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Así se hacen las canciones

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 28/09/2017 Javier Ocaña
© Proporcionado por ElPais

Con la misma modestia disfrazada de certeza con la que Sidney Lumet escribió su imprescindible Así se hacen las películas, en cuyo texto afirmaba que no hay una forma "correcta" y otra "equivocada" de dirigir, Iván Muñiz, salvando las distancias, bien podría haber titulado su documental Así se hacen las canciones. Ha preferido bautizarlo como The king of rock and roll, otorgando así una necesaria pista de por dónde va el estilo de música representado en la película, pero su estructura, su pasión, su rigurosidad y su didáctica son muy semejantes a las desplegadas por el director de Doce hombres sin piedad en su extraordinario ensayo, salvo por el hecho de que allí había una única voz, y aquí hay decenas.

The king of rock and roll

Dirección: Iván Muñiz.

Género: documental musical.

España, 2017.

Duración: 65 minutos.

Con el hilo conductor del proceso de creación de un álbum del músico mallorquín Paul Zinnard, y alimentado a base de múltiples entrevistas con músicos de rock y, esencial, algunos productores e ingenieros de sonido, el documental de Muñiz avanza en orden cronológico desde la escritura de la canción hasta la edición del disco, en un desarrollo por el que, como decía Lumet, no hay aciertos o errores sino una fusión entre un proceso emocional y una técnica compleja.

Con entrevistas realizadas siempre en lugares que huelen y saben a música, y con varias cámaras para poder jugar con el montaje a planos más cortos o largos, según convenga, Muñiz hace desfilar a gente de verbo despierto como Mike Watt, de los Stooges; Sylvain Sylvain, de los New York Dolls; Maja Ling, de las suecas Heavy Tiger; David Krahe, de Los Coronas; Paul Major, de Endless Boogie; o al bluesman Boo Boo Davis, que van desgranando, reflexión a reflexión, su visión de cada uno de los pasos, y encontronazos, de la procreación de un hijo musical.

The king of rock and roll no se acompaña de voz en off explicativa ni contiene apenas música; solo la verdad de la palabra y la experiencia de un grupo de amantes profesionales, a los que Muñiz añade un cuidado exquisito de la imagen, el sonido y hasta las tipografías y diseños de los subtítulos para los parlamentos de los músicos extranjeros, componiendo así un convencional pero interesantísimo muestrario del gozo y el calvario de crear una canción y un disco listos para ser devorados. Una especie de filosofía en la que la clave puede estar en encontrar el punto justo entre el orden y el caos, la profesionalidad y la energía, la intuición y el talento.

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