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Ataques acústicos, un nuevo episodio de Guerra Fría

Logotipo de El Mundo El Mundo 30/09/2017 GINA MONTANER

Todo comenzó en 2016, cuando la política de acercamiento entre el gobierno de

Barack Obama

y el régimen de

Raúl Castro

estaba en plena luna de miel. No obstante, los diplomáticos estadounidenses destacados en la Habana empezaron a ser víctimas de unos

misteriosos ataques acústicos

que con el tiempo les produjeron graves secuelas como pérdida auditiva y problemas neurológicos.

Ahora, con más de una veintena de funcionarios afectados, entre los cuales se encuentran al menos dos diplomáticos canadienses -no olvidemos que su país también fue protagonista de las conversaciones secretas para escenificar un deshielo más ficticio que real- la administración Trump ha anunciado que la mayoría de su personal en la embajada en La Habana debe abandonar Cuba; las tramitaciones de visados para cubanos se suspenden indefinidamente; y el Departamento de Estado le advierte a sus ciudadanos que no deben viajar a la isla, pues en los hoteles podrían sufrir unos supuestos ataques acústicos cuyo origen sigue siendo un enigma digno de la trama de El Código Da Vinci.

En realidad este anuncio se veía venir en medio de rumores que se dispararon a medida que se daban a conocer más detalles acerca de los extraños episodios que los diplomáticos y sus familias vivieron en sus residencias y hasta en estancias del conocido Hotel Capri. Por mucho que la cancillería cubana insiste en que nunca serían capaces de cometer actos de esta naturaleza contra diplomáticos extranjeros, Washington le ha recordado que su deber como país anfitrión es asegurar el bienestar de las delegaciones foráneas.

Precisamente la reunión que el pasado martes sostuvieron el Secretario de Estado Rex Tillerson y el Ministro de Relaciones Exteriores cubano Bruno Rodríguez (encuentro que se hizo a petición de Cuba), se centró en esta intriga que ni John Le Carre habría elaborado en sus mejores tiempos. Una verdadera confabulación de la Guerra Fría que no ha cesado entre Washington y La Habana desde que los Castro tomaron el poder en 1959.

Resulta que en medio de las negociaciones para enterrar una vieja enemistad y a pesar de la buena (e ingenua) voluntad de Obama de avanzar hacia la "normalizacion" con la inmovilista dictadura castrista, sus diplomáticos y familiares fueron objeto de algún tipo de agresión que podría haberles costado la vida y sin duda ha hecho mella en su salud.

Como toda buena novela de espionaje, no se ha descartado que alguna otra potencia -Rusia, China, Corea del Norte o Irán- haya sido la responsable de estos ataques. También hay quienes barajan la hipótesis de que fuerzas disidentes dentro de la Seguridad del Estado de Cuba podrían haber tenido interés en conocer los entresijos de un acercamiento entre Obama y Raúl que se manejó con gran secretismo y hasta

con la complicidad del Papa

Francisco. Claro está, un misterio siempre es mayor si el Vaticano está involucrado.

Con casi toda seguridad los gobiernos de Cuba y de Estados Unidos conocen mucho más de lo que nos dejan saber a cuentagotas. Pero estas nuevas medidas a quienes verdaderamente les afectan es a los cubanos en la isla que, desprovistos del amparo que les otorgaba la hoy difunta política de "Pies Secos, Pies Mojados", hasta ahora se aferraban a la esperanza de obtener una visa en busca de un futuro mejor en la diáspora. Son muchos los que esperaban acogerse a la reunificación familiar (también ha sido suspendida) para reencontrarse con sus seres queridos. Es otro golpe más a un pueblo empobrecido y maniatado bajo el férreo control de una dinastía familiar.

© Proporcionado por elmundo.es

Nunca la Cuba castrista ha garantizado la seguridad de nadie y siempre ha sido capaz de cometer los mayores atropellos. Bienaventurados los diplomáticos extranjeros que pueden abandonar un sitio tan hostil. Pobres de los cubanos que hoy están más indefensos que nunca. El castrismo ha sido un gran ataque desde el principio. Ha acabado con la dignidad y la soberanía del pueblo.

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