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Adiós al momento del pago tal y como se conoce

Logotipo de El Mundo El Mundo 29/09/2017 NEREA CASTRO

Pagar es, sin duda, una de las acciones más cotidianas que realiza el ser humano. Dependiendo de la situación, con más o menos ganas, a diario pagamos por productos o servicios que se integran en nuestra vida. El pago es a veces una acción evidente (como cuando usted compra el periódico) y otras, pasiva (como cuando se domicilia el cargo de la luz). Sin embargo, desde hace unos años esta mundana acción está viendo cómo sus cimientos empiezan a moverse y cada vez aparecen más actores que, en general, persiguen dar una mayor comodidad al usuario para que no sea consciente del momento de pago.

«Los pagos van a evolucionar de tal forma que dejaremos de ser conscientes de que estamos pagando. Interactuaremos de forma natural con un entorno en el que ahora tenemos que sacar la cartera cada vez que queremos comprar algo», explica Jorge Ordovás, profesor de banca digital en el Instituto de Estudios Bursátiles (IEB) y responsable de Proyectos de Transformación Digital de Telefónica.

Así, el futuro pasa, explica el experto, por una tienda en la que el usuario coge productos y sale después, sin ser consciente del pago que, además, se hará de manera automática a través de dispositivos electrónicos que no sólo pueden ser los smartphones, sino también wearables como pulseras, relojes o gafas. «Esto es lo que buscábamos desde hace mucho tiempo, porque al consumidor no le interesa el pago, sino lo que viene después», señala Ordovás.

Así, los pagos mediante dispositivos electrónicos conectados entre sí y con los distintos establecimientos serán lo habitual en los próximos años. Iniciativas como Samsung Pay o Apple Pay suponen el primer gran empuje comercial para esta nueva era. Sin embargo, pagar con el smartwatch o el móvil no es la principal novedad que el futuro nos depara en este sector.

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La auténtica revolución serán los pagos mediante herramientas de identificación biométricas como el iris, el rostro, la huella o un parpadeo... algo que vendrá mucho más tarde. «La tecnología que permitirá hacerlo ya existe y está disponible, pero la gente todavía no la va a utilizar por temor y porque es poco accesible», cuenta Pablo Tur, responsable de la vertical de medios de pago en la Asociación Española de Fintech e Insurtech (AEFI). Primero, estas tecnologías deben estandarizarse y, luego, acercarse a la población para conseguir generalizarse después, como por ejemplo ha sucedido con la confirmación mediante huella dactilar que ahora incorporan buena parte de los terminales móviles.

Resistencia al cambio

Sin embargo, tal y como señalan los expertos, en España estamos todavía lejos de ambos momentos: la extensión del pago con dispositivos móviles primero y la biometría después. «Aunque estamos muy acostumbrados a pagar con tarjeta, todavía la mitad de los comercios españoles no posee un TPV», recalca el profesor del IEB. El salto, por tanto, será grande en un país que ocupa los primeros puestos del manejo del efectivo en Europa. Según el estudio Total Retail 2016 de PwC, el dinero en metálico sigue siendo el método más usado para realizar los pagos en España (77%), seguido de las tarjetas de débito (56%) y de crédito (51%). Por detrás todavía se sitúan métodos de pago electrónicos (43%) y, en último lugar, los pagos móviles (8%).

El salto que hay que dar para llegar al futuro de los pagos biométricos es, por tanto, grande. «En el camino, a medida que avance el pago móvil y la sistematización, lo que se va a ir reemplazando es la tarjeta física y el siguiente paso, que en algún momento sucederá, es que la tarjeta ya no tendrá sentido porque es sólo un numerito relacionado con otro», cuenta Tur. En el caso específico de España, eso nos conduce a pensar, tal y como señala el profesor del IE Business School, que la tarjeta desaparecerá antes que el efectivo.

En la lista de frenos para su implantación se encuentra todo lo que concierne a la ciberseguridad. Sin embargo, los expertos insisten: ¿es más segura una tarjeta de crédito que se puede duplicar o gastar sin saber el PIN hasta 20 euros o tenerlo todo almacenado en el móvil? Se decantan por la segunda, aunque «todavía quedan generaciones que no llegarán a aceptarlo», comenta López.

el espacio de la compra

Este futuro modelo de pagos implicará también cambios en la concepción y distribución de la misma tienda. Tendrán que estar totalmente sensorizadas y si eliminamos la caja tradicional, ¿qué sentido tendrán las actuales alarmas, por ejemplo, de la ropa que sólo pueden quitarse con imanes? «La protección de los artículos será necesariamente distinta y esa es un área que todavía hay que resolver», comenta el profesor del IE.

Además, esta nueva era de los pagos supondrá que el comprador, en un espacio físico, esté siempre identificado y registrado previamente. «Nos moveremos necesariamente en núcleos cerrados de compra», señala Tur, de modo que el quiosquero al que usted compró este diario pueda cargar el cobro directamente sin que el cliente tenga que hacer nada más que cogerlo del expositor y llevárselo a casa.

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