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Asimov, el 'buen doctor' que inventó la robótica mientras cantaba operetas

El Confidencial El Confidencial 07/04/2016

(DevArtEnthusiast) © Proporcionado por El Confidencial (DevArtEnthusiast) Cuenta el bioquímico, divulgador y escritor de ciencia ficción Isaac Asimov en sus memorias que, durante una de sus charlas, explicó que el Sol moriría dentro de 5.000 millones de años. Una señora del público se levantó para preguntar:

—Perdone, ¿ha dicho 5.000 o 5.000 millones de años?

—He dicho 5.000 millones de años —contestó el escritor.

—Ah, vale. Me había asustado.

La anécdota sirve para reflejar la cualidad más valiosa de este gigante de la ciencia ficción fallecido el 6 de abril de 1992: "Intentaba escribir con un vocabulario muy reducido de 3.000 palabras para que lo entendiera un granjero de Kansas", explica a Teknautas el también investigador, divulgador y escritor de ciencia ficción Miquel Barceló. También para señoras que pensaran que 5.000 años es un margen de tiempo merecedor de nuestra preocupación. 

Asimov era un contador de historias que no se preocupaba por fabricar literatura de alto nivel —aunque según Barceló era capaz de ello—. Por eso encontrar metáforas y otras figuras literarias en su obra no es tarea fácil. Su prodigiosa capacidad para explicar temas complejos al gran público lo convirtieron en un profesor de gran éxito en la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston, con muy buena prensa entre los estudiantes gracias a sus amenas clases. Por desgracia para sus alumnos, no dio clase mucho tiempo.

"El 'publica o muere', que ahora es una psicosis aquí, era entonces muy americano", comenta Barceló. Asimov, profesor fuera de serie pero sin publicaciones científicas, recibió muchas presiones por parte de su director de Departamento, Charles Keefer, cuyo nombre, ironías del destino, no recuerda nadie. Al final las rencillas internas hicieron que Asimov abandonara su trabajo para centrarse en la escritura y la divulgación.

Despreciado por no 'servir' para la investigación, años después podemos afirmar que Asimov ha enseñado mucha más ciencia que la mayoría de académicos, Charles Keefer incluido. El 'buen doctor', como es conocido en el mundo de la ciencia ficción, forma parte de un selecto grupo cuya trinidad principal la forman él mismo, Carl Sagan y Gregory Benford. Estos tres autores supieron jugar ese triple papel de divulgador, científico y escritor de ciencia ficción que hoy Barceló también intenta representar.

El buen doctor fue estas tres cosas, pero también miembro y vicepresidente de Mensa, así como presidente de la Asociación Humanística de EEUU. Su defensa de la ciencia y la tecnología como parte intrínseca de las humanidades nos recuerda, como bromea Barceló, "que la física no la han inventado las hormigas".

Cantante de opereta y agorafóbico

© Externa Una de las facetas menos conocidas de Asimov es su afición a la música. Según Barceló, era un gran amante de la música y se reunía con sus amigos una vez al mes para cantar Gilbert y Sullivan, autores de opereta muy populares durante la época victoriana. "Dicen que cantaba bien, vete a saber".

Estas actuaciones eran una de las pocas actividades que conseguían que el escritor saliera de casa, pues no le gustaba viajar. Barceló comenta que algunos autores han deducido a partir de las obras de Asimov que este padecía de agorafobia. Por ese motivo le costaba tanto viajar: "Vivía muy bien en su casa estaba ahí veinticuatro horas al día".

En 1989 Asimov publicó una de sus últimas novelas, 'Némesis', en la que acuñó el término 'robótica', una idea que por aquel entonces era sólo ciencia ficción. En este libro, el mejor físico del mundo descubre una nueva teoría científica capaz de cambiarlo todo. En una escena, un empleado de mantenimiento le dice a un colega que ese campo revolucionario debería llamarse 'plexoneurónica'. "¿Por qué te metes en esto", pregunta el trabajador. "Puede que yo no haya aportado nada a la ciencia, pero al menos habré dado nombre a una de sus ramas futuras", responde su compañero.

El escritor era ya consciente de que su final estaba cerca, debido a una transfusión infectada con VIH. Barceló considera que, como el empleado de mantenimiento de su libro, Asimov se reivindica a sí mismo con el término robótica. A diferencia de Keefer nunca publicó nada, pero dio nombre a un campo de la ciencia destinado a cambiar el futuro de la Humanidad.

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