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Barcelona - Las Palmas, un partido cargado de simbolismos

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 01/10/2017 Nadia Tronchoni
Messi, en un Camp Nou volcado con el referéndum el día del partido contra el Eibar. © ALBERT GEA Messi, en un Camp Nou volcado con el referéndum el día del partido contra el Eibar.

Hay turistas, como cada día, que pasean, que visitan la tienda, el museo, que se toman una cerveza. Hay un par de mossos. Tienen una charla con dos miembros de la empresa de seguridad privada del FC Barcelona. “No, no estamos aquí por el día que es. Estamos siempre. Este es un punto turístico”, conceden. Todo parece tranquilo. “Sí, está todo muy tranquilo”, certifica uno de ellos. Por detrás del Palau se entrena un equipo de juveniles de balonmano del Barça. Una calma chicha se apodera de los alrededores del Camp Nou en la víspera del 1-O, cuando a la jornada histórica, pase lo que pase dentro o entorno a los colegios electorales, se sumará un encuentro de Liga que no tiene de extraordinario más que el día en sí.

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A nadie le sorprenderá si, como viene ocurriendo desde el atentado en las Ramblas, el dispositivo de seguridad en los alrededores es férreo. Hace semanas que se registra cada mochila y que se hacen controles aleatorios a los vehículos. Los Mossos se encargan y para ellos será una jornada más de partido en un país en nivel 4 de alerta terrorista. Como en los partidos más recientes, especialmente contra el Juventus y el Eibar, el estadio se poblará previsiblemente de una buena cantidad de senyeres y estelades, la bandera soberanista que ha ganado terreno en los últimos tiempos, especialmente desde que la UEFA sancionara al club azulgrana por su exhibición en la final de la Champions del 2015 en Berlín. Además, los gritos a favor de la independencia volvieron a oírse en el estadio hace cinco años y desde entonces tienen tomado el minuto 17 (el 17 y 14 segundos, en recuerdo del año 1714 y la Guerra de Sucesión), por lo que nadie duda que se oirán quizá todavía con más fuerza.

Pese al posicionamiento del club, que se adhirió al Pacto Nacional por el Referéndum (y sin embargo evitó avivar la polémica haciendo una petición especial a la Liga para poder jugar hoy con la camiseta de la senyera, de modo que vestirá de azulgrana), no responden los aficionados a más consigna que a su propio deseo de manifestarse y no replica habitualmente el resto de espectadores –quizá este domingo haya muchos más locales, al tratarse del día que es, que no cedan su pase con el seient lliure-, pues no toda la grada tiene la misma implicación política que personajes significados como Piqué, que enarboló el votarem. Ese cántico que pasó de la calle al estadio con facilidad en los últimos encuentros y que según derive la jornada puede transformarse en cualquier otro reclamo. Al fin y al cabo, los 90.000 seguidores que podrían congregarse este domingo en el Camp Nou no serán más que un reflejo de la sociedad catalana. “Creo que mañana, en lo que es el campo, la gente intentará venir a disfrutar de su equipo. No espero nada que no hayamos visto en ocasiones anteriores”, apuntó con total normalidad el entrenador del equipo, Ernesto Valverde. “Será un partido como otro cualquiera en un día especial”, concede el club.

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El rival es el de algunas de las ocasiones más representativas para la historia de una Cataluña que hoy vive otro día histórico: Las Palmas. El equipo que jugó contra el Barça en el primer partido que se narró en catalán después de la dictadura. Sonaba la voz de Joaquim Maria Puyal, como sigue haciéndolo ahora. Era el 6 de septiembre de 1976. Las Palmas fue el equipo, también, que asistió a la primera visita al Camp Nou del presidente Josep Tarradellas el 30 de octubre de 1977, pocos días después de haber vuelto del exilio. Tenía 78 años.

Esta tarde, a las 16.15, Las Palmas volverá a asistir a un partido muy político. Un encuentro que arrancará con un minuto de silencio cargado de simbolismos. El Camp Nou rendirá homenaje a Jacint Borràs, impulsor de la cantera azulgrana, defensor del Barça Atlètic, jefe comercial de la textil Bertrand i Serra y también fundador de Convergència, refundador con el PDCat y padre de Meritxell Borràs, consellera de Governació. Falleció hace dos semanas. No se pudo guardar el minuto de silencio en el partido de Champions ante la Juve (no está permitido), y no se hizo contra el Eibar. Se hará ahora, cuando cobra más sentido que nunca su pasado soberanista. En diciembre de 1975, poco después de la muerte de Franco y en un Barça-Madrid, fueron él y su familia los responsables de que ondearan en el estadio por primera vez las banderas catalanas. Confeccionaron un millar de senyeres y las guardaron hasta el día del partido. Todavía no estaban permitidas.

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