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Bergen, bajo el sol de medianoche

Cinco Días Cinco Días 05/06/2014 Inma Moscardó

Si llega a Bergen en barco, por ejemplo, en la famosa ruta de Hurtigruten, un servicio regular de navíos que une de norte a sur los dos extremos de Noruega, es muy posible que al atracar piense que la biodramina le ha jugado una mala pasada y que el mareo por el oleaje aún le dura.

El perfil que dibujan las casitas de madera y de múltiples colores que salpican el muelle hanseático de Bryggen está totalmente torcido, como a punto de desplomarse cual castillo de naipes.

Lo más probable es que llegue en avión y que el paisaje que descubrirá durante la maniobra de aproximación al aeropuerto, sobrevolando los fiordos una joya de la naturaleza, le baje de las nubes con la boca abierta.

Una vez en tierra, y si viaja en verano, le parecerá que los días tienen más de 24 horas y que nunca se pone el sol. Es el sol de medianoche, un fenómeno natural que se da entre el 1 de junio y el 31 de agosto. Durante esos días, la noche desaparece como por arte de magia.

Si se sienta a observar el ambiente que le rodea desde cualquiera de las terrazas del muelle mientras apura una pinta de cerveza (15 euros, propina incluida), intuirá que Noruega es un país caro, donde todo parece ordenado, limpio y en su sitio y su gente se muestra amable, simpática y feliz. Si advierten que es español o italiano, enseguida le comentarán orgullosos y con gesto de complicidad que los noruegos son los mediterráneos del norte.

Bergen, como Roma, está rodeada por siete montañas e igual que la capital italiana, aunque con más modestia, respira historia por sus cuatro puntos cardinales; no en vano, es ciudad patrimonio mundial. Se arrepentirá si al planificar su viaje la considera una localidad de paso. Necesitará, al menos, tres días para recorrerla y disfrutarla.

Bergen está considerada como la ciudad más bonita de Noruega. Es también la puerta de entrada a los fiordos, caprichosas formaciones de la naturaleza, entre el mar y la tierra, que surgieron al desaparecer los glaciares.

Lo más normal es que inicie su estancia recorriendo el Fisketorget, el tradicional mercado de pescados, con sus mesas a pie de calle para saborear los pescados y mariscos locales. Descubrirá que el salmón aquí se degusta de una y mil formas. Cocina tradicional, fusión y de vanguardia para deleite de los amantes de las rutas gastronómicas. No se vaya sin pasar por el restaurante 1877, ni el Cornelius, enclavado sobre un fiordo.

Las aguas frías y cristalinas de los fiordos son ideales para la piscicultura, especialmente del salmón y la trucha, y han convertido a Noruega en el segundo mayor exportador del mundo de pescado y marisco después de China. Algunas de sus empresas, como Marina Harvest, son líderes mundiales en la industria del salmón. En Bergen descubrirá también las infinitas formas de trocear este pescado: filetes, rodajas, lomos, láminas para sashimi o menudeo para tartar.

Visite la casa museo del músico Edvar Grieg y descubra el idílico Gamle Bergen, un viaje al pasado a un pueblo de hace más de 200 años; utilice el funicular Floibanen, en pleno centro de la ciudad y a solo 150 metros del mercado de pescados, o el Ulriksbanen hasta la cima y disfrute de las magníficas vistas de la ciudad.

Arriba se puede elegir entre 15 diferentes paseos y caminatas para adentrarse en alguno de los senderos que le invitan a recorrer las montañas.

Y por supuesto, no deje de hacer un crucero por los fiordos, que le acercará a impresionantes laderas rocosas y cascadas a lo largo de sus 26.592 kilómetros de costa.

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