciación de la sociedad preocupantes tasas de siniestralidad.

En su gran mayoría, aseguran las asociaciones y organismos implicados en los asuntos de tráfico, el componente humano ha estado presente en la gran mayoría de accidentes con víctimas mortales. Sea por razones externas (consumo de estupefacientes o estado de embriaguez) como por cuestiones relacionadas con la naturaleza humana (cansancio o despistes), lo cierto es que gran parte de los problemas de tráfico se debe a la conducción manual y, por extensión, a la persona.

La tecnología, como en tantos otros casos, va siempre dos pasos por delante del reglamento. La industria del motor, una de las más potentes del planeta, ha sido consciente de la importancia de aplicar los avances tecnológicos surgidos en cada época. El motor de explosión, pilar del sistema, ha sido uno de los mayores ingenios de la historia. Una verdadera revolución que ha permitido acercar ciudades y establecer comunicaciones más próximas.

Observamos como el transporte por rieles (trenes), que fue parte fundamental para el avance y el progreso de los países, también se encuentra en proceso de cambio. Pero, ¿y el coche? Los fabricantes de automoción, pioneros y vanguardistas, han añadido elementos de seguridad y múltiples añadidos tecnológicos que han facilitado la conducción. Algunos se ofrecen ya como un estándar más en la mayoría. Modelos de los años cincuenta disponían de elevalunas eléctricos. Sistemas de climatización están presentes en los coches desde hace varias décadas. Sistemas de seguridad es una constante en evolución, sea ABS, control de crucero, airbags, barras laterales, cristales o conducción asistida.

El siguiente paso, y el sueño de muchos, es extender los sistemas de autoconducción y autopilotaje. Suena a ciencia-ficción, pero hoy en día es posible que un coche se mueva de forma autónoma, pero todos los modelos se encuentran aún en una profunda fase de desarrollo y exploración como para poder afirmar que más pronto de lo que nos pensamos un coche robótico vendrá a nuestra casa a recogernos y nos llevará sin la necesidad de poner las manos al volante hasta nuestro destino, por ejemplo, para ir al trabajo.

La conducción autónoma, aunque se han dado pasos importantes, aún no está demasiado depurada como para hacer sonar las campanas de un futuro donde no existan accidentes, atascos ni problemas de estacionamiento. Es posible, sí, y esto es ya aventurarse más de la cuenta, que esta visión será real dentro de varios años, pero por ahora, estamos ante un cambio de paradigma y un refulgir de esperanzas. En ese trasiego hacia el futuro las firmas procedentes de la esfera tecnológica han tomado el relevo de la innovación, dejando a la tradicional industria automovilística en un segundo plano, que ahora intentan recortar con alianzas y duplicar esfuerzos en I+D.

A ello, hay que sumar una profunda revisión de los marcos regulatorios. El coche conectado, por ejemplo, es decir, modelos que permiten generar un habitáculo de conectividad a internet para beneficiarse y disfrutar de los muchos servicios que se ofrecen, es la base para el futuro coche autónomo, aún en una fase muy incipiente y experimental. Uno de los que más esfuerzos ha hecho es Google, que con su modelo Google Car ha puesto en boga el deseo de este nuevo camino del transporte rodado.

Y, pese a sus indudables avances logrados, todavía no se encuentra al nivel deseado. Su flota ha recorrido 93 millones de millas desde que se pusiera en marcha el proyecto y, durante ese tiempo, ha registrado 13 accidentes, uno de ellos más llamativo al impactar con el lateral de un autobús. Sin ir más lejos, y previendo que podría suceder algún lamentable incidente, la autoridad competente del estado de California permitió rodar a los coches del gigante de internet siempre y cuando dispusieran de volante, pedales y en presencia de un conductor humano.

Los ejemplos de coche autoconducido son posibles gracias a la tecnología. Gracias a una amplia red de sensores y cámaras desplegados por toda la carrocería que analizan sistemáticamente y en tiempo real los movimientos del entorno (peatones, giros, señalizaciones, comportamiento del resto de vehículos), algoritmos informáticos y una Inteligencia Artificial que intenta replicar el comportamiento humano en la sociedad de una manera natural. Un software lo hace posible, pero no es perfecto. Tiene fallos y problemas. El sistema es capaz de «aprender» pero requiere de numerosas horas de circulación para abrir el abanico de posibilidades.

Primer muerto con el piloto automático

Con 40 años, el dueño de un Tesla Model S, Joshua Brown, perdió la vida a principios de mayo después de chocar contra el remolque de un camión. Según las primeras investigaciones, el conductor se encontraba viendo la película «Harry Potter» cuando tenía activado el piloto automático. Circulaba a gran velocidad y el vehículo no detectó la distancia dado que las cámaras integradas confundieron la luz blanca del día con el color de la carrocería. Vamos, un problema técnico. Al tratarse de una tecnología aún novedosa, no existe un marco regulatorio al respecto para determinar la cobertura del accidente.

¿Fue culpa del coche? ¿Del ser humano? Desde la compañía, propiedad del magnate Elon Musk, se informa que se trata de la primera muerte con el piloto automático en 209 millones de kilómetros en comparación con un fallecimiento cada 90 millones de kilómetros a bordo de vehículos convencionales. El problema revierte en que según el manual de este modelo el fabricante recomienda desactivar esta función en vías urbanas y tener las manos sobre el volante en caso de requerir la intervención humana. La Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Autopistas (NHTSA) ya ha iniciado las investigaciones para dilucidar el motivo.

Es decir, una ayuda o asistencia en carretera, una evolución del sistema de crucero ya presentes en numerosos coches. Otras marcas como BMW -que se unirá a Intel para crear coches autónomos en 2021-, Mercedes o Volvo ya ofrecen características de conducción semi-autónomo, pero funcionan de manera diferente. En muchos casos sirven de apoyo en caso de que el conductor se duerma o tenga un vahído temporal. Pero poco más. En EE.UU., incluso, han propuesto que los robots consten como conductores. El debate ético y las circunstancias legales pueden retrasar ese futuro que, pese al gran entusiasmo que existe, queda aún mucho camino por recorrer.

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