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Atrapados en el sofá

La Vanguardia La Vanguardia 09/06/2014 Pere Solà Gimferrer

Es medianoche y llega una última pausa publicitaria. Da igual que la alarma del despertador vaya a sonar al cabo de siete horas: el programa en cuestión todavía no ha terminado y, entre una cosa y otra, tocará irse a dormir de madrugada. Esta es la realidad de los espectadores, que deben elegir entre acabar de ver los programas favoritos o descansar las horas aconsejables. Pero ¿se puede saber por qué todos los contenidos son tan largos y por qué empiezan y terminan tan tarde?

En Estados Unidos las ficciones dramáticas duran entre 40 y 60 minutos dependiendo del canal que las emite, en el Reino Unido ocurre más de lo mismo y Dinamarca, que tanto exporta últimamente gracias a productos como Forbrydelsen y Bron/Broen, suele emitir series de una hora. En cambio en España ficciones como El Príncipe, Sin identidad o Velvet, que tanta aceptación tienen entre el público, pueden llegar a durar 75 minutos. Si tenemos en cuenta que los canales privados están trufados de publicidad, resúmenes previos y anticipos de los siguientes episodios, finalmente pueden llegar a las dos horas de duración.

La razón de ser es muy clara por parte de las privadas. La televisión es un negocio y los contenidos de ficción son los más caros, con un coste mínimo de medio millón de euros por episodio. Por lo tanto, cuanto más largos sean, más cortes de publicidad pueden caber en ellos y resultan más fáciles de amortizar. "En Estados Unidos tienen una tradición de emitir varios contenidos originales cada noche y su modelo puede sostenerlo", afirman desde Mediaset, "pero en España no se podría mantener y las series tampoco tienen el mismo recorrido por el mercado internacional". Pero este es un pez que se muerde la cola: muchas parrillas extranjeras no pueden aguantar formatos tan extensos.

Puede que a estas alturas las productoras ya estén acostumbradas a que les encarguen contenidos de larga duración, pero los guionistas reconocen que el modelo tiene sus defectos. El creador de Isabel y Víctor Ros, Javier Olivares, asume que las ficciones de 70 minutos exigen mucho en cuanto a guión y que su obligación es lograr que funcionen. Esto no quita que "leva a cierta claustrofobia por exceso de plató y, o haces una cuarta o incluso quinta trama, o estás alargando demasiado el chicle". Al fin y al cabo, tienen que rodar prácticamente una película con la mitad del presupuesto. Javier Holgado, responsable de Los misterios de Laura junto a Carlos Vila, también reconoce que a menudo detecta las tramas de relleno cuando ve alguna serie española: "Quitaría veinte minutos a todas las series".

Esta excesiva duración es todavía más severa en el terreno de las comedias. Una serie como Aída jamás duraría más de treinta minutos en Estados Unidos o el Reino Unido mientras que aquí llega a sobrepasar la hora. "El ritmo de una comedia se resiente, baja la calidad y hace que sean productos menos exportables", lamenta el periodista Antoni Capilla, que considera que muy a menudo las comedias se convierten en "simples vodeviles que abusan de gags de segunda".

El otro factor que impide que el espectador levante el culo del sofá hasta tarde son las estrategias de programación. Antes el prime time comenzaba a las diez de la noche y actualmente se ha retrasado media hora, cuando las cadenas tienen estudiado que hay más espectadores delante del televisor. La ministra Ana Mato pidió en abril que se avanzase el horario de los contenidos estrella para contribuir a unos hábitos más saludables. Los canales, sin embargo, alegan que no es su deber cambiar la conducta de la sociedad y que no puede compararse España con según qué países europeos, donde se cena a las seis de la tarde.

Mientras que TV3 se sale de la norma y emite productos de éxito como Polònia y Crackòvia antes de las diez y produce series más cortas, la televisión pública española tampoco acaba de predicar con el ejemplo. El concurso culinario MasterChef sigue comenzando a las 22.30 h y termina a las 0.30 h. Pero en las privadas hay casos incluso más llamativos: un programa que tan bien funciona entre el público infantil como La voz dura hasta la madrugada y la penúltima gala de Supervivientes se despidió que ya eran más de las dos, dejando para el día siguiente la proclamación de Abraham García como ganador de la edición.

Como por la mañana los resultados de audiencia son satisfactorios y apoyan su teoría, desde los despachos se asume que tienen la duración idónea y no se avecinan cambios. Los series seguirán estrenando los episodios cerca de las once, rebasarán la hora de duración y las galas se eternizarán hasta las tantas. El objetivo primordial es atrapar al espectador y que consuma el mayor número de anuncios antes de irse a la cama. ¿Y qué pasa con la calidad de los productos y el descanso? Pues que la pela es la pela.

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