Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Así vive una 'pirata' de Airbnb: "Gano 3.200 euros al mes alquilando 14 pisos"

El Confidencial El Confidencial 19/06/2016 C. Otto

(Airbnb) © Proporcionado por El Confidencial (Airbnb)

La conocemos de pura casualidad: Vanessa (nombre modificado) nos escribe para confirmar la reserva del piso que le hemos alquilado unos días en Barcelona. Concretamente en Hospitalet, donde pasaremos tres noches por un total de 108 euros.

La reserva la hacemos a través de Airbnb, el portal de alquiler de vivienda vacacional que, pese al cabreo de los hoteleros y lo cuestionable de sus verdaderas cifras de negocio e impacto económico, se ha convertido en un auténtico éxito en todo el mundo e incluso ha conseguido el apoyo de la Unión Europea.

El trato de Vanessa es excelente: nos indicó la mejor ruta para ir de El Prat hasta el apartamento e incluso se ofreció a recogernos gratis en coche. A la hora pactada nos espera en la puerta del apartamento, nos cuenta dónde podemos hacer la compra cerca de allí, donde podemos cenar algo, dónde podemos salir de copas, dónde está el transporte público... en definitiva, nos proporciona todas las facilidades habidas y por haber.

Se marcha pronto porque, según nos cuenta, tiene que irse a limpiar otro apartamento y recibir a los inquilinos de otros dos. Es entonces cuando levantamos la ceja con sorpresa: tras despedirnos de ella, miramos su perfil en la aplicación y descubrimos que tiene nada menos que cuatro pisos: el nuestro de Hospitalet (36€/noche), otro en una zona muy cercana (30€/noche) y otros dos en pleno centro de Barcelona (134 y 185€/noche, respectivamente).

La mayor sorpresa llega cuando la llamamos para preguntarle: "¿Cuatro? Qué va, ¡tengo catorce! ¿Es que necesitas alguno para un amigo o algo?". Cuando le decimos que lo que queremos es un reportaje, no le hace ninguna gracia, pero acaba accediendo con dos condiciones: "No pongas ni mi nombre ni fotos del piso". Aceptamos.

De agente inmobiliaria a alquilar pisos en negro

Vanessa tiene 43 años y sabe de sobra lo que es gestionar el alquiler de una vivienda, ya que a los 32 empezó a trabajar en una inmobiliaria de Barcelona bastante modesta: "No era nada del otro mundo: de esas que en plena burbuja se hincharon a hacer negocio, porque entonces cualquier se forraba con el ladrillo, pero con gente muy poco experimentada". Una vez llegó la burbuja, la empresa empezó a perder clientes, viviendas y empleados a un ritmo vertiginoso: Vanessa, que fue una de las últimas personas en ser despedidas, se vio en la calle en junio de 2009.

Fue entonces cuando, casi sin buscarlo, le salió una oportunidad: "Una tía mía me dijo que quería poner su piso en alquiler, que si podía echarle una mano, y pocos días después me llamó un señor mayor al que le llevábamos el piso, pero la agencia ya había cerrado: me preguntó si podía hacérselo yo ahora, que él no podía ponerse a colgar el anuncio en internet".

Dicho y hecho: pocos días después, ambos pisos estaban en idealista y Fotocasa dispuestos para su alquiler: "A mi tía no le cobré nada, pero a nuestro excliente sí: la comisión de un mes de alquiler si colocaba su piso". Poco más de una semana después, ambas viviendas tenían nuevos inquilinos y, poco a poco, Vanessa fue encontrándose con algunos clientes que le suponían "unos 600-700 euros al mes".

Tras su pequeña aventura, Vanessa siguió cobrando el paro y buscando trabajo, pero, más allá de puntuales trabajos por obra y servicio como comercial, no volvió de manera estable al mercado laboral durante algo más de cuatro años. Hasta que un día, a principios de 2014, un amigo de su pareja le hizo una pregunta: "Oye, ¿tú podrías alquilar el piso de mis abuelos? Está bastante viejo y no quieren reformarlo, pero yo qué sé, a lo mejor se puede alquilar barato. Es que para que se quede vacío...".

