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Alma y cuerpo

Notodo Notodo 09/06/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "Alma y cuerpo" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Alma y cuerpo"

Alma y cuerpo, poesía y escena se dan la mano de la mano de Carlota Ferrer y José Manuel Mora (hacedores de Los nadadores nocturnos) en el Teatro Español. Programa de doble vertiente, de luz y oscuridad. Si del día 1 al 5 de junio se pudo ver La habitación luminosa, del 8 al 12 los espectadores se adentran en La hora oscura, un diálogo entre la poesía de Charles Baudelaire y Luis Cernuda.


CUERPOHelio Pedregal pone cuerpo a un Luis Cernuda que toca a la puerta de un onírico espacio, un limbo, un purgatorio, o un infierno. "¿Quién llama?", responde su dueño y señor, un José Coronado caracterizado con una mezcla entre diabólica y bohemia de Lucifer y el Joker de Batman. "Un poeta", responde Cernuda. Y Baudelaire le cierra la puerta en las narices (vamos, como en la vida). Después asistiremos a un duelo, que es más una integración entre ambos universos que una lucha, una simbiosis que acabará en relevo. Ambos intérpretes ponen su más que evidente saber hacer al servicio de un espectáculo de teatro contemporáneo en un principio alejado de los funciones en las que estamos acostumbrados a verles. Y entre ellos se mueven el Deseo (corporizado en la figura de un bailarín, un fascinante Carlos López) y la angelical voz (otro tipo de poesía) de Diego Garrido, quien te traslada a otro universo cada vez que abre la boca.

Y Carlota Ferrer viste este espectáculo (que por lo visto iban a ser unas lecturas dramatizadas, lo que pueden evolucionar las cosas) con unos ropajes oscuros e hipnóticos, creando fascinantes imágenes (ese payaso con inquietantes globos...). Un muy sugerente espacio escénico (con esos espejos y cabezas disecadas o ese cuadro de cristo cabeza abajo), diseño de iluminación (envolvente en sus claroscuros y juegos con los espejos), diseño de sonido, vestuario y unas proyecciones que incluyen un muy potente corto en francés protagonizado por Coronado y la propia directora, todo confluye para sumergir al público en esta poética hora llena de oscuridad.


ALMAEl caso es que el espectáculo consigue trasladar la poesía a las tablas en un ejercicio eminentemente estético, pero que atrapa y transmite, sin resultar cargante (riesgo más que probable), este universo tan difícil de escenificar. La hora oscura es una función con alma, lóbrega pero casi tangible. Muy difícil era este reto, superado con creces por sus hacedores en este espectáculo multidisciplinar que pone la sensibilidad de sus creadores al servicio de la poesía y envuelve con la palabra y la imagen. Imágenes con imaginación y ánima que se quedan en la retina, como la de los dos poetas en la bañera, o su peregrinar de movimientos sincrónicos a través del escenario mientras el Deseo baila aprisionado en camisa de fuerza. Un espectáculo que gira obsesivamente en torno a ese deseo y que nos habla del componente diabólico de la creación artística.

Cernuda en sus poemas querría ir a "Donde penas y dichas no sean más que nombres, Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo; Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo, Disuelto en niebla, ausencia, Ausencia leve como carne de niño. Allá, allá lejos; Donde habite el olvido." Y ha arribado a este limbo diabólico donde habitan los poetas.

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