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Al final, el Barça tenía más municiones

El Mundo El Mundo 16/06/2014 VICENTE SALANER

Un partido espasmódico entre dos equipos heridos y angustiados ha cerrado la serie más larga y extraña de estos playoffs -quizá de todos los playoffs en la historia de la ACB- , pero al final el Barcelona ha evitado merecidamente ese récord negativo, ser eliminado tras empezar imponiéndose 0-2 fuera de casa. Más aún: su nuevo récord, el de ganar tres veces fuera, puede resultar inigualable para los restos.

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Al final, quien vive del tiro lejano muere del tiro lejano, y aunque el Barcelona pagó muy cara en los dos partidos del Palau su propia falta de acierto, al final el equipo más completo, el que tras la lesión de Bojan Dubljevic poseía más argumentos en el juego interior, ha acabado rompiendo el encuentro. Esa segunda mitad, con la contribución ofensiva del heroico Marcelino Huertas y de un buen Juan Carlos Navarro, que obligaba a estirarse a la defensa valenciana y liberaba dentro a Ante Tomic y al mejor Erazem Lorbek de la serie, fue un suplicio para el Valencia. A golpe de coraje y de los últimos triples que le quedaban en la recámara logró el empate postrero, pero dejando suficiente tieseu último e impecable tirito a tablero...

La final va a oponer por tanto a los dos dominadores de nuestro baloncesto, después de que ambos sufrieran mil muertes para ganarse la plaza. El Madrid habrá tenido una semana para restañar heridas, y al Barça no le vendrán mal estos cuatro días: si vemos la rotación de anoche, con Marcelinho jugando por primera vez de la temporada el partido entero (algo prácticamente inaudito en el baloncesto actual), más 34 minutos de Navarro y 31 de Tomic, comprenderemos la dosis totalmente inhabitual de desgaste que ha tenido que consentir un Xavi Pascual obligado a tomar medidas desesperadas. No hace falta ser un lince para avizorar que el técnico catalán tiene una confianza muy limitada en varios de sus hombres, y que en este caso todo lo ha confiado al núcleo de aquellos en los que sí cree. Uno de ellos, Kostas Papanikolau, no respondió esa confianza, pero a cambio sí que lo hizo Lorbek, que últimamente estaba por méritos propios metido en la proverbial perrera de Pascual.

Hace tiempo que no asistíamos a una final de la Liga ACB a la que ambos participantes llegan entre más dudas y discusiones que manifestaciones de admiración. Pues ése va a ser el caso. ¿Una final para perderla, no para ganarla?

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