Ahí es cuando nuestra protagonista encontró un nuevo nicho: "Había mucha gente que tenía pisos muy viejos y no les daba la gana reformarlos o no querían arriesgarse a meter dinero en una reforma para que luego no se alquilase. Y si lo dejaban viejo, tenían que alquilarlo muy barato, así que preferían dejarlo vacío", asegura. Por aquella época Airbnb ya estaba funcionando plenamente en España, así que no lo dudó: no sólo subió el piso de los abuelos de su amigo, sino que además les preguntó si conocían a más gente con pisos similares (o incluso mejores) a los que les interesase optar por el alquiler vacacional de pocos días.

Foto: Reuters. © Proporcionado por El Confidencial Foto: Reuters.

"Gano 3.200 euros limpios al mes"

Y así, poco a poco, Vanessa ha conseguido formar una 'flota' inmobiliaria que a día de hoy asciende a 14 viviendas de alquiler en Barcelona y algunos pueblos cercanos. Un negocio a todas luces ilegal y que permite a esta barcelona de 43 años ganarse muy, pero que muy bien la vida. De los 14 pisos, ninguno está dado de alta para el alquiler vacacional. De hecho, la inmensa mayoría de ellos ni siquiera está designado como segunda vivienda de cara a Hacienda.

Porque, ¿cómo de rentable acaba siendo la cosa? "Depende de muchísimos factores. Ten en cuenta que son 14 pisos: algunos son nuevos, otros viejos, unos están en pleno centro de Barcelona, otros en las afueras, unos se llenan en cualquier momento, otros sólo en fines de semana...".

En cualquier caso, damos por hecho que tiene su cabeza llena de unas cuentas que se sabrá de memoria, así que le insistimos en busca de una estimación. "En total, el alquiler de todos los pisos suele dar unos 8.500-9.000 euros al mes, y nos lo repartimos al 50% entre los propietarios y yo. De mi parte yo tengo que reservar un 20-25%, más o menos, para gastos de limpieza, mantenimiento, pequeños incidentes y gastos de gestión [más adelante sabremos en qué consisten esos 'gastos de gestión']; por lo general, yo me saco limpios unos 3.200 euros al mes. En verano mucho más, pero la media es esa: 3.000-3.200 euros.

Pero, ¿de verdad pueden salir las cuentas? "Cada piso se alquila, como mínimo, unos 3-4 días a la semana. Los lunes, martes y miércoles son más complicados, pero de jueves a domingo los tengo llenos siempre. Y los que son céntricos, de hecho, suelen estar alquilados todos los días", asegura.

"Piensa, por ejemplo, en el que has cogido tú", nos dice, refiriéndose a un piso en Hospitalet de unos 50 metros cuadrados. Pese a estar situado en un sótano y ser un piso viejo, se nota cierta reforma para que la vivienda sea luminosa y tenga dos habitaciones grandes, el baño, la cocina, el salón e incluso un patio de unos 30 metros. No es, desde luego, un mal precio para los 36 euros diarios que hemos pagado.

Y ahora empiezan los cálculos: "Ese piso, en temporada normal, se alquila unos 12 días al mes, con lo que da 432 euros al mes. Si lo multiplicas por 14 pisos, tienes poco más de 6.000 euros [6.048, concretamente]. Pero es que ese piso es de los dos peores: imagínate los que están en el centro de Barcelona...".

De todos modos, sigue quedándonos una duda: si Vanessa dice alquilar 14 pisos, ¿por qué en su perfil de Airbnb sólo vemos 4?

Foto: Reuters/Christian Hartmann. © Proporcionado por El Confidencial Foto: Reuters/Christian Hartmann.

Sus 'testaferros': "Gano 400-500 euros al mes"

La clave de Vanessa está en el 'reparto' de pisos: "Los de Airbnb suelen mirar bastante para otro lado, pero, por si acaso, no es recomendable que aparezcas en la web con 14 pisos, sobre todo por si algún hotel o alguien denuncia que estás haciendo negocio con eso". Y es ahí donde entran los 'testaferros': un pequeño grupo de personas cercanas a Vanessa (sobre todo amigos y/o familiares) que, de cara a Airbnb, son los aparentes 'dueños' de los pisos.

Las tareas de estos 'testaferros' son diversas: "Sobre todo aparecen como dueños de los pisos, pero también se encargan de limpiar, de recibir a los inquilinos si nos coinciden varios pisos a la vez, de solucionar algún problema que pueda surgir, etc.". Y entre todos ellos se llevan cerca del 25% del dinero que pueda generar cada piso: los famosos "gastos de gestión" a los que Vanessa se refirió antes.

