Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Así es ‘Fe de etarras’

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 29/09/2017 Gregorio Belinchón
Qué mirar próximamente
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Miren Ibarguren, Gorka Otxoa, Javier Cámara y Julián López, en una imagen de 'Fe de etarras'. © Proporcionado por ElPais Miren Ibarguren, Gorka Otxoa, Javier Cámara y Julián López, en una imagen de 'Fe de etarras'.

MÁS INFORMACIÓN

  • La Fiscalía rechaza la denuncia por la publicidad de ‘Fe de etarras’
  • Borja Cobeaga: “Hay películas que me gustan y otras que me dan envidia”

Por primera vez se ha proyectado en el festival de San Sebastián una película producida por una plataforma digital -en este caso, Netflix-. Y sin embargo, pocos hablan de este detalle, porque Fe de etarras, de Borja Cobeaga, ha sido devorada en los días antes de su estreno por un ruido mediático que ha hecho que se olvide que, en el fondo, esto no es más que un filme. Lo es, y muy bueno. Estas son algunas de sus claves.

Esperando a Godot. Un comando conformado por un veterano que tiene que mostrar su valentía, una pareja en crisis y un antisistema de Chinchilla (Albacete) esperan la llamada de un viejo dirigente de ETA para romper la tregua temporal que pretenden establecer los jefes jóvenes de la banda terrorista. Es un Esperando a Godot euskaldún (incluso un Esperando al gotelé vista la ambientación y un giro de guion), porque en la espera hay tiempo para la reflexión... entre otras cosas.

¿Qué es ser vasco? (Vaya Semanita versión extendida). Durante la primera hora, junto a esa mítica referencia teatral, el público asiste a momentos hilarantes encadenados entre los cuatro integrantes del grupo encerrados en un piso franco en una gran ciudad. Diego San José (guionista y urdidor de la historia original junto a Cobeaga) sabe enlazar esos chistes, que podrían nacer de los mejores momentos de Vaya Semanita. Sin embargo, hay dos cosas que trascienden la mera comedia: grandes interpretaciones y ese trasfondo de dolor emocional que surge en la espera. Por cierto, en Fe de etarras se discute sobre quién es vasco y cómo. La única respuesta plausible: los que puedan jugar en el Athletic de Bilbao.

La comida. "Hace años, en ETA se comía de la hostia", dice Javier Cámara, que encarna al jefe del comando. Y remata: "He comido en restaurantes buenos, pero no tan bien como en los pisos francos". Automáticamente, el espectador recuerda algunos de los momentos brillantes de Ocho apellidos..., la saga cuyos guiones fueron escritos por Cobeaga y San José. Sin embargo, el primer libreto -ha tenido distintas reescrituras- de Fe de etarras es anterior al gran taquillazo del cine español.

El contexto. De ahí sale el famoso anunciado de Fe de etarras de Netflix en el que se ve tachado el cántico "Yo soy español, español, español". El comando espera órdenes durante el verano de 2010, cuando se celebra el Mundial de Sudáfrica. "¿Qué celebrarán estos, si nunca pasan de cuartos?", se preguntan los etarras asomados a un balcón rodeado de banderas rojigualdas. No poseen dones proféticos. Por cierto, en cuanto a su españolidad/hispanidad, Netflix la estrena en su plataforma el 12 de octubre.

La aceptación. En el fondo, Fe de etarras reflexiona sobre la aceptación, sobre la necesidad del ser humano en integrarse en un grupo, sea este una banda de terroristas, un patio de vecinos, su propia familia... Puede que ese sentimiento esté incluso por encima de los escrúpulos, apuntan Cobeaga y San José. Y por eso el otro, sea quien sea ese otro, ese enemigo, tiene la culpa de todos los males.

Tópicos. Cobeaga y San José son maestros en retorcer tópicos. ¿Todos los vascos son etarras como todos los creyentes del Islam yihadistas de Al Qaeda? ¿Todo español lleva dentro un obrero experto en chapuzas? Y sobre todo, ¿saben cocinar todos los vascos?

Crítica a la violencia.Fe de etarras muestra en su desarrollo una crítica feroz a la violencia. Por eso, y porque Cobeaga y San José saben que lo que están haciendo es una tragicomedia y no levantando acta de la Historia. Se mire por donde se mire, a Fe de etarras parece casi imposible atacarla desde cualquier espectro político o ideológico. Más dura y al filo era Negociador (2015), obra también de la pareja de cineastas.

Dirección. Que una película sea producida por Netflix no quiere decir que parezca un telefilme ni que le falte presupuesto. En el pasado festival de Cannes, la plataforma estrenó Okja, de Bong Joon-ho, que costó 45 millones de euros. En la misma línea de buen cine, Fe de etarras transcurre principalmente en el piso franco, pero Cobeaga se esfuerza por jugar con la cámara, y en cuanto puede saca la acción al exterior. Además, cuenta con cinco actores (Javier Cámara, Gorka Otxoa, Miren Ibarguren, Julián López y Ramón Barea) y un buen puñado de secundarios en estado de gracia.

Final. Los últimos diez minutos le dan un vuelo distinto a Fe de etarras, llevan la película a un terreno nunca antes explorado por Cobeaga y San José, y elevan el resultado cinematográfico con su sequedad y contundencia.

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de EL PAÍS

image beaconimage beaconimage beacon