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Al borde del precipicio

Logotipo de El Confidencial El Confidencial 04/10/2017 Joan Tapia

Muchos catalanes que se sienten catalanes y españoles, que apostaron en 1977 por una Cataluña autónoma en una España abierta y democrática —y que lo siguen haciendo— llevan años preocupados. Por una parte, un Gobierno de Madrid que entiende poco y que —más grave— no quiere aproximarse. ¿Ha habido en los gobiernos de Rajoy algún representante del catalanismo moderado? No, ni un Piqué.

Por la otra, un independentismo rampante con tintes populistas que cree en la independencia sin dolor y que en Europa nos están esperando con los brazos abiertos. ¿Sectarios? ¿Incompetentes? ¿Ilusos? ¿Las tres cosas?

Pero desde el domingo, la preocupación se transmutó en tristeza. ¿Y si todo estuviera perdido y no quedara otra opción que vivir en una España cerrada e insensible o en una Cataluña en vías de empobrecimiento moral y material?

Es peligroso seguir por esta vía porque la tristeza persistente es mala para la salud y negocio para los psicoanalistas. Ayer al mediodía, el tuit de un desconocido logró hacerme reír. Bastante. Decía: "¡Dios, ha sido desenterrar a Dalí y todo se ha vuelto surrealista!". Y bien mirado, puede ser una forma de asumir la realidad.

El domingo, un Gobierno catalán que se había saltado la Constitución del 78, votada más por los catalanes que por el resto de los españoles, y el propio Estatut, que exige una mayoría de 90 diputados y no de 72 para asuntos relevantes, había convocado un referéndum unilateral e ilegal sobre la independencia de Cataluña. ¿Surrealismo? Lo más daliniano fue que las fuerzas de orden enviadas para garantizar el orden se dedicaron, a primera hora de la mañana, a entrar en los colegios electorales —que no lograron mantener cerrados— y a intentar hacerse con las urnas que antes no habían sabido encontrar. Y que con este fin no dudaron en romper cristales y golpear a ciudadanos que esperaban poner una papeleta en la urna. Con la misma actitud con la que se disuelve una manifestación que se pasa de la raya.

Pero los ciudadanos no eran manifestantes ni activistas sino que formaban parte del 47,8% de catalanes que votaron a partidos independentistas en las elecciones de 2015. Y que, aunque quieran irse de España, tienen derecho a ser tratados como ciudadanos de un país libre y europeo. Y la brutalidad policial —no culpa de la policía sino de los que los habían enviado— fue conocida con rapidez por millones de personas en todo el mundo. ¡Un Gobierno que dice proteger la unidad de España enviando la policía a reprimir no a violentos manifestantes sino a aspirantes a votar en un referéndum! Los que lo habían convocado seguían disfrutando de sus coches y despachos oficiales, pero el ciudadano que quería votar era amenazado por las porras de la policía. Como en la España de Franco. ¡Dalí puro!

Y las escenas fueron tan chocantes que provocaron una onda de indignación que traspasó las fronteras de Cataluña y de España. La prueba es que el Parlamento Europeo ha cambiado su orden del día y discutirá hoy la violencia policial en Barcelona. El Parlamento español no lo hará hasta la próxima semana. ¡Quizás haya resucitado la conspiración judeomasónica contra España que ya Franco denunció!

Por la noche, vimos a Rajoy. Pareció no haberse enterado de nada. No dijo que el referéndum no tenía valor jurídico por carecer de garantías (la última, de la misma mañana, fue dejar votar en cualquier colegio), sino que no había habido referéndum, cuando en Barcelona hubo grandes colas. Añadió que la democracia española se había sabido defender y que “hemos hecho lo que teníamos que hacer”. Ni una palabra para lamentar los incidentes. ¿Dalí puro?

Luego, cuando se inquiere de qué sirven tantos servicios de seguridad si a la hora de la verdad no saben ni encontrar unas urnas, ni cerrar locales públicos, ni impedir una votación, la contestación oficiosa es que se confiaba en los Mossos. No nos pasemos de surrealismo, pero es como decir que los servicios de inteligencia estaban externalizados en los seguratas de una cadena de supermercados.

Y el desvarío continúa. El presidente de la Generalitat —que pudo votar burlando al helicóptero que le seguía cambiando de coche bajo un puente y dirigiéndose a otro colegio electoral— no solo condenó y exageró la violencia policial sino que —sin dar datos— aseguró que en la jornada Cataluña se había ganado el derecho a la independencia y que dentro de pocos días el Parlamento actuaría en consecuencia. O sea, que haría una DUI (declaración unilateral de independencia). Aunque el lunes matizó y pidió la mediación europea.

Y luego ha venido lo de manipular el juicio de la prensa internacional. Unos dicen que condena la brutalidad policial. Otros, que asegura que el referéndum carece de toda validez. He leído con atención los editoriales de los tres diarios que en mi opinión son más seguidos por los gobiernos occidentales —'Le Monde', el 'Financial Times' y el 'New York Times'— y parece que los políticos del PP y los independentistas solo han leído el medio editorial, que les conviene.

