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Arrogantes, maniqueos y endogámicos: la otra cara de los escépticos

El Confidencial El Confidencial 28/08/2016 Fermín Grodira

Las organizaciones Círculo EscépticoARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico aglomeran a la mayor parte de los escépticos de España. ¿Pero qué son los escépticos? Para Vicente Baos, médico de familia y miembro de ambas asociaciones, a los escépticos les define “una visión sobre el papel de la razón y la ciencia, como expresión del pensamiento racionalista, en la sociedad”. Su razón de ser es “la divulgación del pensamiento racionalista y la lucha contra las creencias irracionales que abundan en nuestra sociedad” como la acupuntura y la quiropráctica. También combaten mitos y teorías conspirativas como los ovnis y los 'chemtrails'. “El movimiento escéptico es una cosa informe, muy amplia y funciona sin dirigentes", aclara el periodista Luis Alfonso Gámez y autor de Magonia, uno de los blogs decanos del escepticismo en español.

¿Pero los autodenominados escépticos, son realmente escépticos? Pese a esta labor encomiable contra la superchería, las actitudes de algunas personalidades del movimiento escéptico levantan críticas de personas que consideran estar en su misma trinchera. Uno de ellos es el filósofo de la ciencia Francisco Riveira. “Comulgo con sus ideas pero no soporto su combativo modo de expresarlas. Asustan a los que no están convencidos y atraen sólo a los que ya intuimos que el horóscopo o la homeopatía deben ser tratados como fraudes", explica. “Creemos que hacemos un servicio a la sociedad pero no pretendemos que los 'creyentes' se convenzan sino que haya menos 'creyentes”, responde el escéptico Vicente Baos. “El creyente no cambia porque reciba más información, el objetivo de la divulgación es que personas sin una opinión formada sobre las pseudociencias eviten caer en ellas”, añade.

La presión realizada por personas que luchan contra las pseudociencias ha logrado algunos éxitos como la retirada del máster de homeopatía de la Universidad de Barcelona por "falta de base científica" y las suspensiones de charlas en espacios de titularidad pública de Josep Pàmies, promotor de numerosas pseudomedicinas y antivacunas. Varias de sus conferencias previstas en GranadaValladolid y Segorbe fueron suspendidas por la administración pública pero finalmente se realizaron en locales privados, aunque charlas en Alcoy y Moncofa (Castellón) fueron definitivamente canceladas gracias a la presión organizada de los escépticos científicos.

Pese a la crítica expuesta, Riveira destaca que considera “excepcionales” a divulgadores como Manuel Seara Valero, responsable del programa de RNE 'A hombros de gigantes'. Su crítica se limita a ciertos escépticos como Richard Dawkins cuya oratoria “es inconfundible porque es violenta, y crea un malestar en lo que les siguen que no alcanzan a ver”. Otros, en cambio, como el biólogo estadounidense Stephen Jay Gould “han sido conscientes de los problemas derivados del cientificismo y de la agresividad a la hora de divulgar”.

“A veces parecen incapaces de comprender que la ciencia, en términos generales y como parte de una sociedad, es debatible. Podemos discutir sobre políticas de ciencia aunque no pertenezcamos a la comunidad investigadora", añade Riveira. “Nadie niega que la ciencia tenga efectos en la sociedad, pero hay quien rechaza que las políticas científicas puedan afectar a su desarrollo interno. La ciencia no es una esfera autónoma de la sociedad y esa pretensión de autonomía encierra un grave peligro para la democracia”. Riveira es defensor de los transgénicos pero admite que su discusión “tiene sentido en tanto que poseen una doble vertiente: son problemáticos no por su proceso de creación, sino como productos tecnológicos”.

Neil deGrasse Tyson, uno de los divulgadores científicos más famoso, interactúa con un robot. (Reuters) © Proporcionado por El Confidencial Neil deGrasse Tyson, uno de los divulgadores científicos más famoso, interactúa con un robot. (Reuters)

Otro 'desertor' del movimiento escéptico es el biólogo estadounidense PZ Myers, uno de los mayores críticos del creacionismo y autor del blog Pharyngula. En 2013 se 'divorció' con un post del 'escepticismo científico', al que caracterizó como “una versión averiada de la ciencia con exenciones especiales para dejar ciertos temas fuera de su ámbito”. La hipocresía es “uno de los sellos distintivos de los autoproclamados escépticos”, escribió Meyer. Más recientemente, el periodista científico estadounidense John Horgan trató “a los escépticos escépticamente” en una conferencia. Horgan considera que la ciencia “necesita críticos más que animadores” y se define como escéptico con “s minúscula”, distinto de los escépticos con “S mayúscula”, que cuando se juntan, “se palmean las espaldas unos a otros y se dicen cuán inteligentes son comparados con los de fuera de la tribu. Pero pertenecer a una tribu a menudo te hace ser más estúpido”.

