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Alarde de Tonadilla

Notodo Notodo 24/11/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "Alarde de Tonadilla" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Alarde de Tonadilla"

Siempre que escribo sobre Tribueñe digo lo mismo: es un auténtico viaje en el tiempo. Pero es que es verdad y no me importa repetirme cual ajo en conserva. No hay nada parecido en la escena actual que despierte las sensaciones que irradian estos auténticos tesoros imaginados por Hugo Pérez de la Pica y la troupe tribueñesca. Que culminan ahora con Alarde de Tonadilla, una historia de la copla.

Alarde de tonadilla es un compendio escénico y auditivo de las tonadas que fueron populares a lo ancho y largo de la geografía española (que no va a las coplas como las que conocemos de las de ahora, sino a un folclore más regional) sin hilo conductor aparente (es decir, no hay historia como tal) pero con sentido y ritmo interno. Intercaladas, eso sí con unos versos, entre abstractos y rabiosamente clásicos lanzados al respetable por un señor de maravillosa voz y presencia llamado José Luis Sanz.

En el escenario, entre que copla va y copla viene, van y vienen también unas monstruas que bailan y cantan y que son puro arte (Candela Pérez, Raquel Valencia, Helena Amado, Badia Albayati, Ana Peiró) y un bailarín (Alberto Arcos) que tres cuartos de lo mismo. Si con Por los ojos de Raquel Meller dio el pelotazo y con Paseíllo confirmó que era un genio, con este Alarde de TonadillaHugo Pérez de la Pica se consolida (aún más si cabe) como uno de los pocos creadores fielmente anclados a una tradición española que, si no fuera por gente como él y los de Tribueñe, se perdería (como lágrimas en la lluvia).

Verdaderas joyas estos montajes, que aúnan el arte en vivo de interpretaciones con garra, pero también una puesta en escena especial y única que nos facilitan meternos en este agujero de gusano espacio-temporal. Fantásticos (e inquietantes casi) esos telones pintados, extraordinaria iluminación llena de claroscuros, deliciosos maquillaje y peluquería (y es que las intérpretes tienen caras de antiguas, que dirían las abuelas)... pero lo del vestuario es algo de otro universo. Maravilla la capacidad de tal despliegue en un teatro de las estas (humildes) características como es Tribueñe. Una auténtica gozada (casi un delirio, más bien). No os perdáis este alarde (creativo, artístico, estético y musical) profundamente folclórico y por ello increíblemente audaz (y mucho más moderno que otros que claman serlo) que es Alarde de Tonadilla. Olé y olé.

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