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Astarloa y Valverde, aquel sorprendente (¿irrepetible?) doblete

Logotipo de El Mundo El Mundo 25/09/2017 PABLO DE LA CALLE

Ahora que España ha firmado una participación irrelevante en el Mundial de ruta de Bergen, me acuerdo de aquella apoteósico campeonato en Hamilton (Canadá), donde Igor Astarloa y Alejandro Valverde lograron un doblete sorprendente (¿irrepetible?) para el ciclismo español. Parece que ha pasado un siglo, pero sólo han transcurrido 14 años.

Tarde luminosa en el lago Ontario, noche cerrada en España. 12 de octubre, festividad de la Hispanidad. A medio centenar de millas de las Cataratas del Niágara, Astarloa (venía de brillar en la Flecha Valona) se salta el protocolo establecido por el seleccionador Francisco Antequera. En la última vuelta del circuito, el vasco abandona el frente pretoriano de Óscar Freire para neutralizar al fugado Van Petegem. Al vasco le acompañan Bettini, Boogerd, Camenzind y Hamburger. Freire asiste, incrédulo, a una imprevista ruptura del guion. Astarloa, jornalero en Italia, se olvida de galones y colabora con los aventureros. En la última rampa acelera, se queda sólo y afronta el descenso hasta la meta.

La osadía del corredor de Ermua desconcierta a sus socios de escapada. Sus dudas son aprovechadas por el pipiolo Valverde (23 años, tercero en la Vuelta), que ya epataba por esa extraña facilidad para sprintar en rampa. El chaval se mete en el grupito de Bettini. Por delante, Astarloa cabalga con potencia y se presenta en la meta con margen suficiente para santiguarse con ambas manos. Oro y maillot arco iris. Por detrás, el descarado Valverde humilla en a los consagrados clasicómanos. El murciano celebra el segundo puesto con el puño en alto. Alucinante debut internacional.

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Doblete español, repetición del aquel de Olano e Indurain en Duitama, y monumental batacazo para Italia (Bettini, cuarto). Cumplida revancha del Mundial anterior, en Zolder, donde los italianos derribaron a Freire a un suspiro de la llegada. Ay, esos codos de Cipollini.

Una victoria con celebración discreta. Maldito parné. Astarloa, tras la ceremonia del podio, afirma que Bettini, cuando ambos iban fugados, le propuso amañar el título a su favor a cambio de dinero. Monumental escándalo, poco después el español matiza que había malentendido al Grillo. Temor al estigma del chivato.

Los periodistas, tras redactar sus crónicas, y llegar al hotel de la selección española, se sorprenden con un ambiente tenso, sin algarabía por el increíble doble triunfo. Los corredores anuncian que desean dar una rueda de prensa para mostrar su enfado con los responsables del Consejo Superior de Deportes (CSD). Morir de éxito. Explican que cada uno de ellos debe recibir doble prima por la consecución de ambas medallas (9.600 euros por el oro y 7.200 por la plata), pero el CSD se opone. Triki Beltrán y sus compañeros insisten en sus reclamaciones y piden que la prensa sirva de altavoz a sus reclamaciones. La cena en el hotel, con periodistas, corredores y federativos, está cargada de un ambiente tenso. El Mundial de la discordia. De regreso a Madrid, tras aterrizar en Barajas, los corredores reciben la noticia de que el CSD, entonces presidido por Gómez Angulo, ha decidido otorgar la doble prima. Un Mundial preñado de historias, sin parangón con el estéril campeonato de los españoles rubricado ayer en Bergen.

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