La 'ilusión científica' es habitual entre los escépticos “con S mayúscula” al no aplicar su escepticismo equitativamente, según Horgan. Son “extremadamente críticos” con los 'blancos fáciles' como la astrología, mientras descuidan los 'blancos difíciles': “afirmaciones sospechosas e incluso perjudiciales promovidas por grandes científicos e instituciones”. Entre esos objetivos 'ignorados' se incluye las teorías de cuerdas y el exceso de medicación para enfermedades mentales. “Dados los defectos de la medicina 'mainstream', ¿podemos culpar a las personas por acercarse a la medicina alternativa?”, se pregunta el periodista John Horgan.

“La astrología está desprestigiada porque los escépticos lo han denunciado. La lucha contra la sinrazón es muy amplia y no damos abasto. Si nadie habla de lo que te interesa, habla tú”, recomienda Gámez. Otro de los temas en que, según Horgan, no se centran los escépticos “con S mayúscula” es el cribado de cáncer de mama con mamografía. Precisamente, a esa cuestión Isidoro Martínez, informático, autor del blog ¿Qué mal pueden hacer? y miembro del Círculo Escéptico, ha dedicado su "artículo más exhaustivo”. “Uno se esfuerza por evitar muertes mientras otros ven las cosas de una forma parcial y generalizan de forma injusta”, denuncia el informático.

Más dura es la opinión de Carles Sirera sobre los escépticos. El profesor de Teoría e Historia de la Educación en la Universidad Jaume I de Castellón considera que “procuran captar la atención con un activismo que se presenta como neutral políticamente y científico”, algo contradictorio “ya que todo activismo es esencialmente político y está movido por unos principios morales, no científicos, y el activismo exige, precisamente, no dudar, es contrario a las normas del debate científico que los escépticos dicen representar. Por mucho que quieran vestirse con el ropaje de los académicos, la acción que despliegan para lograr sus fines los viste con túnicas de inquisidores”.

“Sí es un activismo político, el movimiento escéptico está muy vinculado con el laicismo y el humanismo laico pero no hay un activismo partidista”, responde Luis Alfonso Gámez. “No es neutral porque la neutralidad no es buena. Tenemos que ser objetivos, no neutrales. El escepticismo se basa en no creer en nada sin pruebas, es lo contrario de no tener dudas. Mi único activismo es que las personas se paren a pensar”, completa.

“No puede haber igualdad entre la realidad y la mentira. El mensaje escéptico sobre las pseudociencia es el cierto. Ningún escéptico se acerca a una víctima desde una posición de superioridad sino intentando explicarle las cosas”, argumenta el escéptico Gámez. “Hay que informar a la gente desinformada. No hay debate posible con las personas confundidas aunque puede que le tengas que dar una lección”.

El psicólogo Guido Corradi afirma que "el escepticismo científico “como 'lobby', que es lo que pretenden ser, es muy inefectivo. Predican para convencidos. No están usando ciencia para hacer una comunicación efectiva. Pueden argumentar que es su club y que hacen con él lo que quieren, pero que no digan que hacen algún tipo de servicio público. No es algo que vaya a cambiar la vida de la gente ni por su relevancia ni por como hacen su didáctica”.

“No sabe lo que habla quien dice que sólo hablamos para los convencidos. Hace cinco años, ningún medio de comunicación hablaba críticamente de la homeopatía ni de la 'locura antiantenas' y ahora lo hacen gracias al trabajo del movimiento escéptico”, afirma el escéptico Gámez. “La mayor parte de los escépticos diferencian claramente entre las víctimas de los engaños y quienes los perpetran. Hay que actuar con respeto con los creyentes y luchar contra los charlatanes. No nos creemos más listos que nadie, todos los sesgos que tiene un creyente de una pseudoterapia también los tengo yo”, añade. “Se procura debatir de forma razonada y con fundamentos, por lo que las conclusiones vigentes en ciencia son esenciales. Es una generalización muy injusta”, responde Isidoro Martínez.

Las críticas provienen también de personas implicadas en el movimiento escéptico. Beatriz Sevilla es estudiante de Física y participante en la plataforma de divulgación científica Naukas y cree que el 'movimiento escéptico', "como todos los movimientos, tiene muchos problemas. Es muy endogámico, alberga muchos grandes egos, y a veces es corto de miras. Es verdad que hay pocas voces escépticas que no sean señores heterosexuales de mediana edad con estudios universitarios. A veces, la parte que culpa a las personas de su ignorancia con un deje bastante clasista, la que pretende enseñar insultando es la que más ruido hace”. Isidoro Martínez, en cambio, no ve “una relación causa-efecto entre el escepticismo y la poca diversidad, y sí un reflujo de una situación social que se debe mejorar desde todos los sectores”, afirma Martínez.

