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Beyoncé

Notodo Notodo 29/04/2016 Alan Queipo
Imagen principal del artículo "Beyoncé" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Beyoncé"

Texto: Alan Queipo
Es nuestra cornuda favorita
Beyoncé ha decidido hacerse un #PoliDeluxe en un Sálvame imaginario; pero, sobre todo, ha decidido catalizar todas sus frustraciones emocionales y sentimentales para seguir manteniendo esa curiosa empresa mutante que forma junto a su odiado maridito, el rapero Jay-Z. No sólo la cantante ha decidido airear infiernos personales, sino que ha encendido la maquinaria de las apuestas: ¿Quién es esa tercera en discordia? ¿La diseñadora Rachel Roy, las cantantes Rita Ora o Rihanna? ¿Habla sólo de una o de un elemento constante y efímero?

La respuesta no es explícita, quizás podéis meteros en Bwin y apostar en vez de por quién va a ganar la Champions League, por quién se lleva ventilando desde hace tiempo Jay-Z. Si, como canta en Freedom, "la mejor venganza es la pasta", quizás haya que preguntarse: ¿y si todo es mentira y es un nuevo movimiento empresarial de la pareja?

 

🍋🔫 #Lemonade

Una foto publicada por Ligia Abdalah (@akabecki) el 24 de Abr de 2016 a la(s) 11:29 PDT



Todo por la empresa
¿Es Lemonade un ejercicio de reflexión, de terapia explosiva, un álbum que rompe géneros musicales, un ejercicio kamikaze para la industria o un nuevo paso hacia una empresa que va mutando en diferentes direcciones? Probablemente todo eso. Desde el punto de vista empresarial, el primer paso, que dio hace unos años con su sorpresivo álbum homónimo que llegó antes de Navidad, se formaliza a lo grande con un disco que aparece en mitad de la promoción de otra gira y en la que la relación entre ella y su aún pareja, otro de los grandes tótems de la música urbana mundial, se pone en tela de juicio, haciendo de su empresa conjunta, y por tanto de su obra, una extensión de su relación personal.

Un nuevo mundo de billetes, sensacionalismo, cuestionamientos y reality-show-sin-emisión en Periscope se abre ante los ojos del mundo.



Es un disco formalmente anticomercial
Es curioso que el que probablemente sea uno de los discos que más recaude en todo el año sea anticomercial. No sólo por la anticampaña que tanto le gusta, en la que no sólo no anuncia ni amenaza que va a sacar disco, sino que cuando lo saca, sale sólo en formato digital y sólo se puede escuchar en streaming a través de Tidal, el Spotify de los famosos que no quieren compartir su dinero con nadie.

En el caso de Lemonade la historia va más allá: no hay ni un solo hit. Es una (¡bendita!) falta de respeto a la radio-fórmula. Y lo hace una de las divas que, precisamente, más ha sonado en radios comerciales de todo el mundo en las últimas dos décadas. Su órdago a grande le sale bestial: toca palos que hasta ahora nunca había explorado, se confiesa en un artefacto audiovisual con y sin imágenes (versión película / versión disco), repleto de gestos al neo-r&b, inmolándose en uno de los ejercicios más rupturistas de los últimos tiempos, colaborando con nombres centrales de la música alternativa como James Blake, Ezra Koenig, Jack White, Kevin Garrett a la vez que no se olvida en los créditos de agradecer a Animal Collective, Diplo, Yeah Yeah Yeahs o Father John Misty. ¿Cambiará las entrevistas con Oprah, los especiales en la SuperBowl o Saturday Night Live por sesiones en directo en radios como KEXP y entrevistas para Pitchfork y SPIN?



Es un nuevo negro
No podemos decir que se acabó el r&b y el soul racial en la música de la Knowles; pero el paso adelante que da es hacia un género indeterminado. Es curioso cómo hay momentos en los que parece estar inventando nuevas vías para el reggae y el dub (Hold Up o All Night) o para el neo-r&b más espacial, cinematográfico y futurista (Love Drought y 6 Inch, ésta junto a The Weeknd); cuando parece parodiar a Justin Bieber con un anómalo hit de neo-trap (Sorry) o cuando funde a un falso Future con la suciedad negroide de las Destiny’s Child en una suerte de reversión del MMM de Diddy (Formation); cuando se confunde con Lana Del Rey (Pray You Catch Me); cuando es tan negra de la Motown como del blues-garagero (Don’t Hurt Yourself, en la que se acompaña de Jack White); cuando toca palos cuasi folk (Daddy Lessons); cuando se ubica entre Billie Holliday y Kendrick Lamar (con quien canta el gran single del disco, Freedom); o cuando funde a otro ilustre colaborador como James Blake con la física vocal de Mariah Carey (en esas ¿dos? canciones al hilo, Sandcastles y Forward). La reina se rompe por dentro pero no se raja ni una pestaña.

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