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Al Sisi se corona presidente de un Egipto dividido y en grave crisis

El Mundo El Mundo 08/06/2014 FRANCISCO CARRIÓN

Con enormes incógnitas sobre su maña política, su capacidad para obrar el milagro económico y el tiempo que durará su luna de miel con una sociedad polarizada y acostumbrada a las barricadas. El ex líder castrense Abdelfatah al Sisi es desde este domingo el noveno presidente de la República Árabe de Egipto tras cosechar el 96,9% de los votos en unos comicios ensombrecidos por los 11 meses de represión y culto a su figura que sucedieron al golpe de Estado.

Un imponente despliegue de seguridad ha blindado los alrededores de la sede del Tribunal Constitucional, el edificio de estilo neofaraónico ubicado en el barrio cairota de Maadi donde se celebra la investidura a primera hora de este domingo. Tras la proclamación, se ha celebrado una gala en el palacio presidencial de Ittihadiya en el barrio capitalino de Heliópolis. A la ceremonia, retransmitida en directo por la televisión pública, han asistido mandatarios extranjeros como un delegación de Estados Unidos, el rey Abdalá de Jordania, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina Mahmud Abbas y miembros de las monarquías del golfo Pérsico.

En un breve discurso desde palacio, Al Sisi ha destacado que se trata del primer traspaso de poder "pacífico y democrático" de la historia egipcia. "Es una nueva era", ha proclamado antes de agradecer la iniciativa saudí de organizar una conferencia de donantes. "Es una gran responsabilidad ser presidente de este gran país", ha recalcado en un mensaje en el que ha citado la necesidad de "reconstruir Egipto", cumplir las demandas de "las dos revoluciones" y sortear los peligros y obstáculos.

La mayoría de los países europeos han sido representados por sus embajadores en la capital egipcia. Fuentes de la embajada española en El Cairo han confirmado a EL MUNDO que en el acto ha participado el jefe de la misión, en estos momentos el encargado de negocios.

"Juro por Alá respetar la ley y la Constitución y trabajar para proteger a la nación y el pueblo de Egipto", ha prometido Al Sisi en un breve acto ante los magistrados del Tribunal Constitucional y un auditorio de generales, ministros, líderes religiosos y emisarios extranjeros. En una alocución previa, el vicepresidente del Constitucional, Maher Sami, ha descrito al ex militar de "hijo obediente de Egipto" y ha insistido en que el 30 de junio (fecha de las multitudinarias protestas que precedieron a la asonada) "no fue un golpe militar sino una revolución popular".

El Gobierno interino, que renunciará en bloque tras la toma de posesión de Al Sisi, ha declarado este domingo jornada festiva en el sector público.

Al Sisi, de 59 años, llega a palacio 340 días después de la asonada que expulsó del poder al islamista -el primer líder civil elegido en las urnas- y su grupo, los Hermanos Musulmanes. Sin experiencia política ni programa electoral, el mariscal de campo resucita seis décadas de yugo militar con unas elecciones parlamentarias en el horizonte diseñadas para configurar un Hemiciclo dócil. El flamante presidente ha prometido mantener la estrategia de 'mano dura' contra cualquier disidencia y recuperar la estabilidad en un país profundamente polarizado y con la economía como prioridad.

Un economía en bancarrota

El ex militar necesita un milagro para capear el temporal económico. Las cifras cortan el resuello: el déficit presupuestario alcanzó el año pasado el 14% del Producto Interior Bruto (PIB), la inflación llegó al 10,3% en el primer trimestre de este año y la tasa oficial de desempleo sobrepasa el 13%. El crecimiento anual, que no llega al 3%, es insuficiente para crear empleo en un país de 90 millones de habitantes con una demografía desbocada y una escasez de recursos que ha vuelto frecuentes los cortes de electricidad.

no ha ofrecido soluciones concretas durante una campaña electoral en la que ha evitado los actos públicos. En sus discursos, según el analista estadounidense Nathan Brown, "se insiste en el deber, el trabajo duro y el interés nacional" sin una ideología clara y con muchas incógnitas acerca de sus habilidades como gestor económico. De momento, Egipto ha sorteado la bancarrota gracias a la inyección de alrededor de 20.000 millones de dólares -en concepto de préstamos, subvenciones y productos energéticos- de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait.

El rey saudí Abdalá II ha llamado a celebrar una conferencia de donantes para ayudar a las maltrechas arcas públicas egipcias pero por primera vez han surgido voces que reclaman reformas económicas para racionar, por ejemplo, un sistema de subsidios de alimentos y energía que engulle más de una cuarta parte del presupuesto estatal. Según Reuters, un consultora estadounidense trabaja bajo auspicios emiratíes en un plan para remodelar la economía que permitiría además desbloquear el préstamo del Fondo Monetario Internacional cuyas conversaciones se estancaron durante la presidencia de Mursi.

Sin oposición en el próximo Parlamento

Uno de los últimos trabajos del presidente interino, el magistrado ha sido dejar bien atado el futuro de un Parlamento dócil que convierte en crónica la debilidad de los partidos políticos. El decreto que regula los próximos comicios legislativos, publicado el viernes junto a otras seis normas, establece que solo el 20% del Hemiciclo se elegirá a partir de listas de partidos. Alrededor del 75% de los 567 escaños será ocupado por candidatos independientes y el restante 5% será designado directamente por el presidente.

La nueva ley prohíbe la participación en los comicios de miembros de organizaciones involucradas en actos de violencia en un intento de vetar el acceso a los Hermanos Musulmanes, declarados "grupo terrorista" por el Gobierno interino sin aportar pruebas de su vinculación con los ataques. No se introduce, sin embargo, ningún cláusula para evitar la concurrencia de figuras ligadas a la dictadura de Hosni Mubarak. Varios partidos políticos han denunciado que la norma serviápara que "hombres de negocios y alianzas familiares y tribales monopolicen el poder legislativo en Egipto".

La disidencia en la cárcel

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El término "reconciliación" ha sido erradicado del vocabulario político. Quienes lo usaron durante los meses posteriores al golpe de Estado han desaparecido de escena, sepultados por la línea dura. El nuevo presidente ha declarado que "no habrá nada llamado " durante su Presidencia, a pesar de las enormes dudas que suscita liquidar un movimiento con 86 años de existencia, curtido en la clandestinidad y enraizado en la sociedad. Los islamistas, con cientos de condenas a muerte dictadas en los últimos meses, no son los únicos objetivos.

La generación que derrocó a Mubarak tras 18 días de protestas también se ha convertido en blanco. Entre unos y otros, la represión de los últimos 11 meses ha segado 3.000 vidas y enviado a la cárcel a más de 41.000 personas. "Cuando alguien habla sobre la dirección errónea que ha tomado el país y las violaciones de derechos humanos o la represión que crecen diariamente, las consecuencias son la muerte o la cárcel", denuncia desde prisión Ahmed Maher, ex coordinador del movimiento juvenil 6 de abril.

El grupo, clave en las revueltas de 2011, fue ilegalizado a finales de abril. "El ambiente actual de represión no es sostenible a largo plazo", reconoce a EL MUNDO el politólogo y activista liberal Amr Hamzawi, quien afirma que no se logrará la estabilidad si el régimen apuesta sólo por soluciones de seguridad. "La manera de progresar es abrir otra vez espacios para la competición política", concluye.

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