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Alex Chilton resucita en una reedición española

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 02/10/2017 Jaime Gonzalo
El músico Alex Chilton, en 2004 en Austin. © AP El músico Alex Chilton, en 2004 en Austin.

A lo largo de cinco años, 1974-78, Alex Chilton (Memphis, 1950—Nueva Orleans, 2010) alcanzó el fulgor artístico, que no el triunfo, al precio de envilecerse. Comprometido con la peor de las venganzas, la dirigida contra uno mismo, saboreaba durante ese quinquenio horribilisla delectación de fastidiar a quienes le socorrían, de burlarse de la imagen emitida por el espejo en el que se reflejaba, sus canciones.

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Patrocinada por un sello español, Munster, una nueva referencia con exhumaciones de archivo, Take Me Home And Make Me Like It, viene a ensanchar la visión que nos ha llegado de ese lesivo pero inspirador proceso. Un periodo en el que Chilton no parecía existir a ojos de industria y público. Para quienes desconozcan al personaje: fallecido de un infarto en 2010, a los 59 años, el tiempo ha hecho de Alex Chilton presa de culto entre un sector de la afición erudito y transgeneracional. En los ochenta porque produjo las dos primeras referencias de The Cramps; posteriormente, debido a la beatificación postmoderna de Big Star, banda, resucitada en 1993, a la que en su día no se prestó la menor atención y en la que muchos han creído ver los orígenes del power pop. Fueron esas las ganzúas que franquearon el cerrojo de un currículo precoz —en 1967, a los 16 años, como vocalista de The Box Tops, banda de soul blanco procedente de Memphis, Chilton ya ostentaba unhit internacional, The Letter—. Pese a los éxitos, pues hubo otros, tuvo un capítulo infeliz. No le bastaba con la atención recabada por la inopinada voluptuosidad de una voz que paradójicamente nunca extravió el timbre adolescente; quería invertirla en sus propias canciones.

Take Me Home And Make Me Like It agota la atribulada extracción con que esas sesiones han sido exprimidas en referencias previas como el Ep Singer Not The Song y el Lp Bach´s Bottom. En su caso, con superior sonido, reforzado por la desarmante crudeza de tomas alternativas, que poca cosa es comparada con la de las notas interiores firmadas por el productor John Tiven. Un descarnado relato, complementario de la tensión respirable en la música, de la envenenada animosidad atizada por esa víctima del síndrome Mr. Hyde que fue Chilton. Pide perdón Tiven por derrumbar el mito. Y se le concede, a él y a Chilton, cuyo heterodoxo paroxismo haría capilla sixtina de Like Flies On Sherbert, 1979, su primer LP en solitario. Búsquenlo, plantea sustanciosos desafíos.

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