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Aroma a cine de antes

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 13/06/2014 Carlos Boyero
Kirsten Dunst y Viggo Mortensen en un fotograma de 'Las dos caras de enero'. © Proporcionado por ElPais Kirsten Dunst y Viggo Mortensen en un fotograma de 'Las dos caras de enero'.

El lanzamiento publicitario de Las dos caras de enero resulta insólito. Para bien. Ofreciendo claves culturales sobre la autora de la novela y el currículo de la gente que la ha engendrado. Se supone que su oferta va dirigida a un público cinéfilo y lector. El cual no es muy abundante. O sea, que la lucidez les aconseja que descarten el gran éxito, saben que la demanda de su producto será limitada o minoritaria.

Destacan que ha sido producida por la gente que hizo posible El topo, admirable adaptación que dirigió el sueco Thomas Alfredson de la obra maestra de John Le Carré sobre las excesivas miserias y la escasa grandeza del Circus. Revelan que está dirigida por el guionista de Drive, aquella fascinante e imposible historia de amor entre un solitario conductor y la angustiada esposa de un irredento perdedor. Por último, aclaran que está basada en una novela de Patricia Higsmith, autora del El talento de Mr. Ripley. Y ahí se quedan cortos. No solo fue la inventora del amoral Tom Ripley, sino una investigadora genial de las sombras y los recovecos de la mente, el fatalismo, la culpa, las suplantación, las historias que se complican hasta extremos tenebrosos. Patricia Highsmith es una turbadora y magnífica escritora, pero también una marca, un género. Volverá a estar de moda. Y si no es así, da igual. Es una de las grandes. A perpetuidad.

Las dos caras de enero está protagonizada por la turbiedad moral, el miedo, el encubrimiento, la persecución, permanentes señas de identidad del tortuoso universo de esta escritora. Y como tantas veces, los personajes se mueven en una geografía y una lengua que no son las suyas. Cuenta el encuentro inicialmente cálido en Atenas entre un idílico y acaudalado matrimonio de turistas estadounidenses y un guía de su misma nacionalidad especializado en picaresca callejera, la justa para sobrevivir en un país extraño. Conociendo a la autora de la trama, intuimos que nada es lo que parece, que detrás de apariencias tan civilizadas late el misterio y el delito, que este encuentro casual se va a complicar sentimentalmente hasta límites peligrosos.

LAS DOS CARAS DE ENERO

Dirección: Hossein Amini.

Intérpretes: Viggo Mortensen, Oscar Isaac, Kirsten Dunst, Daisy Bevan, David Warshofsky, Yigit Özsener.

Género: drama. EE UU, 2014.

Duración: 97 minutos.

Hossein Amini, que supo condensar en un guion preciso lo que narraba James Sallis en su breve, enigmática y espléndida novela Drive, también ha sabido captar el mundo de Patricia Highsmith en su primera película como director. No es deslumbrante, pero sigo con interés esta desasosegante intriga a través de las islas griegas. La forma de contar la historia no solo me recuerda el estilo expresivo de Anthony Minghella, ese difunto y subvalorado director que hizo películas tan notables como El talento de Mr. Ripley, El paciente inglés y Cold mountain, sino también el tono expresivo de cierto y antiguo cine. Tengo cálidas sensaciones de antaño durante el metraje de Las dos caras de enero, el convencimiento de estar en un cine de barrio y de programas dobles (con la inmensa ventaja de que ahora puedo escuchar su versión original) hace treinta o cuarenta años viendo una atractiva película de serie B, creíble, bien hecha, con aroma.

La protagoniza un actor sobrio al que siempre me gusta ver y oír llamado Viggo Mortensen, un señor que no tiene que hacer demasiados esfuerzos para parecer inquietante. Le acompaña Kirsten Dunst, una actriz camaleónica y convincente. Y también Óscar Isaac, ese actor tan promocionado últimamente y siempre malencarado y con expresión de sufrimiento con el que me ocurre lo contrario que con Mortensen. Pero aquí funciona muy bien metiéndose en la piel de ese ladino personaje, tan poco fiable, tan buscavidas.

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