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Así está el juego de los vicepresidentes

El Economista El Economista 19/02/2016 Carlos Mier
Pablo Iglesias, a su llegada al Congreso. © EFE Pablo Iglesias, a su llegada al Congreso.

Fernando de Santiago, Manuel Gutiérrez Mellado, Rodolfo Martín Villa, Alfonso Guerra, Narcís Serra, Francisco Álvarez Cascos, Mariano Rajoy, Rodrigo Rato, María Teresa Fernández de la Vega, Alfredo Pérez Rubalcaba, Elena Salgado y Soraya Sáenz de Santamaría. No, no es la alineación de un partidillo de veteranos de la política española. Es la lista de vicepresidentes del Gobierno desde el restablecimiento de la democracia en nuestro país. Que pase el siguiente.

Especialistas del segundo plano, obcecados susurradores, expertos en mantener el nido caliente en ausencia del jefe de la banda, obligados a curtir su lomo en los consejos de ministros, los 'vices' reparten harina en todos los costales. Algunos siguen en activo, o se han jubilado recientemente aburridos de apretar un botón. Otros, ya largamente retirados del circo oficial, se deslizan en pirueta giratoria por alguna puerta de esas que se engrasan con los años. Hay protagonistas inefables con el agua hasta el cuello o con los pantalones por los tobillos, presos (bueno, eso no) de los líos propios del convulso tiempo en el que la luz entró por las rendijas de la crisis. Uno hasta consiguió ser presidente.

En las últimas semanas, inmersos como estamos en la opereta de la adolescente y alocada política española, la silla del segundo de abordo está que arde, por aquella manía que le ha entrado a todo el mundo de nombrar los cargos antes que los objetivos. Si ustedes no han sonado para ocupar el puesto en cuestión, es que algo están haciendo mal.

Los dos faroles

Estos son los hechos. Pablo Iglesias hace tiempo que se ha postulado a vicepresidente plenipotenciario y Pedro Sánchez se ha hecho convenientemente el sueco. El PP ha reaccionado (por llamar de alguna manera a una rueda de prensa de un vicesecretario) y ha ofrecido la vicepresidencia bicéfala de la gran coalición tripartita a Sánchez y a Albert Rivera.

"Parece que al señor Sánchez le molesta mucho que se le ofrezcan vicepresidentes con nombre y apellido y funciones. A nosotros, no. Si nosotros nos encontramos que el Partido Socialista o Ciudadanos quieren una vicepresidencia del Gobierno de España no tendríamos ningún problema en aceptarla porque es razonable compartir en coalición el programa que se quiere gestionar", decía Javier Maroto este jueves. Tan ancho.

Interpretación. El que se ofrece sabe que le van a decir que no (primer farol). El que lo ofrece sabe que le van a decir que no (segundo farol). La cuestión es ofrecer, para que parezca que me muevo. Resumiendo: hay quien quiere ser vicepresidente (o eso dice) y no le dejan. A otro se lo han propuesto, y no quiere. Al que a priori querría también se lo han propuesto pero como el otro no quiere pues tampoco puede. Hay un cuarto que pasa de todo. Un lío.

Ese es el estado actual de las cosas, a la espera de más ofertas tirando los precios. Todo lo demás se puede consultar en los capítulos de House of Cards o Borgen, ahora que parece que los políticos gastan más tiempo en ver esas series que en tomar decisiones. Todo esto tras dos largos meses desde el 20D.

Al menos ya hay cita de investidura en marzo y hasta el 'presidente profeta' en funciones le ha puesto fecha a las nuevas elecciones (26 de junio) en uno de esos corrillos europeos en los que se vende desliz y se adivina intención. Una cámara es demasiado grande para no verla. Supongo.

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