"El movimiento escéptico siempre ha estado abierto a todo tipo de gentes. En Bilbao hay muchas mujeres, cada vez más”, responde Luis Alfonso Gámez. “A veces es complicado que las mujeres quieran hablar en público, no porque las corten o no estén capacitadas, sino porque tienen otros compromisos. Deseo que haya más divulgadoras pero no puedo hacer nada para que haya más. A veces es culpa de las mujeres que no sean visibles, ya que no son tan activas como los hombres en el movimiento escéptico”, añade.

Sevilla también destaca que “muchas personas explicanciencia sin pretensiones” pero “es una labor mucho más invisible. Ojalá se resolviesen los problemas de un movimiento con una meta tan importante y necesaria. Es importante esforzarse para hacerlo más accesible, empático, inclusivo y, así, más efectivo. Pero prefiero un movimiento con defectos importantes que ningún movimiento en absoluto”.

El físico Fernando Trigo ve reflejado en los escépticos una etapa previa de su vida y opina que “lo que más me repele es haberme dado cuenta de cómo el análisis escéptico 'mainstream' obvia cualquier contexto social en su análisis”, declara.“Intentar argumentar contra la homeopatía sólo con la química, obviando los motivos sociales que llevan a su popularidad, produce discursos en los que las personas que las consumen son 'idiotas'. Se disfraza de didáctica y servicio social un discurso elitista de consumo interno para la comunidad escéptica”. Otros defectos que Trigo destaca es “la dependencia de unas pocas figuras de autoridad que marcan una agenda muy concreta” y “su falta absoluta de transversalidad”.

“Sabemos que el éxito de las pseudoterapias está en un trato mejor y que pagas por ellas. Ya se piden recursos para la sanidad pública pero lo prioritario es decir que la homeopatía es una estupidez”, responde Luis Alfonso Gámez. “Continuamente se denuncian situaciones de debilidad y de desigualdad. Es tan importante el por qué se llega a una pseudociencia como decir por qué algo es pseudociencia. Sin estos dos ángulos no se puede tener claro que en la decisión final subyace una creencia. ¿Qué otra cosa podría llevar a alguien a gastar lo que no tiene en algo cuya falta de utilidad real no va a comprobar hasta que sea tarde?”, argumenta Isidoro Martínez.

El Big Foot o Pies Grandes es una criatura mitológica cuya existencia no está demostrada. (EFE) © Proporcionado por El Confidencial El Big Foot o Pies Grandes es una criatura mitológica cuya existencia no está demostrada. (EFE)

Libros como 'Mala ciencia' y 'Mala farma', del médico británico Ben Goldacre, “son libros de referencia entre los escépticos por lo que decir que se obvian conflictos de intereses y malas prácticas es una falacia”, cree Martínez. No obstante, la segunda obra de Goldacre, que se centra en los defectos de la medicina basada en la evidencia y no en las pseudociencias, no ha recabado tan buenas críticas en algunos miembros de la comunidad escéptica como 'Mala ciencia'.

El filósofo Mario Bunge, premio príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, considera a la teoría económica estándar “la pseudociencia más peligrosa” y cree que el neoliberalismo es “mucho más peligroso que todas las religiones juntas”. En cambio, Vicente Baos considera que “el neoliberalismo no tiene nada que ver con el esceptismo”. El filósofo también opina que los escépticos han sido asépticos en cuestiones económicas y políticas. Es urgente ocuparse de las políticas nefastas que recaen sobre millones de personas y están perjudicando a países enteros, opina Bunge.

“Parece que yo tuviera que denunciarlo todo sólo porque alguien echa de menos algún artículo e invalidase el esfuerzo desinteresado de muchas personas”, defiende Isidoro Martínez. “La crítica a postulados sociales y políticos es constante aunque no alcance la intensidad que tienen las ciencias experimentales. Yo, al no poder llegar a todo, decidí centrarme en el área de salud ya que las pseudoterapias tienen una incidencia directa. Los logros contra las pseudociencias en un área pueden ser un apoyo en las demás”, añade.

Un grupo de escépticos prueban que la homeopatía no funciona con una 'sobredosis', el conocido 'suicidio homeopático'. (EFE) © EFE Un grupo de escépticos prueban que la homeopatía no funciona con una 'sobredosis', el conocido 'suicidio homeopático'. (EFE)
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