Vanessa nos pone en contacto con Roger (nombre modificado), unos de sus 'testaferros'. Roger lleva varios años alternando el paro con algún empleo aislado en la construcción o como camarero, pero este 'trabajo' le ha supuesto un pellizco: "Me saco unos 500-600 euros al mes", asegura.

Nos asegura que Vanessa le paga 20 euros la hora de trabajo si tiene que limpiar el piso o recibir a un inquilino, además de un porcentaje (no especificado) por aparecer como dueño de la vivienda en Airbnb. "Pero Vanessa es tan organizada que no suele llamarme muchas horas, así que tengo que buscarme la vida por otro sitio".

Juan Carlos: siete pisos y "1.000 euros al mes"

Y es que los 400-500 euros que Roger gana al mes no se completan sólo con lo que le paga Vanessa, que suelen ser unos 350 euros. Cuando le pidió que le diera más horas, ella le pasó el contacto de Juan Carlos, un argentino de 57 años al que Vanessa descubrió hace mucho tiempo navegando por Airbnb buscando perfiles similares.

Juan Carlos también da trabajo a Roger, pero parece que su negocio es algo más modesto. O, al menos, eso es lo que quiere que pensemos cuando le llamamos gracias a la mediación de Vanessa. De entrada no le hace mucha gracia la entrevista, con lo que no nos da la oportunidad de conocer su perfil en la web de Airbnb para ver su 'catálogo'.

La Barceloneta, una de las zonas con más pisos de airbnb en Barcelona. Foto: Reuters/Albert Gea. © Proporcionado por El Confidencial La Barceloneta, una de las zonas con más pisos de airbnb en Barcelona. Foto: Reuters/Albert Gea.

Nos cuenta que tiene siete pisos, todos ellos en Barcelona capital, pero ninguno es de su propiedad: se trata de viviendas que gestiona a amigos, familiares o contactos que ha ido encontrando por el camino.

Cuando le preguntamos por el dinero limpio que se saca al mes, es aún más parco en palabras: "Ná, poco, muy poco". Le intentamos apretar, contándole que Vanessa nos ha dicho que su perfil es muy similar al de ella, y sube un poco: "Nada, unos 1.000 euros, pero nada, de verdad que muy poco, para vivir y ya".

Un negocio claramente ilegal

Cuando hablábamos al principio con Vanessa, nos decía que con este modelo todos ganaban: "Yo me saco mi dinero, claro, pero además los inquilinos pueden tener pisos baratos y los propietarios pueden darles salida a pisos a los que no les sacarían ganancias si los alquilasen como se ha hecho toda la vida".

Sin embargo, es evidente que no, no todos ganan. Como mínimo, hay dos perjudicados: en primera instancia, las personas que ofrecen alquiler vacacional de manera legal y con todo en regla; en segunda, el Estado, que, al margen del pequeño dinero que pueda ganar el usuario medio de plataformas como Airbnb, deja de ingresar los posibles impuestos que generaría Vanessa si no recurriese a la economía sumergida.

Vanessa no niega la mayor: "Mira, no voy a ponerte excusas. Lo que hago no es legal y está mal, pero lo hago así, no te voy a mentir. Debería darme de alta como autónoma, ya que dentro de unos años tendré que jubilarme y querré cobrar una buena pensión, pero todavía no lo he hecho. Pero de verdad que lo tengo en mente".

Por otra parte, Vanessa intenta mostrar cierta empatía con plataformas como Airbnb y, sobre todo con sus usuarios: "Nosotros somos la excepción, nadie puede ganar dinero en Airbnb. La gente puede ahorrar dinero si un fin de semana está fuera y alquila su piso, o incluso ganar un poco, pero prácticamente nadie puede ganar dinero de verdad con esto".

La suya, dice, no es una opinión sin fundamento: "No se trata de que yo te diga que la mayoría de usuarios no profesionales no ganan dinero y luego un hotel te diga que sí, que se forran; te invito a que te metas en Airbnb y veas cuántos pisos tiene cada usuario: la mayoría tiene sólo su propio piso y no siempre lo tiene en alquiler. Quien te diga que la mayoría de la gente gana dinero en Airbnb te está mintiendo", asegura.

