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Al Sisi, el incierto salvador de los cristianos de Egipto

El Mundo El Mundo 08/06/2014 FRANCISCO CARRIÓN

La menguante minoría cristiana de Egipto ha elevado a los altares al mariscal de campo antes incluso de que jure hoy el cargo bajo la mirada de togados y emisarios extranjeros. Su veneración germinó el pasado 3 de julio cuando el entonces jefe del ejército anunció el golpe de Estado escoltado por las máximas autoridades del país, entre ellas, el papa de la Iglesia Ortodoxa Copta Teodoro II.

El patriarca de una confesión que profesa alrededor del 10 por ciento de los egipcios no ha ocultado desde entonces su debilidad por el ex militar, al que suele llamar "patriota competente" que "rescató a Egipto" de los temidos Hermanos Musulmanes y su año en el poder. Esta semana, tras cosechar el 96,9 por ciento de los votos, Teodoro II aplaudió su victoria como "la señal de la voluntad popular" ignorando el clima de terror que rodeó los comicios, con varios miles de muertos y más de 41.000 encarcelados desde la asonada.

"Al Sisi es un señor respetuoso que salvó a la nación y cumplirá las demandas del pueblo, no solo las de los cristianos", dice Yusef, un joven copto que regenta una tienda de venta de alcohol en el barrio cairota de Shubra. En el vecindario, de mayoría cristiana, los carteles con la figura de Al Sisi enfundado en traje civil o uniforme militar rezuman amor mesiánico. "Es un regalo para Egipto", reza un cartelón que ocupa la fachada de un bloque de apartamentos.

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"La mayoría de los cristianos, como los musulmanes, sienten gratitud hacia Al Sisi. Durante los dos últimos años, muchos coptos se acostumbraron a intercambiar sentimientos de pesimismo e inseguridad. Ahora estamos mucho más cómodos y felices aunque la Hermandad lleve a cabo actos terroristas", cuenta a EL MUNDO Yusef Sidhom, director de 'Watani' ('Mi tierra', en árabe), el principal semanario copto.

Desamparo gubernamental

El respaldo a Al Sisi ha colocado a la minoría cristiana -la más vibrante de Oriente Próximo pese al flujo continuo de fieles que emigran hacia Europa o Norteamérica- en el blanco de los islamistas. En agosto, tras el sangriento desalojo de las acampadas de El Cairo, la revancha se propagó por la provincia sureña de Minya donde medio centenar de iglesias, viviendas y comercios cristianos resultó pasto de las llamas.

Once meses después del ocaso de , la comunidad copta padece aún los frutos de décadas de retórica sectaria y desamparo gubernamental. El lunes una turba prendió fuego a varias tiendas propiedad de cristianos en Luxor, en el sur del país, ante la inacción de policía y ejército. Los procesos por blasfemia y las trabas para edificar templos o ascender en la administración perviven. "Será lo que dios quiera. Debemos hacer aquello que diga Teodoro, nuestro padre", replica Samuel Suleiman, un ferretero de 70 años, cuando se le interroga por el próximo 'rais'.

Los activistas cristianos, que censuraron la complicidad del anterior patriarca con el derrocado , recelan también de los nuevos lazos con Al Sisi y de la estrategia de apoyar a un autócrata para escapar de los fundamentalistas. No han olvidado que en octubre de 2011 el ejército convirtió una marcha pacífica de coptos en un baño de sangre. Durante la campaña, el ex militar -respaldado por una facción salafista (rigorista) y su discurso sectario- se ha comprometido vagamente "a trabajar por un clima más agradable para todos". "Aunque muchos cristianos lo ven como un salvador de los islamistas, el tiempo puede desvelar que no está dispuesto a satisfacer las aspiraciones de igualdad y ciudadanía plena que reclamamos", advierte el bloguero Mina Fayek.

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