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Alepo-Esmirna-Lesbos-Sabadell

Logotipo de La Vanguardia La Vanguardia 26/09/2017
Sevan, en primer plano, con su marido, Ismail, que sostiene en brazos a Hasan, el pequeño de la familia, nacido en Sabadell © Image LaVanguardia.com Sevan, en primer plano, con su marido, Ismail, que sostiene en brazos a Hasan, el pequeño de la familia, nacido en Sabadell

Sevan, Ismail y sus hijos forman parte del contingente de refugiados que han cruzado el Mediterráneo huyendo de los bombardeos. Las ruinas en que quedó su piso del barrio de Al-Ashrafia de Alepo simbolizan la destrucción de Siria, un país que ha visto como 11,5 millones de sus habitantes se veían abocados al éxodo, 6,3 millones dentro de sus propias fronteras y los restantes 5,2 en el extranjero, como refu­giados, según datos de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur). Desde hace 15 meses, esta familia reside en Sabadell dentro del programa de reubicación de refugiados, procedentes de los campamentos de Grecia e Italia, impulsado por la Unión Europea (UE) con escaso éxito.

La mayoría de gobiernos europeos no ha cumplido con sus compromisos. Europa sólo ha acogido a 28.579 de los 98.272 refugiados que había pactado recibir en un periodo de dos años que concluye hoy. Y España es uno de los principales incumplidores. Las 1.279 personas que han llegado hasta el momento sólo representan el 13,7% de la cifra prometida. Sevan e Ismail integran este grupo de 1.279 refugiados. Su historia es calcada a la de tantas otras víctimas de los combates en Siria, Irak, Afganistán, Somalia, Eritrea... “A mi hermano –relata Sevan– lo mató una bomba y nosotros decidimos marchar de Alepo e instalarnos en Afrin, donde viven mis suegros, kurdos como mi marido, que tuvo que dejar su trabajo de tornero”.

La mayoría de gobiernos europeos no ha cumplido con sus compromisos

En Afrin, la vida tampoco era fácil. Sin agua corriente, ni electricidad, ni escuela para sus hijos, Ahmed y Asia, que ahora tienen seis y cinco años. Hasan, el pequeño, de cuatro meses, nació en Sabadell. El plan inicial era ir a Alemania, donde hace tiempo que residen tres hermanos de Ismail. Así que en enero del 2016 emprendieron a pie una marcha de 60 km hasta llegar a Turquía. “En la frontera cogimos un autobús hasta Esmirna. Había mucha gente esperando poder embarcarse rumbo a Grecia. Negociamos precios y pagamos 1.500 euros a un chico que nos estafó. Se marchó con nuestro dinero y no lo volvimos a ver. Tuvimos que pedir ayuda a mis hermanos de Alemania, que nos enviaron 3.000 euros”, detalla la pareja. Ese fue el precio del pasaje para los cuatro en una precaria em­barcación con 55 personas a bordo. “Si pagas poco te meten en un barco con mucha gente. La niña pasó mucho miedo, Ahmed no”, cuenta el padre mostrando el vídeo que grabó con su móvil al zarpar de Esmirna.

El drama de los desplazamientos forzosos en el mundo por guerras y desastres naturales ya afecta a 65,6 millones de personas

Tras varias horas de travesía llegaron a la isla de Lesbos, su casa durante los siguientes tres meses y medio. “Primero estuvimos en un campo de refugiados, pero Ahmed sufrió una ataque de asma, estuvo hospitalizado cinco días y después nos mandaron a un hotel”, explica Sevan que tiene más facilidad con los idiomas que su marido. La siguiente parada fue Atenas, donde les propusieron viajar a ­España dentro del programa de reubicación de refugiados. Aceptaron este destino y el 23 de junio del 2016 tomaron un vuelo a ­Madrid. La Comissió Catalana d’Ajuda al Refugiat (CCAR) les proporcionó alojamiento en Sabadell, primero en un piso compartido con un asilado de Ucrania, y ahora solos. “Los niños hablan muy bien el catalán. Ahmed ha empezado primero de primaria y Asia P5. Yo buscaré trabajo de torneo cuando aprenda castellano. Cada día voy a clase, dos horas y media por la mañana y dos por la tarde”, dice Ismail. Sevan, que dio a luz hace solo cuatro meses, pasa más tiempo en casa con el bebé. Sabadell no era el destino buscado, pero se han ido acomodando a este ciudad y descartan ir a Alemania. “Nos quedaremos aquí hasta que haya paz en Siria. Hemos hecho una amiga, Assumpció, la profesora de castellano. Es como nuestra madre. Ella se quedó conmigo toda la noche en el hos­pital cuando nació Hasan”, relata agradecida Sevan.

El drama de los desplazamientos forzosos en el mundo por guerras y desastres naturales ya afecta a 65,6 millones de personas. De estas, 22,5 millones son refugiados, como Sevan, Ismail y sus hijos. Siria ocupa el primer lugar de este dramático podio, seguido de Colombia, Afganistán, e Irak.

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