En cuanto a los usuarios que estén ganándose la vida en negro, Airbnb asegura a Teknautas que estas prácticas son excepcionales, pero que, en cualquier caso, no puede culparse a la plataforma: "La responsabilidad de declarar los ingresos es de los anfitriones, y así lo han reconocido al registrarse como tales. Airbnb les informa sobre sus obligaciones, les da detalles de todos sus movimientos y les recuerda su obligaciones de manera periódica. Por ejemplo, cuando llega la campaña del pago del IRPF, todos reciben un correo que les recuerda esa obligación junto con un desglose de sus ingresos en el último año", afirman.

Foto: EFE/Marta Pérez. © Proporcionado por El Confidencial Foto: EFE/Marta Pérez.

Más del 50% de anunciantes tiene varios pisos

Hemos querido hacer una ligera aproximación a los datos para intentar entender cuánto de cierto o no hay en las palabras de Vanessa. Para ello hemos recurrido a insideairbnb, una plataforma que rastrea y registra todos los datos posibles sobre los alojamientos y usuarios disponibles en Airbnb. En España, insideairbnb tiene analizadas tres ciudades: Madrid, Barcelona y Mallorca.

De entrada, la teoría de Vanessa de un solo piso por persona parece difícil de comprobar con exactitud, al menos si nos referimos a personas no profesionales. Y es que, en su portal, Airbnb permite darse de alta tanto a usuarios aislados ('home sharing') como a profesionales del alquiler vacacional (que mantienen todo en regla). De manera genérica, insideairbnb muestra que, según los datos, el 52,8% de los usuarios/anunciantes de Madrid (3.931 personas), el 53,7% de los de Barcelona (7.976 personas) y el 66,9% de los de Mallorca (7.543 personas) tienen anunciada más de una vivienda en el portal.

La propia insideairbnb ofrece la pista clave: "Es probable que los usuarios con varios anuncios formen parte de un negocio [la cosa está clara cuando vemos un usuario con nombre de empresa, en vez de nombre y apellidos personales] o estén incumpliendo las leyes de alquiler de corto plazo".

De hecho, algunos propietarios de estas ciudades dejan a la altura del betún la lista de pisos de Vanessa: en Madrid, 'Raquel' tiene 124 viviendas, 'Apartamentos Temporales' 81 y 'Mad4Rent' 42; en Barcelona, 'Óscar y Diego' tienen 68, 'Lina y Marina' 50 y Greg 47; en Mallorca, 'Bettina' rompe todos los records habidos y por haber con 532 viviendas. Parece evidente que varios de estos propietarios se presentan como claros negocios, pero otros no. Sea como fuere, en ninguno de los dos casos podemos saber si declaran el alquiler de esas viviendas.

¿Qué dice la ley?

A la hora de abordar la ley nos encontramos con que este sector depende de la legislación que cada comunidad autónoma imponga, con lo que no hay 'una ley', sino varias. A nivel europeo, un reciente informe de la UE asegura que "los prestadores de servicios de la economía colaborativa [los profesionales] deben pagar impuestos", pero no dice nada de los usuarios aislados que simplemente compartan su casa. 

En Barcelona este aspecto está regulado por la Ley de Turismo de Cataluña, aunque la Generalitat lleva desde 2014 intentando, entre otras cosas, que los usuarios no profesionales (es decir, los ciudadanos aislados) no puedan alquilar un apartamento entero. De hecho, las pretensiones del Govern catalán pasan por el hecho de que, si un usuario quiere tener inquilinos en su casa, sea en el propio domicilio del propietario, donde él también pernoctará, y pudiendo alquilar no más de dos habitaciones durante un máximo de cuatro meses al año.

En Madrid, por otra parte, el asunto ha tenido cambios recientes, ya que hace poco, y tras el recurso de la CNMCel TSJM ha anulado el decreto con el que la Comunidad de Madrid había regulado hasta ahora el alquiler vacacional.

Dicho decreto no establecía un máximo de viviendas alquilables por un usuario no profesional... porque ni siquiera permitía el 'home sharing' por parte de los mismos. Sin embargo, a día de hoy ese decreto (que no estaba siendo aplicado con demasiado éxito) ya no cuenta con el visto bueno del TSJM, aunque tampoco se ha dejado claro si los usuarios no profesionales tienen un límite de viviendas que pueden compartir con turistas.

Al final se trata de una lucha que implica a hoteleros, propietarios, inquilinos, administración pública... demasiados contendientes como para pretender que la batalla sea fácil y, sobre todo, rápida.

Foto: EFE/Marta Pérez. © EFE Foto: EFE/Marta Pérez.

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de El Confidencial

image beaconimage beaconimage beacon