Vamos a 'Le Monde'. Empieza su editorial en portada (nada habitual) y dice: “Si el Gobierno español hubiera querido ayudar a los independentistas, no lo habría hecho mejor. Las imágenes de la policía española interviniendo, a veces brutalmente, para impedir a los catalanes ir a votar a un llamado referéndum de autodeterminación, han hecho progresar la causa del separatismo. Entre las dos partes, la fractura se ha hecho más grave. España se adentra en una mayúscula crisis política… La acción de la policía española contra gentes de todas las edades que iban a votar no será olvidada pronto por los catalanes, incluso por los que —probablemente una mayoría— no son independentistas".

Declaración del presidente catalán Carles Puigdemont y su Gobierno tras el referéndum. (Reuters) © Proporcionado por El Confidencial Declaración del presidente catalán Carles Puigdemont y su Gobierno tras el referéndum. (Reuters)

Pero añade: “El referéndum era claramente contrario a la Constitución democrática de España y no ha respetado las normas propias de un país de la UE. Si creemos al señor Puigdemont, el sí a la independencia —dos millones— ha obtenido el 90% de los votos pero la abstención ha sido del 60%. ¿Es suficiente para autoproclamar la independencia? En el resto de Europa, ningún Estado está dispuesto a reconocer este resultado”.

Los tres diarios aseguran que España y Cataluña están en un 'impasse' y que sería necesaria una negociación, pero que ni Rajoy ni Puigdemont, ni los partidos que tienen detrás, están dispuestos. ¿Un 'impasse' permanente? Sería un sueño daliniano. Mientras tanto, en Madrid lamentan mucho los actos y gestos de intolerancia con la policía españolae incluso con Ferreras y los periodistas de La Sexta—, ciertamente preocupantes, que se han producido. Y ayer en Barcelona miles de manifestantes —mucho de ellos jóvenes y en actitud festiva— se manifestaron en una jornada de 'paro de país' (huelga general a la carta) en que los huelguistas se paseaban tranquilamente por entre las terrazas de la Rambla de Cataluña —unas abiertas e incluso con manteles blancos y copas de vino altas, y otras cerradas—.

Y ya entrada la noche, el Rey compareció en TVE. Tuve que cerrar las ventanas de casa porque la cacerolada (adelantada una hora y acompañada de la consigna de no oír al monarca) era fuerte. ¿Qué quieren que les diga? Habría preferido que el Rey permaneciera callado, porque el momento es quizá solo muy grave y el Rey debe reservarse para una extrema gravedad. Lo que dijo era correcto para un columnista sensato de centro-derecha, pero ese no debe ser su papel. Y en el discurso vi el espíritu de Moncloa. Lógico, porque es un Rey constitucional. ¿Necesario? ¿Conveniente? En todo caso, podía haber recordado que fue príncipe de Girona y sigue atentamente cada año los actos de la fundación. Podía haber dicho algo en catalán. Podía haber lamentado malos entendidos y mostrado alguna preocupación por los incidentes del domingo. En resumen, podía haber intentado estar cercano. Una cosa es ser rey constitucional y otra cosa parecer el portavoz moderado de Rajoy.

Pero hoy quizá Dalí nos salve del infierno al que estamos descendiendo. Pensé que el 'impasse' permanente y creciente había tenido un alto. Que el Rey no había ido a TVE sino que había comparecido el ministro Zoido y había dicho que el referéndum era ilegal y que constitucionalmente no debía permitirse, pero que el operativo —por motivos X— había tenido fallos y que —no por culpa de las fuerzas policiales sino de cierta improvisación y la actitud inesperada de otras fuerzas— se había producido algún hecho lamentable. Que había actuado de buena fe y con diligencia, pero en democracia un ministro debe asumir los fallos de sus subordinados y no hacer recaer la responsabilidad en sus superiores. Como consecuencia, había presentado su dimisión irrevocable al presidente del Gobierno, que la había aceptado.

Zoido se comportaba como un ministro inglés. ¿Podrían los otros seguir creyendo que eran el partido nacionalista de una colonia oprimida y haciendo que algunos de sus seguidores gritaran “asesinos” a la policía española?

Pero Dalí vuelve a estar enterrado bajo una gran losa en su museo de Figueras. Algunos dicen que para hacer una tortilla —la independencia o salvar España— hay que romper huevos. Hacer cosas no agradables. El problema es si se rompen muchos huevos y no se sabe hacer ninguna tortilla. Si el resultado final es solo de muchos huevos rotos.

Un momento de la manifestación llevada a cabo en los Jardinets de Gràcia, en protesta por las cargas policiales del 1-O. (EFE) © EFE Un momento de la manifestación llevada a cabo en los Jardinets de Gràcia, en protesta por las cargas policiales del 1-O. (EFE)
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