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Arte Nuevo

Notodo Notodo 08/03/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "Arte Nuevo " © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Arte Nuevo "

"José Luis Garci, director de teatro".
Esta noticia a muchos les hará saltar las alarmas del aburrimiento con una luces difíciles de obviar. Y es que el director de películas tales como El abuelo o Canción de cuna, adalid del clasicismo más canónico (rancio para algunos, exquisito para otros, los menos), se ha aventurado a probar suerte sobre las tablas a través de la invitación de Juan Carlos Pérez de la Fuente, director actual (aunque parece que no por mucho más tiempo) del Teatro Español. Con un homenaje en programa doble a Arte Nuevo, el grupo de jóvenes dramaturgos que a finales de los años 40 pretendieron rebelarse contra el arte establecido para insuflar de nueva vida a la escena española y entre cuyos miembros destacaron dos Alfonsos: Paso y Sastre. De éste último podemos ver aquí Cargamento de sueños, que junto a la obra de Medardo Fraile El hermano componen el debut de Garci en la dirección teatral.

Y bien: ¿dirige Garci igual teatro que cine? Pues sí. Así que ya saben, para lo bueno y para lo malo, es así. La escenografía de ambas piezas está cuidadísima hasta el mínimo detalle. El diseño de iluminación, que sobre todo destaca en la primera pieza, también. Así como un riquísimo diseño sonoro. Pero también hay una palabra para definir, por ejemplo, la primera pieza de este montaje dirigido por Garci: narcolepsia.

Y es que la sensación que uno experimenta mientras ve este Cargamento de sueños es como si le chuparan la energía vital y se despeñara a través de un pozo sin fondo. La pieza (que el programa de mano compara con Esperando a Godot) resulta un ejercicio existencialista protagonizado por dos vagabundos en el cual el mismísimo Dios baja a la tierra para perdonar un asesinato. ¿Lo malo? Que el ritmo es lento. Mu(uuuu)y lento. Tal vez la pieza funcionase con otra dirección de escena. Pero desde luego así resulta algo cercano a mortal (aunque atractiva estéticamente).

Sin embargo, la segunda pieza, la escrita por Medardo Fraile, El hermano, es un ejemplo de costumbrismo de posguerra (alrededor de una cena familiar y un partida de damas) que resulta infinitamente más atractiva. Aunque cierto es que después de su inmediato precedente lo tenía bastante fácil. Ahí Garci acierta con la ambientación, el ritmo y la dirección de actores. Aunque a muchos seguramente les eche para atrás unos nombres tan televisivos como Miguel Ángel Muñoz (quien se dio a conocer hace más de una década en Un paso adelante) o Ana Carlota Fernández (quien hizo lo propio en series como Cuestión de sexo o Los Protegidos, y quien parece que ha tenido que ponerse el Carlota porque comparte escenario con la otra Ana Fernández: ya es casualidad). Pero la verdad es que todos (con otros nombre más sólidos como la primigenia Ana Fernández o Gary Piquer) realizan una labor de conjunto perfectamente engrasada y plena de detalles, de miradas y de momentos que funcionan sobre las tablas. Una conjunción perfecta de momentos cómicos y retazos dramáticos que deja en el aire mucho más de lo que explica.

En definitiva, si bien la primera pieza resulta francamente difícil de sobrellevar (algo cercano al horror, de hecho), la segunda resulta casi una pieza modelo dentro de su clasicismo. Aún así, tal vez es difícil que compense el pagar una entrada para este Arte Nuevo con los tiempos que corren. Conclusión: tablas para José Luis Garci en su partida contra el teatro.

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