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Barcelona se ahorra 19,3 millones en cinco obras públicas

La Vanguardia La Vanguardia 22/05/2014 Jaume V. Aroca

Pasados ya seis años del inicio de la crisis y algunos menos desde que los ciudadanos descubrieron que la obra pública se había convertido en un carísimo pozo sin fondo que había arruinado a su Ayuntamiento, ahora resulta que hacer nuevas calles, construir puentes o derribarlos se ha convertido en algo parecido a una bicoca para los municipios que tienen dinero para pagarlas.

Un ejemplo práctico: en la demolición del tambor de Glòries, una de las obras más complejas que ha iniciado el Ayuntamiento de Barcelona en este mandato, la ciudad lleva ahorrados ya 7,8 millones de euros respecto al presupuesto que inicialmente había previsto gastar. Y no es un caso excepcional, es la norma. Cada vez que una obra se lleva a licitación pública en el Ayuntamiento de Barcelona, las constructoras presentan presupuestos sensiblemente por debajo del precio que ha estimado inicialmente la administración. El límite está en torno al 30%, y por norma general las bajas se sitúan en un 22%, aunque en el caso de las grandes obras se sitúan en el 26%.

Por ejemplo, las obras de la reforma de la avenida Diagonal se licitaron por 17,3 millones y se han adjudicado finalmente por 12,2 millones de euros. La urbanización del Paral·lel se llevó a licitación por 9,4 millones de euros pero finalmente se adjudicó por 6,9 millones de euros. Y así sucesivamente.

La competencia es feroz. "Podemos llegar a recibir, de media, veinte ofertas por una misma obra, es una cifra que años atrás era inusual", explica una fuente del Ayuntamiento de Barcelona. Si bien el precio no es un elemento determinante por sí solo, las constructoras saben que es un elemento importante y lo ajustan todo lo que pueden. ¿Qué ocurre? Que la licitación de obra pública es ahora una rara avis.

Cifras en bruto: según los datos de Seopan, el observatorio de la asociación de empresas constructoras de España, en el 2007 el conjunto de las administraciones públicas licitaron obras por valor de 40.354 millones. Era el año en que la crisis arrancó en Estados Unidos pero en España aún estaba por llegar, y la administración seguía agotando los réditos de la era de la exuberancia.

En el año 2013, el último año completo disponible, la licitación de obras públicas del conjunto de las administraciones en España se cerró a mes de diciembre en los 9.173 millones de euros, es decir, menos de una cuarta parte de lo que se había llevado a adjudicación seis años atrás.

En el área metropolitana de Barcelona las bajas sobre los precios de licitación de las obras oscila entre el 20 y el 25 por ciento del precio de salida.

Hoy por hoy, los ayuntamientos, en particular en Catalunya, son los principales compradores de obra pública del país. De nuevo con los datos de Seopan para el 2013 resulta que, a lo largo de los doce meses del año pasado, los ayuntamientos licitaron en Catalunya por 728 millones de euros; la Administración central, por valor de 421 millones, y en último lugar quedó la Generalitat, que adjudicó obras por 181 millones. (en marzo del 2014, el último dato disponible, era la Administración central la que encabezaba el ranking en Catalunya).

La solvencia de los grandes ayuntamientos es clave. Sin ánimo de regresar al viejo pecado de las comparaciones entre Madrid y Barcelona, en el 2013 en el conjunto de aquella comunidad la administración local registró la cuantía más baja de licitación respecto a la Administración central y la autonómica. En total, 113 millones para un volumen global de licitación de 892 millones de euros. ¿Razón? El Ayuntamiento de Madrid cerró el 2013 con la pesada carga de 7.003 millones de euros de deuda a sus espaldas, una cifra maldita que no logra reducir pese a los amargos planes de austeridad en curso. Su capacidad inversora es escasa.

La segunda teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona, Sònia Recasens, considera que estas cifras ponen en evidencia la importancia que tiene ahora para el país "la solvencia de los ayuntamientos, y en particular Barcelona. Estamos generando riqueza con estas obras. Cuando nosotros decimos que Barcelona es un motor económico no lo decimos en broma. Hoy hay empresas que prefieren trabajar con los ayuntamientos porque pagamos puntualmente."

Si arreglar calles, tirar puentes o construir edificios públicos es una ventaja competitiva, los ayuntamientos catalanes que llegaron a la crisis con unas cuentas más o menos saneadas están de suerte porque, en definitiva, ahora las obras salen más baratas para aquellos que tienen dinero para hacerlas. Quienes no disponen de esos recursos económicos tendrán que esperar a que la crisis del sector público amaine, pero cabe pensar que para entonces la competencia ya no tirará a la baja los precios, al menos no como ahora.

Más baratas, más rápidas y mejor hechas. De hecho, tal vez ya se hayan dado cuenta, el martillo neumático, aquellos taladros enormes y ruidosos que sacudían un barrio entero cuando se hacía una zanja han dejado de escucharse, al menos ya no son tan habituales como años atrás. También las obras se han sofisticado pese al low cost. El tambor de Glòries se ha derribado utilizando sistemas de corte que convierten el hormigón en queso. Menos polvo, menos contaminación acústica... Las zanjas en la Diagonal se cortan con radiales desbancando a los martillos neumáticos.

Un responsable de contratación de los ayuntamientos que prefiere mantener el anonimato considera que la crisis ha hecho una criba natural de las empresas. "Hoy están trabajando los más competentes, los que estaban más preparados y que conocían mejor su oficio". La utilización de técnicas aparentemente más sofisticadas forma parte de esta misma criba. "Ahora la calidad del trabajo es excelente. "Pero -añade- tiene mucho que ver con el adelgazamiento del sector. Han sobrevivido los mejores y necesitan trabajar".

"En ocasiones te llevas la impresión de que hace años nos tomaban el pelo", admite un alcalde del área metropolitana de Barcelona en una conversación informal. "Encargas una obra, se hace bien y se hace rápido". Este mismo edil razona que, además, las circunstancias ayudan a que las obras sean también más pacíficas,la reducción del tráfico en las ciudades -en el área metropolitana la movilidad privada se ha reducido entre el 10% y el 15%- ha hecho que las obras también resulten menos conflictivas para la vida diaria. En el 2007, una obra como la de la plaza de las Glòries habría convertido los accesos a Barcelona en plena hora punta en un infierno.

Lo único que lamenta este alcalde socialista es que la rebaja del coste de las obras es también la contrapartida amable de otra realidad mucho más difícil de gestionar: el alto índice de paro que registra el sector de la construcción y la reducción del poder adquisitivo de los trabajadores del ramo que viven en su municipio. "A veces dan ganas de que suban el precio de las obras".

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